Elecciones, Faisán, opinión publicada e izquierda

Aitor

España se acerca irremisiblemente a un adelanto electoral. Tras la salida de Rubalcaba del Ejecutivo, el presidente del Gobierno tiene pocas posibilidades de agotar la legislatura tal y cómo el querría. José Luis Rodríguez Zapatero no cuenta ya ni con el apoyo de su partido, volcado ahora en su flamante candidato, y tendrá muy difícil sacar adelante unos presupuestos generales del estado que tampoco pueden ser prorrogados si no quieren que los mercados y bancos internacionales a los que la UE, gracias a una labor impecable en su favor de Merkel y Trichet, ha cedido el mando, penalicen más la economía española.

Y esto es así hoy, 20 de julio. Lo preocupante es que la situación puede ser mucho peor a la vuelta de las vacaciones: como decía el otro día un periodista de El País especializado en economía ¡Los incendios más brutales suelen ser en agosto!”.

Zapatero tiene motivos fundados para desear que su Gobierno concluya el mandato que los españoles le dieron en 2008. Sin embargo la realidad se empecina en llevarle la contraria al presidente. El Parlamento ya no tiene margen para acometer muchas más reformas de calado, patronal y sindicatos han arrojado la toalla de la negociación colectiva y las medidas ya aprobadas no parece que vayan a dar un resultado que permita al jefe del Ejecutivo salvar los muebles en el último minuto.

Y al principal partido de la oposición ya nadie le espera. No descubro nada a nadie si aseguro que el PP hace ya mucho tiempo que ha puesto precio a la estabilidad de España: el poder.

Es por tanto defendible que un adelanto electoral es lo mejor para el país. Lo hizo el pasado día 18 el diario El País por partida doble: con una tribuna de Juan Luis Cebrián y con un editorial. Y es además defendible que lo será para el PSOE, que está al borde del abismo, a las puertas de perder cualquier clase de poder con un mínimo de importancia: tanto los Gobiernos autonómicos de Andalucía (que deberá afrontar elecciones como muy tarde en marzo de 2012) como del País Vasco (previstas para 2013) peligran; y una mayoría absoluta del PP en unas legislativas pondría al borde del precipicio al partido que ha construido en su mayor parte, para bien o para mal, la España que hoy vivimos.

Solo desde esta perspectiva puede uno comprender el uso que el principal partido de la oposición, pero sobre todo determinados medios de comunicación, están haciendo del ‘caso Faisán’. La caída del PSOE es una presa demasiado suculenta y apreciada como para no tratar de cazarla. Un trofeo que muchos querrían para su panteón. Aunque con ello se vapulee a agentes de la Policía Nacional que han luchado contra el terrorismo durante toda su vida. El relato que construye la derecha mediática es veraz. Pero no es real. Y lo saben.

Así que, como suele ser habitual desde la izquierda, o desde la izquierda que gobierna, el problema es la ausencia de una versión. No es que no exista. Simplemente, no se da. Se hurta a la opinión pública. Y esta queda en manos de la opinión publicada, que la historia nos ha demostrado que es capaz de moldearse y adaptarse a las necesidades de sus dueños.

La izquierda en Europa una época de retroceso que puede perfectamente liquidar el estado del bienestar. Una parte de esa izquierda se ha movilizado para exigir otra forma de hacer política. Algunos dicen que están tomando nota. Esperemos que entre esas notas se incluya una referencia para dejar de tratar a los ciudadanos como menores de edad o como seres incapaces de entender los actos de los gobernantes. Porque en este caso, como en otros, estoy seguro de que la sociedad española sabría entender.

P.D.: Versión apócrifa