Elecciones en un doble plano

Senyor_J

“¡Otro artículo sobre las elecciones catalanas, no!”, gritan los lectores. Pues sí, ¿qué os pensabais?

Las elecciones más estupendas de la historia de Cataluña han concluido con el resultado por todos conocido, que puede dejar mejor o peor sabor de boca según lo rápido que se consuma o según las capacidades gustativas de cada uno. A la candidatura Junts x Si les ha sabido bien y están encantados de habérselo comido, si bien la digestión se prevé pesada. El sabor de la victoria en un contexto de participaciones tan altas, con toda Catalunya movilizada (o casi, ahí queda todavía ese millón y pico de abstencionistas) y esos 2 millones de votos que suman las dos opciones más netamente independentistas, saben necesariamente a gloria. No han conseguido ser mayoría en número de votos, eso está claro, porque era una mayoría que no podían alcanzar y que aun podían alcanzar menos montando la gran Diada el 11S y esperando después que eso no tuviera un efecto movilizador posterior a modo de boomerang, con una campaña electoral en medio. Un boomerang que ha ilustrado que frente a la melodía soberanista se alzan otros artistas que están por otras tendencias musicales comprendidas entre el punk rock y los clásicos del blues, pero con especial predilección por Queen. Y que eso da mucho de sí para hablar de dos Cataluñas, de la Cataluña dividida y de todas las paridas habidas y por haber que vienen a cuento cuando la vida gira alrededor de relatos imaginarios (soberanistas ) y cuando conviertes cualquier gesto cotidiano en una acción épica cantada por tus trovadores mediáticos y coreada por tu club de fans.

Fiesta loca también en la sede de Ciudadanos. Unos tíos que han hecho en Cataluña del populismo una forma de vida, han sacado mucho más de lo que hubieran imaginado no hace tanto y pasan la mano por la cara a todos los demás de la Escalera B, que o bien no se han sabido situar en el plebiscito (PSC, Catalunya Si Que Es Pot), o sufren de inadaptación escolar (PP catalán). Los Ciudadanos comieron mucho más de lo que se creían capaces de digerir, se dice que hubo copa, puro y mucho más, pues alguno todavía iba con los ojos desorbitados esta mañana. La verdad es que superar al PSC y minimizar a Podemos tiene su mérito, hay que reconocérselo. Nada como un discurso rocoso y movilización nacionalista en boca de chicos trajeados que parecen nuevos pero que huelen a naftalina para navegar por las procelosas aguas de la Cataluña menos soberanista.

En el PSC tenían preparado un régimen hipocálorico, con perspectivas a un posible adelgazamiento, y la verdad es que en los platos se conformaron con poco, pero llegados a los postres les dio un poco el ataque bulímico: “Ya está bien de sentirse miserable”, dijo Iceta entre bailoteo y bailoteo, y con un paso por aquí y una bandera por allá, aguantó el tipo escuálido que caracteriza al PSC en los tiempos que corre y se erigió contra pronóstico como tercera fuerza. El que tuvo, retuvo y la habilidad verbal y dialéctica, así como el desparpajo maragalliano de Iceta, permitieron asomar la cabeza al PSC y dejarlo en una posición de cierto privilegio entre la Cataluña que flipa y la Cataluña que bosteza. No se fueron de fiesta como Ciudadanos pero menuda sonrisa les ha quedado.

Vamos con el cuarto en discordia, Cataluña Si Que Es Pot, esa combinación de siglas más o menos conocidas ocultas tras un nombre que nadie conocía y que se parecía peligrosamente al de Junts x Si, al menos en su sonoridad y concepto íntimo. Doy fe que aquí de comilona nada, que apenas habían unos míseros bocadillos, alguna cerveza y que mucha gente se fue a la cama sin cenar. Lo que algunos esperaban que fuera un fiesta austera en la que se celebrase el segundo puesto se quedó en un registro de caras amargas, cuando no llorosas, y con muchas personas no sabiendo donde meterse. La verdad es que el escenario era indigerible para una fuerza que empeora sus resultados respecto a los obtenidos por dos de sus socios en los anteriores comicios, que se sitúa en la muy mísera franja del 10% y que encima sus diputados se reparten entre tantas fuerzas políticas, que ninguna queda satisfecha. La confluencia desde las alturas no ha salido bien, ha faltado ese caldo de cultivo generado más desde abajo y un primer espada capaz de dar proyección y significado a las posiciones de Catalunya Si Que Es Pot. Al no conseguirlo, la coalición ha quedado bocadilleada entre los del Sí y los del No, y así no hay manera. ¿Una revancha en las generales? Ya veremos, pero ha de intentarse.

En el Partido Popular tiraron de caja B para montarse un banquete pasara lo que pasara. Si los resultados eran indigestos, ahí estaba Mariano dispuestos a enviarles sabrosas viandas porque no en vano la misión de los de Albiol era generar ruido y movimiento antisoberanista, cosa que más o menos han contribuido a conseguir. Que luego el resultado fuera mejor o peor, pues mira, tampoco importa tanto. No obstante el golpe ha sido fuerte y debería hacer ver que en el PP hay unas vías de aguas que otras fuerzas, en particular Ciudadanos, pueden explotar en el contexto estatal. Sales de frutas para el PP para que no se le atragante demasiado Cataluña, a seguir dando por saco hasta diciembre en España y luego duelo bajo el sol con los pistoleros Iglesias, Rivera y Sánchez. Y a ver como quedan los paladares tras eso.

Llegamos al turno de la CUP, que siendo los últimos parece que hayan ganado: es lo que tiene cuando casi todos sus militantes disponen de importantes extensiones agrícolas ocupadas en plantaciones de maría, lo que por cierto tampoco va mal para grabar videos surrealistas, aunque de innegable encanto electoral… En materia gastronómica, no obstante, lo vivieron un poco a lo pueblerino: se pensaron que devoraban un gran banquete cuando en realidad era una sardinada con unos cuantos porrones de vino distribuidos por las mesas. Eso sí, superpopular, anticapitalista y con citas incluidas: como diría Raimon, “nosaltres no som d’eixe món”. Siesta larga para reposarla y momento de gloria posterior reiterando que ellos no van a hacer presidente a Artur Mas y que lo de la independencia va para largo, que ahora toca Procés Constituent. ¡La guerra por el control de catalanismo soberanista ha comenzado!

Y acabamos por Unió: estos ya no es que les sentara mal la comida, sino que se quedaron sin probar bocado, por lo que se fueron a dormir sin cenar y llorosos. La tentativa de vivir más allá de Convergencia en unos comicios tan polarizados no dio sus frutos, a pesar de que obtuvieron una cantidad de votos suficientes para alcanzar escaño en unas elecciones catalanas en la medida de lo que se estila por aquí. Pero la abstención diferencial saltó por los aires y Unió con ella, a la espera de ver qué asilo encuentran en los espacios que quedan en la estructura de partidos de hoy en día.

Pero todo esto era el primer plano. Lo interesante realmente es el segundo plano. Estas elecciones se han concebido y desarrollado en muy buena medida como una lucha de machos alfa para ver quien se hacía con el control de la tribu, pero la cosa ha quedado en empate en varios niveles, lo que obligará a gestionar acuerdos para seguir comiendo carne de primera y no pasarse la semana a base de platos de patatas. Y esos números que en la noche electoral le visten tanto a algunos y le deslucen tanto a otros no van a tener una traducción directa de dominio en el periodo que ahora se abre: porque el escenario da mucho juego y porque los resultados se asemejan más a una partida de cartas en la que cada cual tendrá la oportunidad de jugar su mano, pero en modo alguno tienen que derivar en un resultado concreto ni previsible de entrada. Superado el último evento de masa, vuelve a ser la hora de la política.