Elecciones en Alemania

Ignacio Urquizu*

El próximo 27 de septiembre se celebran las elecciones en Alemania. Las encuestas apuntan a una victoria de Angela Merkel. No sé a ustedes, pero a mí me gustaría saber por qué la CDU y no el SPD se va a beneficiar de estos cuatro años de gobierno. Y resulta intrigante, entre otras razones, porque los dos partidos han estado en el poder.

Los gobiernos de coalición no son una excepción en las democracias. Entre 1945 y 2006, el 67,45 por ciento de los gobiernos eran coaliciones en las principales veintidós democracias parlamentarias de la OCDE. Pero tampoco son extraños en los sistemas presidenciales. En estos últimos, cuando ningún partido controla la mayoría de la cámara, en el 44,5 por cierto de los casos se han formado gobiernos de coalición –ver Cheibub, Przeworski y Saiegh, Government Coalitions and Legislative Effectiveness Under Presidentialism and Parliamentarism-. Este tipo de gobierno posee bastantes peculiaridades, pero hoy me voy a centrar en una: cómo rinden cuentas.

Desde los clásicos hasta la actualidad, todos los teóricos y analistas han coincidido en algo: no es posible asignar responsabilidades a un gobierno de coalición. Así, uno de los padres de la democracia americana, Alexander Hamilton, escribía entonces: “Una de las mayores objeciones a la pluralidad en el ejecutivo, y que nos conduce a oponernos a ella como primera opción es que tiende a ocultar las faltas y destruir las responsabilidades” (No 70, The Federalist Papers). Similares argumentos reprodujo años más tarde Karl Popper. Para él, los sistemas de representación proporcionales no permitían castigar correctamente a los partidos, de tal forma que las elecciones no eran vistas como “el día del Juicio Final”.

Estudios más recientes han continuado con estas ideas y la escasa evidencia empírica que tenemos apunta en la misma dirección: la suerte electoral de los gobiernos de coalición depende mucho menos de su gestión que otros tipos de gobiernos. Dicho de otra forma, un buen estado de la economía favorecerá mucho más a un ejecutivo de un solo partido que a un gobierno formado por varios partidos. Pero, si es así, de qué depende que un partido gane o pierda votos tras compartir poder con otros. ¿Por qué la CDU y no el SPD se benefician de la gestión de estos años? ¿Serán los alemanes diferentes al resto y, quizás, los británicos habrían votado al SPD?

Casi todos los estudios realizados hasta ahora veían a los gobiernos como “un solo hombre”. No distinguían entre partidos y no analizaban en detalle qué sucedía dentro de la coalición. Le doy algunos datos interesantes que hacen más complejo el puzle. De media, los primeros ministros
(PM) dentro de las coaliciones pierden más votos que sus socios. Pero todas estas pérdidas electorales son notablemente inferiores a las que uno sufriría si fuera un gobierno de un solo partido. Dicho de otra forma, si pueden elegir, formen coaliciones. Su suerte electoral será, seguramente, mejor.

Pero perder votos no es sinónimo de perder el poder. De hecho, la realidad nos suministra algunos datos relevantes. Como les acabo de contar, los partidos que no tienen la suerte de ostentar la cartera del PM pierden menos votos. Su probabilidad de seguir en el poder tras las elecciones es del 59,4 por ciento. En cambio, el 75 por cierto de los partidos de los PM continúan gobernando. Una cifra que también es superior a la de los gobiernos de un solo partido -65,4%-. Así, si les debo aconsejar de nuevo, formen una coalición y sean el PM. Puede que pierdan más votos que sus socios, pero seguirán en el poder.

¿Qué explica todos estos resultados? Existe alguna ventaja por ser el Primer Ministro. Es cierto que es el político más visible de una coalición. Todos sabemos quién es Angela Merkel, pero nos cuesta más recordar el nombre del vicepresidente del SPD. Sin considerar más elementos, uno podría intuir que esto puede explicar por qué los PM se van a beneficiar más de la gestión que sus socios. La evidencia empírica apunta a esa dirección. Si uno analiza cómo los resultados económicos afectan a los resultados económicos de los distintos partidos del gobierno, observará que éstos sólo son significativos estadísticamente al partido del PM. Da igual el tamaño del partido o si ocupa la vicepresidencia, la cartera de economía o es un ministro de asuntos exteriores influyente. Sólo a los partidos de los primeros ministros les beneficia o perjudica el estado de la economía –ver Ignacio Urquizu, The political consequences of coalition governments: multiparty cabinets and accountability, tesis depositada en el Instituto Juan March-.

Esto puede explicar los resultados de las encuestas en Alemania. Estaremos atentos a qué sucede en las elecciones. Pero si los alemanes siguen el mismo patrón que el resto de democracias, Angela Merkel seguirá siendo la Canciller.

* Fundación Alternativas y Universidad Complutense de Madrid