El voto (in)útil

Aitor Riveiro

Siempre me ha costado mucho creer en las encuestas, sobre todo cuando uno se pone a analizarlas a fondo y descubre que la gran mayoría quiere que gane el PSOE y, a la vez, que tras las elecciones gobierne un partido distinto del que actualmente forma gobierno. Un despropósito. Pero a falta de otros instrumentos, dando por bueno el trabajo de tanto estadístico y sociólogo y plenamente convencido de que sí ofrecen cierta veracidad, al menos para conocer tendencias, habrá que tomarlas en consideración.

Y si lo hacemos así, pinta en bastos. No tengo claro que la diferencia que marcan las últimas encuestas (CIS y Público) sea la real, pero lo que sí está claro es la tendencia que vive el electorado. El ejemplo más claro es la comparativa que ofrece el diario Público de sus últimos sondeos: “La diferencia entre las intenciones de voto a PSOE y PP en estas submuestas fue de 3,5 puntos en la primera oleada; subió a 8,2 puntos, en la segunda; se mantuvo en 8,5, en la tercera, y 8,3, en la cuarta; bajó a 6,7, en la quinta; y a continuación bajó más aún, hasta 2,0, en la sexta. Se ve claramente que el PSOE parte de una posición relativamente débil el 7 de enero, se coloca en posición fuerte entre el 14 y el 31 de enero; y baja fuertemente desde esa fecha hasta el 12 de febrero”. Ese 12 de febrero, las diferencias son de 2,5 puntos y apenas dos escaños. Según el CIS, el PSOE aventaja al PP en un punto y medio, aunque la horquilla de diputados que ofrece la encuesta oficial es demasiado amplia como para considerarla fiable.

¿Y qué es eso que oigo de fondo? ¿No lo oyen ustedes? Son los gritos de los de siempre, los del voto útil, los de más vale malo conocido, los que pretenden que sólo hay una izquierda en España. Muchos no lo dicen abiertamente, pero en sus análisis y opiniones dejan clara su posición. Y, permítanme que les diga, se equivocan.

Ya hemos discutido en innumerables ocasiones lo pernicioso del sistema electoral español (que sí, que los hay peores); ya hemos dicho que en su momento quizá tuvo razón de ser para asegurar mayorías parlamentarias que otorgaran estabilidad al sistema. Pero, decididamente, la Ley D’Hont está robando representación parlamentaria a un par de millones de personas que no optan por PP ni PSOE, sino por IU o la reciente UPyD (a la que, ojo al dato, el CIS otorga el 0,6% de los votos y la posibilidad de entrar en el Parlamento, aunque la encuesta de Público no lo ve así).

Como, según parece, las elecciones del próximo 9 de marzo se van a decidir por un puñado de votos y unos pocos escaños, la consigna es clara y pareciera obvia: el que no quiera ver al PP en el próximo ejecutivo y tenga claro que va a votar, debe hacerlo al PSOE.

Pues no es tan claro; o no lo parece. El PP, según la encuesta que sacó ayer a la luz Público (el CIS no aporta tal información), gana en determinadas circunscripciones el último escaño por unos cuantos votos de diferencia… a partidos minoritarios.

Así, IU podría perder un par de diputados… en favor del PP. Pasa en circunscripciones como Sevilla y Valencia, en los que IU podría hundirse dejando en bandeja dos escaños más al partido de Rajoy.

¿Es eso lo que pretenden los valedores del voto útil? Estos tres escaños (y son un ejemplo) podrían ser determinantes no sólo para saber quién ha ganado o no las elecciones sino, lo que es más preocupante para cualquier votante de izquierda, para la formación del futuro gobierno.

Porque, siempre que las previsiones se cumplan, al PSOE sólo le quedaría la opción de aliarse con CiU y el PNV (con quienes alcanzaría de forma cómoda la mayoría absoluta); los escaños de socialistas, ERC, IU y BNG, por ejemplo, no serían suficientes para alcanzar los 176 ansiados diputados.

Así que nos encontramos con la paradoja de que el voto útil en Sevilla, Cádiz, Valencia, Zaragoza y Asturias sirva, en el peor de los casos, para dar el gobierno al PP. Y en el menos peor, a una paupérrima victoria del PSOE que le obligue a aliarse con CiU y PNV: clericales, contrarios a algunas de las leyes que ha aprobado el ejecutivo de Zapatero durante la legislatura (Dependencia, matrimonios homosexuales, Igualdad y alguna más). Por no hablar del ‘precio’ que van a poner Durán i Lleida y Erkoreka a su apoyo. Ríete tú de ERC y su Estatut.

Así que, antes de dejarse arrastrar por el voto útil y de hacer proselitismo de él, piensen si en realidad no está siendo un voto inútil que otorgue la mayoría a la derecha. Dijo Carme Chacón el otro día en el mitin en Barcelona: “El voto es triplemente útil: ganar en España, tener un gobierno amigo y cambiar el PP”. Pues a lo mejor es triplemente inútil, porque el voto útil de izquierdas no tiene porqué ser al PSOE.