El viaje de Pablo Iglesias a Cataluña

Senyor_J

El pasado sábado 29 de agosto, Pablo Iglesias, en declaraciones ante la prensa, anunciaba su voluntad de mantener una presencia constante en la campaña electoral de las elecciones catalanas. Unas elecciones cuya trascendencia más allá del territorio catalán resulta clara por dos motivos: por un lado, porque en ellas entra en juego la discusión sobre el modelo de estado; por el otro, por aparecer como la antesala de las elecciones generales, de modo que tanto la campaña como sus resultados van a condicionarlas enormemente.

Lo primero que cabe destacar es que, de los distintos desembarcos de líderes nacionales que van a producirse, sea cual sea su intensidad, tal vez el de Pablo Iglesias sea el cualitativamente más importante. Tendremos un Albert Rivera jugando a domicilio con un discurso ya conocido,  buscando ganarse el abstencionismo diferencial y la Cataluña que no usa el catalán como lengua habitual mediante un discurso de unidad patria, promesas de reformas políticamente correctas y de inspiración conservadora, y proponiéndose como el dique de contención local de la aventura soberanista. Tendremos a un Pedro Sánchez agarrado a aquella Declaración de Granada con la que se sigue identificando Miquel Iceta, dispuesto a trasladar a todos los ciudadanos las virtudes de seguir formando parte de ese gran país llamado España y prometiendo aportar para ello solamente ciertas reformas constitucionales de bajo calado. Y por supuesto tendremos a Mariano Rajoy de la mano del discurso populista y xenófobo de García Albiol, anunciando el apocalipsis y un callejón sin salida en caso de victoria soberanista por mayoría absoluta (Junts x Si + CUP), así como que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Ni que decir tiene que socialistas y populares intentarán captar votantes de perfil parecido a Ciudadanos, aunque con matices respecto a su ubicación en el eje derecha-izquierda y, a diferencia del anterior, con un lenguaje más cercano al del elector veterano que al más joven.

Decía que el mensaje del líder de Podemos puede ser el cualitativamente más importante porque frente a los tres proponentes anteriores, podrá ofrecer cosas distintas. Primero, porque se situará dentro del reconocimiento del derecho a decidir así como de que los catalanes puedan ser consultados sobre si desean seguir formando parte de España, y segundo, porque ese derecho a decidir no se referirá exclusivamente al modelo de Estado, sino a un amplio abanico de cuestiones sobre las que también hay que decidir, haya o no nuevas estructuras estatales. Y ahí es donde el discurso del derecho a decidir se amplía a los derechos sociales, a los derechos de ciudadanía, a la radicalidad democrática, a replantear modelos productivos, etc. Desde el punto de vista de la satisfacción de las expectativas de cambio que existen en Cataluña, que son de estatus respecto al resto del Estado, pero también se refieren a lo social (corregir las desigualdades) e implican una amplia voluntad de zafarse del actual Gobierno de España (que una y otra vez pretende minar el autogobierno), este es un mensaje que podría ser recibido con mucha satisfacción por amplias capas del electorado.

No obstante, no se ganan las elecciones teniendo un buen discurso, sino ganando la batalla de las ideas y de la confianza, y ahí las cosas se vuelven más complicadas. A diferencia del resto del Estado, Cataluña cuenta con un movimiento social de gran entidad que es el movimiento soberanista, en el cual miles de personas se encuentran actualmente fuertemente motivadas ante el reto de unas elecciones que se han planteado como plesbicitarias, del que surgen unos niveles de activismo frente a los que ningún otro entorno está en condiciones de competir y que además cuenta con toda la cobertura institucional que pueden ofrecerle los dos principales partidos catalanes y los medios de comunicación públicos y privados que comparten objetivos o fidelidades. A todo ello hay que añadir además el papel de las CUP, que desde una propuesta independentista cuentan con un discurso social parecido al de la candidatura en la que se integra Podemos, Catalunya Sí que es Pot. Por lo tanto, todo ello implica que los mensajes de Pablo Iglesias acaben teniendo que competir tanto con las CUP por el ala soberanista, como con los mensajes castizos generados por los partidos estatales.

Para  intentar romper la fortaleza soberanista, se hace evidente que Pablo va a recurrir a la cuestión de la corrupción. En los primeros lances de la precampaña se ha manifestado ampliamente en ese sentido, denunciando los vínculos con la corrupción que arrastra la candidatura de Junts pel Sí al integrar en la misma a Convergencia. No cabe duda de que esa puede ser una vía útil para acercarse a los perdedores de la crisis y a los que mantienen una posición crítica con que Convergencia siga pretendiendo liderar el catalanismo de forma más o menos encubierta. Lo que ocurre es que si Catalunya Si que es Pot quiere ser un proyecto triunfador, necesita ir más allá de ese espacio tan disputado y generar un universo de votantes mucho más transversal. Una transversalidad que el peso del marco soberanista en que se disputan estas elecciones hace difícil de alcanzar, puesto que dicho peso propicia que la disonancia cognitiva entre convocatoria de elecciones plesbicitarias y necesidad de votar una lista corrupta tienda a resolverse haciendo de tripas corazón y cerrando los ojos ante la evidencia para asegurar la consecución de ese paraíso terrenal llamado independencia.

Por ello sería  bueno que Pablo Iglesias, en su viaje a Cataluña, no se limite a los mensajes sobre la corrupción como “monotema”. Catalunya Si que es Pot ha de ser una candidatura atractiva para los votantes con expectativas soberanistas, por lo que es imprescindible mostrar que dispone de un itinerario distinto y más convincente para revisar el modelo de Estado y que prevé un pronunciamiento final unilateral sobre el mismo. Y es también esencial que los contenidos programáticos y en particular sus elementos más relevantes, como aquellos asociados al rescate ciudadano, tengan una presencia destacada. Solo con ellos será posible diferenciarse claramente del resto de sus rivales peninsulares y catalanes, además de convencer de que el suyo es un proyecto capaz de que las cosas cambien para la ciudadanía.

Finalmente, esta combinación de elementos debe dirigirse a la consecución de un resultado concreto: ser el personaje incómodo de la campaña, el que revela las miserias de sus competidores y el que presenta alternativas más centradas en la gente. Lo ha logrado en el pasado y puede volver a lograrlo. Porque, más allá de su contribución a la campaña, Pablo Iglesias no ha de olvidar que no viene aquí como líder de un partido sino como presidenciable y que de su capacidad de cuadrar todos esos elementos dependerá la mejora de sus expectativas electorales en las elecciones generales. Al menos en Cataluña, un lugar clave para seguir luchando por alcanzar el Gobierno.

12 pensamientos en “El viaje de Pablo Iglesias a Cataluña

  1. Sin duda son oportunas muchas de las críticas contra la iniciativa del PP de reformar la ley del Tribunal Constitucional para darle capacidad sancionadora. Es muy cierto lo de su tufo de improvisación electoralista y la falta de consenso previo. Más discutible es la objeción de quienes ven en la propuesta un error táctico que sólo alimenta la crispación en beneficio del radicalismo que vive de las palabras gruesas.

    Pero los críticos –y me refiero solo a los que no se identifican con la aventura secesionista-, eluden el problema de fondo. Ante la envergadura del desafío y la inminencia del estallido ¿qué es lo que debe hacer el gobierno de un estado democrático? ¿cuál debe ser la respuesta política? ¿basta con apelar al diálogo? Hay un tiempo para el diálogo y hay un tiempo para la acción. Como había que distinguir entre la guerra de posiciones y la guerra de movimientos por volver a una analogía de Gramsci, de nuevo de moda.

    Durante los últimos meses, políticos y expertos han vacilado al especular sobre las medidas que habría que adoptar ante una declaración golpista como la que anuncia que tomarán los soberanistas si sacan un voto más que sus adversarios. Por poner un ejemplo, nadie ha sido capaz de explicar a los ciudadanos si sería aplicable el artículo 155 de la Constitución y si no es así cuál sería el instrumento para reponer la legalidad si fuera tan gravemente quebrada desde una institución autonómica. Con el anuncio de ayer, el PP garantiza a una ciudadanía perpleja que habrá consecuencias para quienes se salten la ley…consecuencias directas y severas. Ha movido pieza y lo ha hecho con legitimidad, por más que sea discutible la forma adoptada y el momento elegido. Hubiera sido mejor que al menos se hubiera dejado acompañar por los socialistas y aún mucho mejor que la iniciativa fuera la respuesta a una demanda previa en ese sentido de la oposición. Pero el discurso del Psoe ha sido vacilante y al no exigir ninguna actuación ejecutiva contra los secesionistas ha puesto en bandeja al PP la tentación electoralista de presentarse sólo a la batalla. Ahora vale poco lamentarse de ello.

  2. Segun el sondeo de la cadena Ser, Podemos ha perdido 12 puntos en intención directa de voto desde el mes de enero. Como ayer señalaba Sánchez Cuenca, la formación de Iglesias va camino de convertirse en una IU mejorada pero incapaz de asaltar el cielo. Al menos sin la ayuda de terceros. La ambigüedad del candidato y de su formación en el tema catalán, como en tantos otros, incapaz de imponer una agenda social frente a la identitaria, no juega tampoco a su favor. Espero que la alternativa al carajal catalán no sea otro carajal, este con coleta.
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    Hoy toca discrepar de Javier. Existe arsenal constitucional y jurídico suficiente para, llegado el caso ( una declaración unilateral de independencia), poder actuar. Y no creo que llegue el caso, No es necesaria esa reforma ad hoc que dinamita el ya muy dinamitado Constitucional y que tiene un tufo electoral que apesta. Si Rajoy es incapaz de abordar la cuestión catalana que dimita pero que no utilice al Constitucional para suplir su ineficacia. Que la citada reforma sea presentada en el congreso por el candidato a la Generalitat del PP con aires de chuloputas de barrio es la guinda al despropósito. Cada día está más cerca lo que apunté el otro día y hoy Duran deja caer en El Pais: la salida a la situavion catalana pasa por un escenario donde no este Rajoy ni Mas. Y creo que se está en ello. Lo de Rajoy también es su huida hacia adelante. Un desastre.

  3. Que no es evidente eso de que ya existen suficientes instrumentos para hacer que una institución del Estado cumpla la ley, lo prueba el que nunca sepamos a ciencia cierta cuáles son, en concreto, esos instrumentos. Lo de la inhabilitación y tal está bien cuando nos referimos a conductas individuales pero no es tan clara su eficacia si suponemos una sedición “institucionalizada”. He puesto antes el ejemplo del art. 155 de la Constitución, del que no acabamos de saber si es o no aplicable y en qué condiciones.

    Así que lo de las medidas a tomar queda siempre en una nebulosa, lo cual puede deberse a dos cosas: 1) los políticos lo tienen claro pero no quieren que se sepa porque los ciudadanos no estamos preparados para ello o 2) no se sabe bien qué medidas tomar.

    Cuando se utiliza el símil del palo y la zanahoria siempre se tiene claro cómo debe ser esa zanahoria que disuada a los aventureros convenciéndoles de que les irá mucho mejor con las ventajas que se les ofrecen como alternativa a su voluntad de ruptura unilateral. Siempre es menos agradable hablar del palo pero en ocasiones hay que mencionarlo, exhibirlo como una amenaza real… para que la zanahoria sea más apetecible. Esa es la responsabilidad de los gobernantes.

    Está bien criticar los aspectos formales, impresentables, de la iniciativa. Pero convendría distinguir entre la forma y el fondo. La forma es importante en democracia pero conviene no abusar de las objeciones formales para eludir un posicionamiento sobre el fondo. Si el PP en lugar de salir con esta ahora se hubiera dirigido al PSOE y otros de la oposición hace unos meses (cuando el 9N por ejemplo) para proponer un desarrollo legal que permitiera garantizar la aplicación de las sentencias del TC (no digo necesariamente unas medidas como las ahora presentadas) que sirviera para asustar a los sediciosos potenciales ¿ nos hubiera parecido bien? Esa es la cuestión.

    Escribe hoy Victoria Prego:
    “(…) el beatífico pensamiento impecable con la que tradicionalmente se han adornado nuestros políticos, tan escandalosamente miopes, hace posible esto: que un Gobierno que lleva cuatro años dirigiendo el país con mayoría absolutísima, tome en el último instante una medida que era necesaria pero que ha resultado absolutamente torpe en los modos y en las circunstancias en que se ha tomado (…). No se podía haber hecho peor. Pero hay que decir que ésta, igual que otras tantas medidas que puedan paliar la indefensión de nuestra democracia ante los ataques desde dentro de sus enemigos, son tan necesarias como exigibles.”
    (“Pagamos ahora, tarde y mal, una desidia de décadas” EL MUNDO – 02/09/15).

  4. Las medidas existentes las ha enumerado perfectamente un jurista del prestigio de Ignacio Gomá.
    “Desde el punto de vista de la Ciencia del Derecho, no hace falta ser un especialista en Derecho Constitucional para apercibirse de que algo falla en esta propuesta. No sólo porque ya exista el famoso artículo 155 de la Constitución, que autoriza al Estado a adoptar las “medidas necesarias” si una Comunidad Autónoma no cumpliera la Constitución o las leyes; o porque nuestro Código Penal ya establezca en su art. 410 multa e inhabilitación para las autoridades o funcionarios públicos que se negaren abiertamente a dar el debido cumplimiento a resoluciones judiciales, decisiones u órdenes de la autoridad superior, o porque el Título XXI hable de los delitos contra la Constitución –incluyendo su derogación o modificación total o parcial–, o el XXII se refiera al orden público incluyendo al delito de sedición (quienes se alcen para impedir el cumplimiento de las leyes); no, no es sólo que esas cuestiones, con un mínimo de sentido común, puedan subsumirse en tipos ya existentes, sino que además se violenta la esencia del Tribunal Constitucional, que no es la de un tribunal inserto en la Administración de Justicia, sino la un órgano constitucional, el llamado legislador negativo, destinado a velar por el ajuste a la Constitución de leyes y resoluciones judiciales, pero no a la ejecución de sentencias ni a sancionar su incumplimiento”.

    En cuanto a la forma y el fondo. No es solo es que en democracia son fundamentales las formas ( que condicionan el fondo) sino que en este caso el PP quebranta su propio discurso, y que resumo: ninguna reforma constitucional sin un acuerdo de todos. ¿ Donde está el acuerdo de todos en esta reforma? Una reforma que se presenta antes de unas elecciones ( cuando desde hace meses se sabia la hoja de ruta de Mas) por la vía de urgencia, sin contar con los informes del consejo de estado y anunciada por su candidato a la Generalitat. ¿ de verdad que se puede desligar las formas del fondo en este caso,? En este tema las formas son el fondo. Creo. Si a Mas hasta el momento no se le ha podido “empapelar” es porque no ha cometido ilegalidad. No porque falten medios jurídico para hacerlo, llegado el caso. Otra cosa será la voluntad política. La querella que presentó el FGE ahí sigue durmiendo el sueño de los justos. La razón es muy simple: Más no cometió ningún ilegalidad el 9N ( otra cosa es su responsabilidad política) y no hay fiscalía ni juez que pueda meter el colmillo a una querella sin base. Ni ha sido llamado a declarar a día de hoy. El único escenario posible donde aplicar las medidas es ante una declaración unilateral de independencia y/o la ruptura con el estado. Y eso, a día de hoy, no se ha producido. Y dudo que se produzca.
    Rajoy, en mi opinión, ha conseguido con este falso debate a) transferir su responsabilidad política al Constitucionalb) conseguir que no debatamos sobre su responsabilidad en la gestión de la crisis y la corrupción, que le señala a él directamente c) apoyar a su candidato a la Generalitat cuyo discurso ya vimos ayer con qué tono y en qué términos se producirá. Y, aunque me parece un tema mejor en este caso, dar un inmerecido balón de oxígeno a Mas y sus mariachis, cuyo víctimismo debe estar por las nubes.

  5. Iba a colgar la entrevista a Rubio LLorente pero se me adelantó Polonio.

  6. Por cierto, el propio Constitucional acaba de reconocer que no tiene constancia en sus 36 años de historia de sentencias suyas sin ejecutar. En fin.
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  7. ¿No les recuerda esto a Aznar legislando para meter en la cárcel a Ibarretxe? Cuando hay tendencia a desbarrar, se desbarra. Eso es así.
    ¡A ver si el TC va a rechazar la reforma de sí mismo por inconstitucional!

  8. Una pista sobre el proceso que se vive en Cataluña: el 9 N votaron a favor de la constitución de un estado 1.800.000 personas, pero hubieron trescientos y pico mil que lo hicieron en sentido contrario. La pista a la que me refiero es que una grandísima parte de estos, en público se proclaman independentistas y para que no se les note fueron a votar y al salir de los colegios lo hicieron con la sonrisa ufana que les congraciaba con el resto de entusiastas.

  9. Muy bueno Goma. Completamente de acuerdo con el análisis de polonio.PMQNQ: no sólo recuerda anear amenazando con enchironar a Ibarreta sino que debería recordarse cuanto más eficaz fue la templanza institucional y política de zp

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