El velociraptor de la Vega

Julio Embid

Hace 22 años en 1993 se estrenaba la película Parque Jurásico marcando a todos los críos de mi generación empezando por un servidor. A mediados de los 90 todos los niños nos memorizamos los nombres de los dinosaurios, jugamos con ellos, los coleccionamos en álbumes de cromos y sabíamos diferenciar un diplodocus de un braquisaurio por el tipo de pisada que dejaban. Con todo, pronto aprendimos que el dinosaurio más peligroso de todos era el temible velociraptor. Este año 2015 se estrenó la cuarta parte, Jurassic World, que trataba de lo mismo, con el mismo argumento, pero esta vez con tablets y smartphones en lugar de walkmans. Los dinosaurios se volvían a escapar y a comerse gente, y el de Mapfre encargado de asegurar el parque no ganaba para disgustos sabiendo lo que les iba a tocar pagar.

En esta nueva versión los velociraptor volvían a ser protagonistas. Esta vez eso sí, con una cámara GoPro que les permitía en tiempo real a los humanos ver lo que los dinosaurios veían a través de una Tablet. Y esto me llevó a una reflexión, ¿por qué en el Toro de la Vega de Tordesillas en lugar de usar un toro no usamos un velociraptor con una GoPro? Sería igual de sangriento, pero mucho más impactante y los mozos podrían “probar su valor” ante una presa de mayor calado. Tal vez, más de uno saldría trasquilado, pero es que 300 lanceros contra un pobre toro, aparte de ser una aberración propia de siglos anteriores, carece del “mérito viril” que los usuarios de dicho lance afirman poseer.

Resulta sorprendente y reprobable que en un país como España que es la 16ª economía mundial, tercero con mayor número de tesoros Patrimonio de la Humanidad y segundo con mayor Esperanza de Vida, sólo en este verano, haya tenido 12 muertos por festejos taurinos de carácter local. Todas mis condolencias para las familias y allegados de los fallecidos. Desconozco el motivo de tal virulencia, tal vez sea como me dicen por un descenso en el número de “festejos taurinos tradicionales” (corrida con picadores) y un exceso de toros de lidia para “festejos taurinos de carácter local”, no obstante sí cabe reflexionar acerca de “la diversión” que supone para los familiares encontrarse con uno menos en la mesa a la hora de cenar. No estoy en contra de las corridas de toros, pero tampoco soy un ferviente defensor. De hecho me producen una total indiferencia y sopor. Sin embargo, sí creo, que como país debemos valorar el hecho de los miles de festejos que en municipios menores se realizan y acabar con barbaridades como las del Toro de la Vega de Tordesillas, así como acabamos con otras actividades que en el pasado nos resultaban cotidianas y hoy nos resultan vergonzantes. El candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmó hace meses que si resultaba elegido aprobaría una ley que prohibiese espectáculos como el Toro de la Vega. Espero pues que este 2015, sea el último año que se realice tal centenaria costumbre. Y si no, que suelten y alanceen un velociraptor. El número de valientes descendería notablemente.