El tiempo nuevo

Jon Salaberría

En plena primavera de este (nuevamente) convulso año de 2013, pocos/as podían prever hasta qué punto el estatu quo político de la Comunidad Autónoma de Andalucía podía mutar en tan poco tiempo, aunque la posición de los agentes políticos no se haya movido un ápice. La fortaleza de las bases programáticas del Acuerdo por Andalucía, suscrito por PSOE e IU-LV-CA tras las Elecciones Autonómicas de 2012, ha sustentado la gobernabilidad de Andalucía sin sobresaltos, con una estabilidad sin precedentes entre dos socios que han sabido restañar heridas y dejar en el baúl de los recuerdos viejos agravios en la defensa de un proyecto político que, en el magma de la ola azul de 2011, supone el contrapunto y la referencia de políticas alternativas a las del Partido Popular en el resto del Estado. La posición política de José Antonio Griñán Martínez (Madrid, 1946), además, parecía más que consolidada a nivel interno tras superar el escollo que supuso la victoria de Pérez Rubalcaba en la cita congresual de Sevilla (febrero de 2012), sabiendo nadar y guardar la ropa, y con su triunfo casi incontestable en el 12º Congreso del PSOE de Andalucía, del que salió fortalecido con un dominio casi absoluto del aparato (lo que sería decisivo en los acontecimientos posteriores), la marginación de los críticos y una suerte de calma chicha en las dos territorialidades provinciales más levantiscas, Jaén y Cádiz.

Es por ello que la convocatoria de las Elecciones Primarias para la designación de candidato/a de cara a las próximas Elecciones Autonómicas (previstas inicialmente para 2016)  que se produjo el 2 de julio, pilló de sorpresa a toda la opinión pública y publicada. Lo ocurrido hasta la confirmación de la candidatura de Susana Díaz Pacheco (Sevilla, 1974) como única precandidata capaz de obtener el umbral de avales para disputar una elección (que por lo tanto no se produjo finalmente) daría para un artículo monográfico, cuando no para una auténtica tesis doctoral. Servidor, en aquella tesitura, mantuvo un posicionamiento muy concreto en respaldo a un candidato, y muy crítico para con el modo y manera de gestionar el proceso, así como con el poco edificante espectáculo de la designación sin urnas y sin voto individual/secreto de la militancia. Pero eso es harina de otro costal. Los hechos consumados ponían en el foco de atención a esta mujer joven, decidida, enérgica, estajanovista en el trabajo y con un perfil que roza el populismo en ocasiones. Su mejor virtud está en la capacidad de esfuerzo, y como consecuencia, puede presentar como activo la ejecutoria, la perfecta gestión, desde la Consejería de Presidencia, de los equilibrios entre las diferentes fuerzas (que a veces han actuado como vectores enfrentados) que conforman el Gobierno andaluz y su coordinación impecable dentro de la coalición PSOE-IU, de la que se ha convertido en alma máter. La principal crítica de la que se hace acreedora Susana Díaz, sin embargo, es su perfil apparatchik. Toda una vida, desde la adolescencia y su militancia en las Juventudes, escalando posiciones dentro del Partido, haciendo vida exclusivamente orgánica. Si su dominio del aparato puede considerarse una habilidad, no escapa a las críticas de quienes afirman (no con poca razón) que la sacralización de los procedimientos de ese aparato lleva al sectarismo y al alejamiento de la realidad. Una acusación que los medios conservadores (y algunos no tanto) han llevado más allá, con calificativos que entran de lleno en la dialéctica machista más obsesiva.

La premura en la convocatoria de las Primarias confirmaba la decisión de Pepe Griñán de abandonar la primera línea en 2016, dando pie a un relevo generacional, un tiempo nuevo, pero dejaba en el aire numerosas incógnitas. ¿Tensiones internas en el bipartito? ¿Posibilidad de elecciones anticipadas? ¿Relevo anticipado? Entre bambalinas, otra mujer, Mercedes Carmen Alaya Rodríguez (Écija, 1963), jueza titular del Juzgado de Instrucción Nº 6 de Sevilla desde 1998. Instructora del denominado Caso ERE’s, su peculiar dominio de los plazos procesales y su metodología, sus presencias y ausencias, le han puesto en el foco de una legión de admiradores y, también, de no pocos detractores. La espada de Damocles de una posible imputación llevaba sobrevolando la cabeza de Pepe Griñán y de alguno de los miembros de su núcleo duro (Ávila y Martínez Aguayo, fundamentalmente), desde que en plena campaña de las Elecciones Autonómicas mandase a prisión al ex Director General de Trabajo de la Junta de Andalucía, Francisco Javier Guerrero. Es la sombra de Mercedes Alaya la que planea sobre la rueda de prensa de Pepe Griñán en pleno 28 de agosto, en la que presenta su dimisión y abre el proceso de investidura de Susana Díaz, para no perjudicar al Partido Socialista ni deteriorar a la Junta de Andalucía en base al rosario de noticias que el caso de corrupción podría seguir ocasionando.

El tiempo nuevo lo era, pues, con motivo generacional, pero también, confirmó Griñán, lo era por los nubarrones de tormenta judicial que periódicamente sacuden la vida política andaluza desde que Mercedes Alaya asumiera la instrucción de uno de los casos de corrupción más importantes de la última década. Justo este martes 10 de septiembre, la seudoimputación o casi-imputación de los dos últimos ex Presidentes de la Junta y de dos de los Consejeros salientes (los mencionados Ávila y Aguayo, de Economía y Hacienda, respectivamente) en un auto que está haciendo correr ríos de tinta, materializaba los temores.

El tiempo nuevo supone un punto de inflexión en esta dinámica: (1) Conformación de un nuevo núcleo duro alejado de relación directa e indirecta con el escándalo de los expedientes de regulación de empleo irregulares investigados por Alaya; (2) un cambio generacional; (3) la traslación a la estructura de gobierno de la Junta de los equilibrios políticos internos surgidos de los procesos congresuales de 2012 y (4) un reequilibrio en términos territoriales que se reclamaba necesario desde las provincias orientales de la Comunidad.

El nuevo núcleo duro, efectivamente, está totalmente alejado de los viejos equipos de Economía y de Empleo de Manuel Chaves y de Pepe Griñán, salpicados por las acusaciones de corrupción política. Forma parte de él una veterana de los ejecutivos de la Junta en los últimos diez años: María Jesús Montero Cuadrado. Responsable de Salud, Igualdad y Políticas Sociales entre 2004 y 2012. Sin duda, su gestión ha sido la más brillante de los sucesivos gobiernos de Chaves y Griñán; no en vano, esta especialista en gestión hospitalaria ha puesto en valor la que es la joya de la corona del sistema andaluz de bienestar: el servicio andaluz de salud. Mejoras en los plazos de espera y atención, inversión en investigación (a la vanguardia en células madre), progresiva ampliación de la cartera de servicios, expansión del mapa sanitario, optimización de los procedimientos de gestión, atención sanitario universal cuando ya estaba en retirada en el resto del Estado, etc. Aunque sus dos últimos ejercicios no han estado exentos de críticas por los recortes que también han llegado a Andalucía y por una mejorable relación con las representaciones sindicales de los trabajadores y trabajadoras del sistema sanitario, su llegada a Hacienda y Administración Pública parece indicar que la Presidenta de la Junta apuesta por un valor seguro en esta cartera. Su puesto será ocupado por una malagueña de origen y granadina de trayectoria, María José Sánchez Rubio (para mi, el mayor valor en términos humanos de este equipo). Por su parte, el nuevo Consejero de Economía será Pepín Sánchez Maldonado (Algarrobo, 1952). Catedrático de Hacienda Pública en la Universidad de Málaga y con una amplia trayectoria académica, es uno de los hombres de mayor confianza del poderoso secretario provincial malagueño, Miguel Ángel Heredia. Ha sido la sorpresa de este Ejecutivo, pues quienes le conocemos pensábamos que estaba en retirada. Concejal del Ayuntamiento de Málaga, en octubre de 2012 accedió a la presidencia de la Autoridad Portuaria de Málaga, en la que permaneció hasta junio de este año. Su dimisión, tan inesperada como su actual nombramiento, se justificó por motivos personales y de salud, si bien en el trasfondo parece estar su poca disposición a asumir las consecuencias de gestiones anteriores, las malas relaciones con los empresarios del área comercial Muelle Uno, así como asumir un conflicto laboral motivado por la posibilidad de un ERE en la Autoridad Portuaria, asunto que provocó alguna reunión tempestuosa con las delegaciones sindicales del Puerto. Su abandono le situaba fuera de cualquier quiniela (además de provocar una reacción en cadena de nombramientos y sustituciones con la llegada de Paulino Plata a la Autoridad), de manera que alguno de los gurús de la opinión periodística malagueña todavía se tienta las ropas.

El cambio generacional queda en suspenso, al menos en la cúspide de la estructura de la Junta de Andalucía. La posición reforzada de Luciano Alonso (que asume las competencias de Educación y mantiene Cultura y Deporte); el nombramiento de Manuel Jiménez Barrios (presidentes del PSOE de Cádiz) como Consejero de Presidencia; el mencionado de José Sánchez Maldonado en Economía; la llegada de Elena Víboras a Agricultura y de María José Sánchez a Salud e Igualdad; la permanencia de Emilio de Llera en Justicia … dirigentes veteranos de amplia trayectoria política y administrativa, que pese a su acreditada capacidad de gestión no pertenecen al estrato generacional de la Presidenta, con excepción de la nueva titular de Medio Ambiente y ex alcaldesa de Baena, María Jesús Serrano Jiménez. Quedamos a la espera de la concreción de los escalones inferiores de la Administración, especialmente en lo referente a la periférica, para comprobar en qué grado se produce ese relevo.

Sin duda, el equilibrio interno de poder surgido del proceso congresual de 2012 y del proceso de Primarias (sin urnas) de 2013, se ha visto reflejado en este nuevo Ejecutivo. Las cuotas jiennense y gaditana compensan la decisión que las dos Ejecutivas provinciales más problemáticas para Griñán adoptaron, apoyando la precandidatura de Susana Díaz frente a sus posibles competidores. El tibio rubalcabismo que podía existir quedó diluido, y los nombramientos de Jiménez Barrios (Cádiz) y de Elena Víboras (alcaldesa de Alcalá la Real, Jaén), son la materialización de la pax Susana en la que terminó el proceso de designación. Nombramientos como el de Sánchez Maldonado son muestra, igualmente, de la influencia del aparato. Este Ejecutivo lo es de partido, sobre todo en la cuota que corresponde al PSOE.

Finalmente, los reequilibrios territoriales. Es el Gobierno de la Junta menos sevillano de los que han existido hasta la fecha. El nombramiento de María José Sánchez Rubio en una Consejería tan fundamental como Salud compensa las quejas de Granada, una de las provincias más reivindicativas históricamente frente al centralismo sevillano, a la par que convulsa internamente. El de Elena Víboras en Agricultura y Pesca, hace lo propio con Jaén. Almería es la olvidada a estos efectos y, por supuesto, destacar el poder malagueño: el Consejero de Economía, el reforzadísimo Consejero de Educación y Cultura, así como el de Turismo y Comercio (Rafael Rodríguez Bermúdez, de IU) son malagueños. Ello indica, en lo que se refiere al PSOE, la enorme influencia del PSOE malagueño dentro del aparato andaluz, poco proporcional a su deplorable papel electoral desde 2009 y a su débil músculo militante, con muchos frentes abiertos y heridas sin restañar.

Estamos, pues, ante una etapa que, tanto en las expectativas como en la incertidumbre, abre efectivamente un tiempo nuevo. Queda por comprobar el encaje de un equipo en el que existen valores contrastados, y el engrase de su funcionamiento. Queda por ver hasta qué punto afectará el iter procesal del Caso ERE’s a su labor. Y queda por ver si se materializa una gestión que se pretende orientada hacia la ayuda a la recuperación económica y a la creación de empleo en Andalucía y el blindaje de las políticas sociales, en palabras de la propia Presidenta. Seguir siendo esa referencia de alternativa ante las políticas del Partido Popular. No es pequeño reto.

Posdata 1: No oculto mi debilidad por mi compañera y paisana María José Sánchez Rubio, hasta el lunes Delegada del Gobierno de la Junta en Granada, antigua responsable provincial de Bienestar Social y, desde ayer, Consejera de Igualdad, Salud y Políticas Sociales. El gran acierto de Susana Díaz para garantizar una de las bases fundamentales e identitarias de su gestión. Un ser humano excepcional en todos los sentidos. Les remito a esta semblanza emocionante de J.R. Villalba en Ideal de Granada.

 

http://www.ideal.es/granada/20130909/local/granada/politica-invisibles-201309091825.html

 

Posdata 2: Andalucía debe mirar al futuro sin hipotecas por el asunto de los ERE’s. Asunto turbio que debe ser depurado en sede judicial y que debe conllevar toda la asunción de las responsabilidades jurídicas y políticas que correspondan. He tenido ocasión de leer, dos veces, el auto de la jueza Alaya al respecto, y que tanto la prensa conservadora como el Partido Popular consideran el auto de la imputación de toda la cúpula dirigente del PSOE andaluz de los últimos años. Aunque me pueda conllevar acusaciones de tolerancia con la corrupción, que son inevitables, no puedo por menos que expresar mi estupefacción: es un auténtico desatino procesal, que junto a las flores lanzadas desde la derecha ha suscitado críticas de los especialistas en la materia (procesalistas y constitucionalistas). Creo que hace un flaco favor a la causa de la justicia. Debería remitir desde ya la documentación, pruebas y calificaciones informadas a los órganos jurisdiccionales competentes. Por el bien de todos/as.