El Tea Party y nosotros

Lobisón

Resulta habitual entre nosotros considerar al Tea Party como una singularidad de los EEUU, como el creacionismo y la obesidad desmesurada. El problema es que si mantienen el bloqueo de la elevación del techo de deuda podemos tener un nuevo sismo financiero global que nos efectaría también. Y claro, la clave del bloqueo en el Congreso es que Boehner y los republicanos supuestamente moderados no se atreven a dejar sólo al Tea Party en su posición kamikaze, porque sospechan que eso les pasaría tremenda factura en las primarias a los candidatos moderados.

Este secuestro del Partido Republicano por el Tea Party debería llevarnos a reflexionar sobre qué tipo de elecciones primarias queremos establecer en España. La situación actual es que si el Tea Party no toma la decisión de crar un nuevo partido, los republicanos moderados no pueden definir su propia estrategia política, aunque teman que la actual estrategia de bloqueo a la administración puede hacerlos ‘inelegibles’, en la expresión que usa la prensa allí. Pero enfrentarse al Tea Party podría hacer que los ‘moderados’ perdieran en las primarias, dejando a los inelegibles candidatos del Tea Party frente a unos electores que previsiblemente preferirían la moderación.

El asunto tiene mala solución, porque una escisión del Tea Party también dejaría al Partido Republicano muy debilitado. Por tanto las cosas tendrán que empeorar mucho más antes de que se pueda esperar la reaparición de un Partido Republicano creíble y capaz de competir con el Partido Demócrata por los electores centristas, por el famoso votante mediano. Y mientras, la política en Estados Unidos permanecerá sumida en la locura y el chantaje de los admiradores de Sarah Palin (Sarah is hot, proclamaban sus supuestamente puritanos admiradores cuando formó esa improbable pareja que condujo a la ruina de McCain).

Esta es en realidad la historia del Golem, aunque en en  un país suficientemente especial para desconfiar de Washington porque hace cincuenta años interfirió en la libertad de los Estados para discriminar, y ahora quiere recortar la libertad de los psicópatas para comprar libremente armas de asalto, u obligar a los ciudadanos a contar con un seguro sanitario (a precios subvencionados). Pero el problema es que una vez puesta en marcha esa gran minoría que nunca ha viajado fuera de Estados Unidos, que cree que las políticas sociales sólo benefician a los negros y a los hispanos, y que se sienten el pueblo elegido, a ver quién es el guapo que le borra al muñeco de arcilla el nombre de Yavé de la frente.

En fin, que es más fácil jugar a aprendiz de brujo que desmontar los resultados de la política de la ignorancia y el odio. Por lo menos tenemos el consuelo de que en España nadie apuesta ahora por esa estrategia, tras su fracaso en 2008 y la mayoría absoluta de 2011. Pero los medios necesarios para relanzarla están ahí, comenzando por el famoso TDT Party.