El secreto para ganar

 Guridi

 Andan nerviosos en Ferraz algunos de los gurús y chamanes electorales de costumbre. Los números demoscópicos de las europeas, aún permitiendo salvar el tipo sobre el papel, sólo crean incertidumbre en los que de verdad saben entender una gráfica. No se percibe entusiasmo, la desmovilización parece imposible de remontar y el entusiasmo impostado de los mítines, se transforma en broncas y ataques de ira en los despachos.

 Las finas estrategias, las declaraciones tácticas, las filtraciones y cotilleos  a los periodistas que acampan en bares cercanos a la antigua casa de Pablo Iglesias, no dan los resultados a los que se estaba acostumbrado. Alguna influyente periodista, confesora habitual de los habitantes de las plantas cuarta y quinta, trataba de hacer entender a sus interlocutores que las noticias relativas al PSOE son siempre las menos leídas de las ediciones digitales de sus cabeceras.

 ¿Qué pasa? -se preguntan todos- ¿Qué pasa para que, con la que está cayendo, no seamos capaces de remontar estas cifras? Somos los más guapos, somos los más listos. Hemos sobrevivido en nuestros puestos contra viento y marea, ¿por qué no podemos presentar una victoria aplastante que nos permita aplastar a los molestos moscones de las primarias? ¿Por qué la gente no percibe que trabajamos mucho, que somos brillantes pensadores y comunicadores? No pasa mucho tiempo hasta que alguien da la respuesta típica: España se ha derechizado. La gente cada día es más facha y nos nos vota porque no agradecen lo mucho que hemos hecho por ellos. ¿Qué se puede esperar de gente que ve “Gran Hermano” y pone el libro de Belén Esteban en las listas de los más vendidos?

 A estos expertos en el liderazgo por decreto, a estos hábiles esgrimistas de los círculos pequeños, a estos emperadores de la puerta cerrada, se les olvida algo: un líder no es un jefe. El jefe es el que manda porque le pusieron ahí, el líder es que convence e inspira a los demás.

 Es normal que estas personas sigan guiñando los ojos cada vez que se les hace ver la trayectoria política de Zapatero. Nunca dieron un duro por él y su día más feliz fue cuando lograron quitárselo de encima, aún a costa de encumbrar al líder supremo Rajoy y devolver al PSOE a 1996. Nunca entenderán por qué Zapatero pasó de anónimo diputado de provincias a Presidente del Gobierno a la primera. Ni la habitual teoría de la “potra” o “baraka” les encaja. ¿Cuál? -se vuelven a preguntar- ¿Cuál era el secreto de la “potra” de Zapatero?

 Zapatero tiene algo que aún les resulta incomprensibles a gente tan inteligente: se cree lo que hace, hace lo que dice y quiere convencer de aquello de lo que está convencido. Cuando crees en lo que tienes qué hacer, puedes contagiar tu convencimiento a los demás. No te importa correr riesgos y probar cosas nuevas. Y no te importa mantenerte firme en posturas difíciles, que te llevan a situaciones en las que otros políticos menores se volverían locos de pánico.

 Los aciertos y los errores de Zapatero se deben a su extraña obsesión por ser fiel a sus principios. Esa fidelidad a ellos le permite mirarte a los ojos al explicarte las cosas y convencerte de que merece la pena sacar las tropas de Irak, pese al cabreo de EEUU. Que se puede aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo, pese a que no haya encuestas sobre el tema. Que la paridad es un paso necesario para la igualdad y que más vale equivocarse al probar, que seguir insistiendo en el error.

 Parte del declive de la segunda legislatura de Zapatero se explica por esa “rigidez”, a la que otros llamaban “ocurrencias”. Pero también se explican por que aquellos que hacían presión sobre él, empezaron a obtener sus frutos. Y Zapatero empezó a hacer cosas que no cuadraban con lo que venía haciendo hasta entonces. “No abramos más frentes” -se le decía-. Todos los estrategas de pasillo, enseñaban sus informes, sus manuales y su experiencia para decir que había que guiarse por estrategias infalibles, que daban seguridad, que no podían fallar.

 No podían fallar. Pero el caso es que Zapatero terminó por fallarnos, asumió con resignación el papel de presidente tóxico que le adjudicaron. Y ahora vivimos el momento en el que el PSOE está dirigido por esa cúpula que sólo apuesta sobre seguro, que sólo utiliza recetas de conocida solvencia, que pone en práctica infalibles estrategias parlamentarias. ¿Qué es lo que falla? Se siguen preguntando. Si no lo entendisteis cuando lo estabais viviendo, ¿cómo se les puede explicar ahora?