El ritmo de los negros

Frans van den Broek

Si usted es español, seguro que habla mucho, es orgulloso, toma sangría, y dice todo el tiempo: “mañana, mañana”. Y es probable que hasta baile flamenco y haga siesta después de las comidas, no sin antes haberse tomado una copa entre risas con los amigos y haberle hecho el amor a su consorte. Menos mal que allí están los finlandeses, que no hablan nunca y bailan solo tango, y los alemanes, que prefieren decir “ayer, mejor que hoy día” y trabajan como posesos. Y para ritmo, el de los negros.

Estereotipos como estos los conoce todo el mundo, como no fuera más que por la sencilla razón de que uno mismo los utiliza y nutre cotidianamente, y de que uno, lo quiera o no, está lleno de prejuicios. De lo contrario, la vida sería casi imposible. Otra cosa es que se los reconozca como tales. Por qué esto es así es materia de debate, pero entre las muchas razones que se han aducido para explicar esta tendencia humana se encuentra nuestra natural proclividad a la categorización, mecanismo cognitivo que hace posible el pensamiento y que nos permite crearnos un universo familiar en el que habitar con soltura. O para decirlo de modo heideggeriano (quien no pudo evitar uno que otro prejuicio nazi), para hacernos de una casa en la expansión infinita del ser. Así lo postuló uno de los estudiosos seminales del prejuicio en la psicología, Gordon Allport, quien en su libro “The nature of prejudice” atribuye a este modo operacional de la mente el origen de la necesidad de prejuzgar a nuestros semejantes.

Recuérdese sino el curioso y hasta cierto punto trágico destino de Funes el memorioso, el personaje creado por Borges en su libro “Ficciones”. Funes es un compadrito de la pampa argentina, conocido por ciertas excentricidades, como el recordar los nombres de todos y saber en todo momento la hora exacta sin consultar reloj alguno. Un mal día lo tumba un caballo y queda paralítico, pero consciente, agudamente consciente, se diría. Borges (o el personaje que lo representa) recibe en una de sus visitas al lugar una extravagante petición de Funes, prestarle un par de libros en latín que había llevado de vacaciones. Con sorna y desdén se los envía, pensando que el tal joven Funes estaría algo majara, pero de pronto recibe la noticia de la enfermedad de su padre, lo que le obligaba a regresar antes de tiempo. Recuerda (pero él no tiene derecho a pronunciar dicho verbo, nos enteraremos más tarde en el cuento) que ha prestado los libros en latín a Funes y va a su casa a recogerlos. Justo antes de entrar a su habitación escucha la voz misteriosa de Funes recitando algo en un idioma extraño. Con estupor, casi con horror, reconoce el latín de uno de sus libros, pues Funes, quien ha dispuesto de los mismos por sólo unos días, lo ha aprendido y ha memorizado a la perfección los pasajes que le oye. Funes, después de su caída y su breve coma, despierta a un mundo que jamás podremos imaginarnos, pues es capaz de percibirlo todo en sus más mínimos detalles y de recordarlo con exactitud. No hay pasaje de su pasado que no pueda recobrar a voluntad, y con exacerbada precisión. Alguna vez se propone recordar un día entero, pero para hacerlo requiere de un día entero. A Funes el perro visto de frente a las tres de la tarde no le parece el mismo visto de costado a las tres y quince, y le molesta que se los llame con el mismo nombre. Su habitación es muchas, infinitas habitaciones, pues las sombras y colores jamás serán los mismos. El sistema numeral también le ofende y se embarca en la creación de un nuevo modo de recordar los números, dándoles nombres a cada uno, de modo que cuarenta y cinco podría ser “Juan Orozco” y trescientos “cuarenta y cinco”. Funes, en otras palabras, no puede categorizar, pues las categorías son para él mentiras absurdas que achatan la realidad y la denigran. Su percepción es intensa, pero a su vez tampoco puede pensar, pues pensar supone categorizar, subsumir en conceptos las infinitas diferencias del universo. Cabría preguntarse en su caso si su mente es capaz de prejuicios y de estereotipos, pero la respuesta sería negativa: para Funes no existen el español o el alemán o el negro, sino infinitas manifestaciones de individuos dispares, a quienes incluso la atribución de un nombre de pila es traicionera, pues el Kurt o el Manolo o el Obama de hoy no será jamás el Kurt o Manolo de mañana o de más tarde. La mente de Funes es un torbellino de inmediatez perceptiva que precluye la abstracción.

Pero el común de los mortales vive y muere en la abstracción, nos tumbe o no un caballo, y de allí, al parecer, nuestros prejuicios y estereotipos, categorizaciones abstraídas de la realidad que se han divorciado hasta cierto punto de la misma. Pues uno de los problemas de los estereotipos es que tienen algo de verdad casi siempre, si bien han cobrado vida propia y simplificado el devenir hasta la caricatura, por lo que siempre se puede aludir a la experiencia para justificarlos: es cierto que algunos españoles toman siesta, y que muchos negros tienen ritmo o que el alemán trabaja. Lo que no es cierto es que estas aseveraciones sean aplicables a la mayoría, y es peligroso usarlas como guía para la acción o la elección moral. Los estereotipos, además, suelen prescindir de la experiencia personal, como lo hacen las categorías de muchos órdenes cognitivos, pues de otro modo no sería posible el conocimiento y mucho menos su transmisión. En este contexto me gusta citar el ejemplo de Kant, quien en su delicioso libro sobre lo bello y lo sublime describe los caracteres nacionales de algunos pueblos de manera harto cómica, lo que hago para mostrar que la inteligencia no es defensa segura en contra del estereotipamiento, al contrario, sino más bien una aliada sibilina y poderosa. Para Kant los negros, por ejemplo, no habrían dado muestra de actividad intelectual alguna, por lo que puede considerárselos sin temor como salvajes, algo que habrá leído en algún libro de su época, pues el disciplinado Kant no se alejó jamás de su ciudad. Y es probable que sus fuentes tuvieran en parte razón: si por actividad intelectual se considera el poder leer libros, escribir novelas y tratados filosóficos, jugar ajedrez y escuchar ópera, pues los negros que se habrán encontrado los exploradores y colonizadores tienen que haber sido, por definición, bastante retardados, amén del hecho de que poco tiempo habrán tenido para aprender dichas nobles actividades, ocupados como estaban siendo esclavos o tratando de expulsar a los colonizadores a lanzazos. Para no mencionar el hecho de que tenían otras literaturas, otras artes y otras ciencias. Desde su perspectiva de profesor en Königsberg, por tanto, algo había de cierto en su estereotipo, algo de experiencia, por más manoseada que fuera.

¿Por qué esta larga palabrería sobre los estereotipos y los prejuicios? Pues porque los acontecimientos de los últimos días en la economía europea no hacen sino recordármelos de una forma u otra. Me refiero a los problemas económicos de Grecia y los países periféricos, como España y Portugal, que han suscitado la natural avalancha de análisis de todo pelaje, y la aún mayor torrentera de comentarios aledaños del hombre de escritorio y del de a pie. Detrás de las declaraciones oficiales es fácil percibir los prejuicios y estereotipos que informan la mente educada el europeo actual, como el que los griegos son unos corruptos sibaritas, los italianos más corruptos y más sibaritas, y los españoles unos gastadores como si no hubiera mañana, a pesar de que dicen todo el tiempo “mañana, mañana”. Dichos prejuicios pueden interferir en la toma de decisiones a todos los niveles, aunque los niveles oficiales han de estar corregidos de tal tendencia por mecanismos varios, espero. Pero el habitante común y corriente empieza a desempolvar sus mejores prejuicios y a votar en consecuencia. El ministro de finanzas holandés ya ha advertido de que situaciones como la de Grecia no pueden tolerarse y los países que incurran en ellas tendrán que separarse de la Unión de proseguir con sus maneras desordenadas. Esta admonición, que acaso emerge de sanas consideraciones económicas, es interpretada por sus electores más que de modo económico de modo caracterológico, y no es raro escuchar decir a los holandeses de hoy en día que los griegos son unos pelmazos que se roban el dinero y no trabajan, y todo para poder beber raki y romper platos en cuanta fiesta se ofrezca. Lo mismo se escucha de otras naciones, siendo la constante la famosa línea divisoria entre el norte disciplinado, trabajador, ahorrativo y emprendedor, y el sur haragán, hedonista, irresponsable y aprovechado. O sea, los estereotipos de siempre.

Como dije, algo habrá de cierto en dichos estereotipos, pero también mucho de falsedad y bastante de peligrosidad. Por estereotipos como esos se han comenzado guerras e incitado masacres. De momento, las voces solidarias y razonables tienen aún la primacía y parece que Grecia será ayudada y que la crisis pasará, con más o menos dolor, y se volverá a alguna medida de estabilidad un tanto más austera. Y hasta es probable que Europa salga más fortalecida de la experiencia. Pero también es probable lo contrario y tiemblo al pensar en sus posibles consecuencias. Es entonces que me sobrecoge un síndrome funesiano y empiezo a ver el mundo en sus infinitos detalles y a gozar de la contemplación de una gota de agua o de un crepúsculo en su miríada de fulgencias y reflejos, y a recordarlo todo, que es igual a no recordar nada, para no tener que pensar en los griegos o los alemanes. Porque el que escribió este comentario no será el que lo lea de nuevo, y vaya uno a saber que ha pasado entre medias. Pues ¿quién es ese peruano-holandés que se puso a teclear hace una tarde, y qué es Perú y que es Holanda, sino abstracciones sin sustancia que se desvanecen en cuanto las convoco, o mejor dicho, en cuanto comparecen a dicho campo de conciencia que llamamos, arteramente, el yo? En dichos momentos no lo sé ni quiero saberlo, pero mejor fantasma que camisa negra, digo yo, o mejor dicho, dice el yo que usurpa este cuerpo declinante y latino. Pues ya “mañana, mañana” será otro día y vámonos.

10 pensamientos en “El ritmo de los negros

  1. Lo mas seguro es que ante el panorama politico que se avecina con la mayoria absoluta anunciada ,Alfredus se de de baja en el PSOE y siga su labor en la politica bajo las siglas del PP.
    Esa es la unica forma ,extrapolando las encuestas,en las que podemos tener un gobierno presidido por Rubalcabus y a Rajoyibus como vicepresidente.

    Es la España que buscan los españoles,ser gobernados por la inteligencia de Alfredus y la constancia de Marianus …..ejem…..ay!.

    En fin,las encuestas solo demuestran que el liston en resultados electorales del PSOE puesto por Ziluminatius es insuperable…..JAJAJA….que nervios.

  2. Leyendome ,me doy cuenta que estoy anunciando la posibilidad de tener al primer presidente de gobierno transfuga ,en la historia de España ….joé…¡¡Sacré Bleu!!..

  3. 1

    No se preocupe usted, Don Polonio, que ni está “tó er pescao vendío” ni llegará la sangre al río. Ya sbe usted y si no lo sabe se lo digo yo, que al PP le sigue interesando no ganar caso de no hacerlo por mayoría absoluta. No lo considero tan fácil como las encuestas pronostican, ya que falta el tirón final de los indecisos y la campaña habitual de la PSOE del último minuto y casi prórroga. Como no sea que a los partidos nacionalistas les dé por meter mucho la pata haciendo considerar a la ciudadanía del resto del pais que no se puede estar siempre bailando al son sus intereses y por lo tanto necesitados de un gobierno con mayoría absoluta, hoy dificilmnte considerado posible del PSOE, no veo que el PP pase de una mayoría relariva. Por lo tanto sigo opinando que de no darse esa mayoría absoluta, mejor que gane el PSOE, que hará lo que tié que hacer, es decir lo mismo que la PP. A cambio, que le den Andalucía al PP, que ya le toca. …… Si el PP no me escucha y gana por mayoría simple, peor para él.

  4. Y en cuanto a los estereotipos, para mí, los más falsos son los generados como imagen política en función del sectarismo. Espero que cada vez sean menos rentables y la gente valore simplemente en función de la eficacia en la gestión.

  5. Ya sabrá usted, don Polonio, que cuando las amas de casa le piden a los taxitas en Sevilla que las lleven a comprar al Lidl, por eso de la fonética las llevan al al campo de Betis.

  6. No se confundan,Fernando IV, tiene la necesidad imperiosa de que los tontos de los cojones no le escuchen….pero la realidad es tozuda,no hay nadie que supere los logros electorales ,en elecciones legislativas, de mi bien amado Ziluminatius….ejem….jiji.
    P.D:
    ¡Viva er Beti manque pierda!!….JAJAJA….que nervios.

  7. Un 47,5% de los españoles desearía una victoria del PSOE en las próximas elecciones generales, frente a un 44,3% que preferiría una victoria del PP. Ese es el resultado de una encuesta de laSexta, hecha pública en el programa ‘Al Rojo Vivo’, y realizada preguntando a 800 personas. Son resultados similares a los que la misma cadena dio en su encuesta anterior, realizada hace dos semanas, cuando un 44% de los encuestados dijeron preferir una victoria del PSOE, frente a un 40% el PP.

    Pero…siempre existe un pero,joé:

    http://www.elplural.com/politica/una-mayoria-de-espanoles-preferiria-una-victoria-del-psoe-el-20n/

  8. Los medios de comunicacion de la caverna estudian la posibilidad de apoyar al PSOE de Alfredus,ya que tienen una duda existencial ante la posibilidad de tener que hablar bien del gobierno de España.

  9. Muchas gracias, Frans.

    Ana Terradillos (SER):

    “Podría haber comunicado de ETA en las próximas horas coincidiendo con la celebración del Gudari Eguna mañana. Se prevee duro y con muchas acusaciones contra el gobierno.”

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