El riesgo de darse mus

Senyor_J

Los días han transcurrido sin novedad en cuanto a la formación del Gobierno de España, y como resultado de ello, los partidos se preparan para una nueva refriega electoral que contribuya a desatascar la situación. Para algunos se presentan estas elecciones en clave gatopardista, donde todo cambiará para que todo siga igual, lo que obligará a plasmar acuerdos que hasta ahora no ha sido posible establecer. Para otros, de inspiración más francófona, de lo que se trata es de deshacer el empate técnico mediante una segunda vuelta que ponga a cada uno en su sitio. La conventional wisdom tiende además a interpretar que los partidos clásicos saldrán reforzados y los emergentes, especialmente los peligrosos populistas, debilitados. Sea como fuere, de momento nos consolaremos con ver como se acerca hacia el clímax esa partida de mus que vienen disputando cinco grandes fuerzas estatales en busca de su lugar bajo el sol. 

Rajoy, cuya cabeza es una de las que van a saltar según cuál sea el resultado electoral, se sigue tomando la vida con su parsimonia habitual. Es de los que empiezan la mano con dos reyes y no hace otra cosa que irse dando mus para ver si le sale un tercer rey, un 31 o cuatro reyes. Todos estos meses se ha dado mus, mientras los otros partidos lo cortaban y a base de esperar, cree que afronta por fin una mano con posibilidades de que sea la victoriosa. A base de descartarse le ha caído un tercer rey y se le ha puesto cara de travieso. Ahora todo depende de que la abstención haga su trabajo, de que los votantes que probaron el naranja descarten apoyar un acuerdo con el PSOE y de que los últimos escándalos no se noten demasiado.

Pedro Sánchez es todo lo contrario de Rajoy. Casi cada vez que le toca pronunciarse, corta el mus y envida a grande, sin importarle si lleva buenas cartas. Con ese vicio de ir siempre a pecho descubierto, el balance de sus partidas está siendo más bien penoso. Formó pareja con Ciudadanos y lanzó unos cuantos órdagos que no le salieron bien: ahora uno con el pacto con Ciudadanos, ahora otro presentándose a la investidura… Los otros jugadores no han picado con las jugarretas de Sánchez y además casi siempre le han visto las señas, por lo que tampoco les ha resultado demasiado complicado anticiparse a sus movimientos. Y el hombre sigue ahí, en las mismas, aunque la partida se le está poniendo cada vez peor y su futuro político es una incógnita. En el sur conspiran contra él y en el norte otras alternativas son las preferidas, por lo que si no gana algo ahora jugando bien por una vez, será en breve jugador retirado.

Pablo Iglesias ha jugados sus manos de una manera más racional. Cuando eran manos los otros, seguía a su compañero o bien dejaba que sus rivales tomaran la iniciativa. Cuando era mano él, cortaba el mus para intentar atraer a alguno de sus rivales a un gran acuerdo que trajera un gobierno de cambio en España. Pero los otros jugadores han rechazado todos sus envites al grito de “No quiero, no quiero”, por lo que él ha ido puntuando hasta donde ha podido y ha aprovechado los muses de sus contrincantes para mejorar sus manos. Ahora, tras el acuerdo con Izquierda Unida, también se le ha puesto cara de felicidad y le han cortado el mus con una mano cargada, capaz de plantar cara a la de Rajoy. Esta vez no será necesario elegir entre Alberto y Pablo, sino que irán juntos y acompañados por todas las confluencias regionales que demuestran realmente ser el cambio político en España.

A Albert Rivera le gusta mucho también cortar el mus pero tiene muy mala suerte con las cartas. El querría que le llegaran reyes pero en sus manos abundan en el mejor de los casos los unos y en el peor los cincos, los seises o los sietes. Lo suyo es el juego de boquilla y siempre que puede se lanza a la yugular con lo que tiene, por lo que a veces sale trasquilado. Sus amigos, cuando lo ven jugar, a veces comentan: “¡Qué bien que juega Albert! El día que le caiga una buena mano arrasará”. Sus rivales, en cambio,  no tienen tan buena opinión de él y no son pocas las veces que sonríen cuando insiste en querer jugar haciendo pareja con Pedro. Con ambos yendo juntos, la partidas son mucho más divertidas, pues siempre salen al grito de que van a arrasar y luego al final, pues bueno, se quedan como se quedan. En esta hora decisiva, no parece que un surtido de reyes le estée esperando a la vuelta de la esquina al bueno de Albert.

Un caso más peculiar es el de Alberto Garzón, que tiene un magnetismo especial para los unos. Estos casi siempre le sirven para ganar la chica y no descolgarse del todo de la partida pero ya llevaba tiempo soñando con formar pareja con un jugador un poco más afortunado y ahora tiene por fin a su lado un buen captador de reyes como Pablo. Piensa que formando pareja con él puede poner sus unos al servicio de una causa mayor, a la que aportará la victoria de chica y algún puntillo a los pares. Eso puede ser lo que justo lo que necesite Pablo para liquidar a la extraña pareja de Pedro y Albert y rematar a Mariano. ¡Vamos a ver si lo logran!

Y así está la cosa para estos jugadores, cuando se acerca la batalla definitiva. No sabemos cuál será el desenlace, pero promete ser entretenida, a pesar de lo repetitivo de la misma. Esperemos que esta vez los partidos entiendan mejor sus obligaciones aritméticas y puedan discutir todo lo que se tenga que discutir, sin recurrir a tabúes ni a sacrilegios. Si hay que hacer unas nuevas elecciones, que sirva para algo más que volverse a dar cabezazos contra la pared y que los matices que introduzcan los electores tengan su traducción en las decisiones de formar gobierno. Y si algunos se resisten a escuchar algunos mensajes, pues que apuesten por lo de siempre, pero que no nos hagan perder más el tiempo.