El resurgir del Imperio Persa

Magallanes 

La chulería con la que se expresan públicamente Ahmadineyad y Salehí, el director de la Agencia Iraní de Energía Atómica, respecto a que no van a negociar sus derechos nucleares en su reunión del 1 de octubre con el Grupo de los 6, pone de manifiesto sus intenciones  de conseguir bombas atómicas. Simultáneamente han admitido que tienen una segunda planta de enriquecimiento de uranio cerca de Qom. Esta planta, bautizada por Ahmadineyad  como “la linterna”,  dicen que es necesaria porque ante un ataque a la otra planta hay que asegurarse de que las actividades nucleares no se paralizarían. Al mismo tiempo han lanzado misiles de largo alcance que pueden llegar hasta Israel y más allá.  Hasta el Parlamento iraní ha advertido que responderá ante más sanciones con contundencia.

 Veo una conexión de toda esta actitud belicista con el reciente fraude de las elecciones iraníes. El ala militarista de Irán, dirigida por Ahmadineyad y respaldada por el líder supremo religioso Jamenei, no podía dejar que las elecciones las ganara algún partido más conciliador con Occidente y que fuese capaz de detener la obtención de la bomba atómica. Y, una vez conquistado el poder, la mejor manera de acallar  las protestas es unir al pueblo iraní bajo el lema de “la patria está en peligro” y “han herido nuestra soberanía nacional”. Nada mejor para ello que conseguir que Occidente amenace a Irán nuevamente si prosigue su consecución de la bomba atómica.

 ¿Qué sanciones puede imponer Occidente a Irán? Aparte de su aislamiento financiero de los epicentros financieros occidentales, su principal debilidad radica en que tiene que importar el 40% de sus necesidades de gasolina y gasoil, dada su escasa capacidad de refino. Pero prohibir internacionalmente abastecer de gasolina a Irán, choca con Rusia. En efecto, Rusia no está por la labor. Y, si se intentase imponer esta sanción sin su aprobación, podría producir y abastecer por tierra toda la necesidad de gasolina que tiene Irán.

 Recientemente EE.UU. ha hecho un regalo a Rusia consistente en no conceder la  instalación del escudo anti-misiles que proyectaba en Polonia y Chequia. Pero al parecer, Rusia requiere algo más contundente: un nuevo acuerdo de Yalta, aunque sea secreto, en el que EE.UU. y la UE se comprometan a nointerferir ni fortalecer militarmente ni a Polonia ni a todos los antiguos miembros de la fenecida URSS, ahora independientes de Rusia. Eso es muy duro para EE.UU., por lo que no parece que pueda cumplirse.

 Por otro lado, Israel  amenaza con bombardear unilateralmente a Irán. Al estilo con el que hace muchos años destrozó una instalación nuclear en Irak y hace un año una instalación similar en Siria. Sin publicidad, sin molestar a nadie más. No se sabe si es una farolada de los dirigentes israelíes o si va en serio. Lo que sí se sabe es que un ataque  a las instalaciones nucleares  de Irán no es una operación similar a aquellas que podrían hacerse en uno o dos días. Requiere varias fases:

  1. destruir la aviación y marina de guerra iraní,
  2.  destruir sus bases de misiles anti-aéreos para garantizar el dominio total de su espacio aéreo,
  3. el ataque propiamente dicho a las instalaciones nucleares con bombas capaces de perforar montañas.

  Pero posteriormente ocurriría la ´”venganza persa”. Si no se han destruido sus plataformas de lanzamiento de misiles, puede lanzarlos a diestro y siniestro, pero más importante es su capacidad para bloquear el estrecho de Ormuz. Con pequeñas lanchas, puede sembrar de minas ese espacio acuático y/o amenazar con bombardear los barcos que se atrevan a pasar. Las minas son lo peor, ya que la operación posterior de limpiar de minas el estrecho es lenta y siempre pueden quedar algunas sin detectar. El precio del petróleo se dispararía y muy pocos barcos estarían dispuestos a probar fortuna.

 Desgraciadamente, una acción militar israelí, arrastraría a EE.UU. a  intervenir  no solo porque en las fases ofensivas Israel no puede hacerlo solo, sino porque también tendría que intervenir para evitar que se pudiese sembrar de minas el Golfo Pérsico y para destruir las instalaciones de cañones y misiles en sus costas.

 Las consecuencias para la política de Obama de acercamiento al mundo musulmán se irían al traste y el escenario político y económico del mundo cambiaría totalmente. Algo así, como si la crisis de los misiles de 1962 hubiese acabado mal. Resulta más fácil conceder todo la que quiera Rusia para aislar a Irán y evitar que Israel juegue a David y Goliat.