El relato de los candidatos perdidos

Senyor_J

Había llegado una vez más el momento de comunicarse de nuevo con los pobres mortales. Es por ello que Felipe bajo de su trono celestial hace unos días, tomó su pluma y entre habano y habano empezó a escribir un extenso artículo en El País. Por si las almas descarriadas no habíamos entendido bien lo sucedido en ese lío de Tomás Gómez y compañía, por el que el primero ha dejado de ser secretario general del Partido Socialista de Madrid y cabeza de lista a la Comunidad de Madrid, optó por explicárnoslo. Resulta que se trata de aquello del bien mayor: “A los compañeros que piensan que la democracia interna está por encima de los resultados electorales debo decirles que se equivocan”. Enorme frase esta, que empieza con una invocación y concluye con una revelación: que los árboles de la democracia interna a menudo impiden ver el bosque de lo que hace falta para ganar. Que no por mucho participar, se sirve mejor a la ciudadanía ni amanece más temprano.

Por suerte, siempre que sus compañeros -o incluso la humanidad- lo han necesitado, Felipe ha estado ahí para exponer la forma en que debe organizarse la vida política y esta vez no podía ser menos. Así habló: “Tenemos que superar las tentaciones endogámicas y controladoras y apoyar la gran oportunidad que se nos está ofreciendo en estos días de personas y proyectos que lleguen a la mayoría social que espera respuestas”. En otras palabras, nos dice que no nos obnubilemos demasiado con la democracia interna o, lo que es lo mismo, con la participación en la designación de candidatos, porque al fin y al cabo está viciada por los sistemas internos de poder que afectan a cualquier partido con algo de historia. Y que aceptemos con naturalidad los golpes de mano que se den por parte de los que saben, en este caso de órganos de dirección superiores, pues todo lo ven, incluso el futuro, y están dispuestos a actuar para prevenir debacles electorales. Ellos son los que en última instancia han de decidir quién es el candidato adecuado si la masa de feligreses no es capaz de dar su apoyo a la persona conveniente y prescindir de los falsos profetas endogámicos. Todo eso, además, debe aceptarse con total naturalidad.

No obstante, el PSOE no es el único que inventa contradicciones donde no los hay en cuanto la relación entre democracia interna y candidatos electorales. Miren a Izquierda Unida de Madrid, donde distintas direcciones han ido saboteando la victoria de Tania Sánchez, obtenida en buena lid, y facilitando su salida de la organización. En ambos casos topamos con eso de que, en estos mundos, cuando el candidato elegido, por los motivos que sean, no es del gusto de una cúpula relevante, se toman medidas expeditivas para que deje de ser candidato y asunto concluido. Por un momento parecía que a este y al otro olmo viejo, hendidos por el rayo y en su mitad podridos, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes les habían salido, en forma de participación y elección directa de candidatos. Sin embargo, sus propietarios, a pesar de que dicen que no les gusta el olmo tal y como está, prefieren podar sus brotes si las hojas que salen no son de su agrado.

Cuesta entender que en un momento en que se pone en cuestión la dinámica bipartidista y se reclama mayor participación en los partidos o, ante todo, control ciudadano de las instituciones, se den golpes de mano a plena luz del día como el que se ha dado o maniobras obstruccionistas de todo tipo. Aun creyendo eso de que es necesario combatir la endogamia interna, ¿cómo se puede acusar de endogamia a otros, cuando al final se escoge a dedo a otro candidato y se le somete a un proceso de ratificación interno en el que ningún otro aspirante tendría posibilidad alguna de ser elegido, mientras el hombre finalmente señalado desde arriba para sustituir al defenestrado pone cara de “a mí que me registren, que yo no sé nada” durante el sainete sustitutorio? ¿Sacarse de la chistera un candidato en el último minuto tras tirar al otro por el balcón y que un medio de comunicación repleto de conflictos de interés saque una encuesta ad hoc anunciando la victoria electoral gracias al “habilidoso” remplazo es lo que reclama la ciudadanía? Quién sabe, quizás sea cierto que Felipe ve cosas que los demás no ven, cuando afirma que “lo que elegimos dentro del partido está alejado o en contradicción con lo que los ciudadanos están esperando de nosotros”, pero más bien parece que nos encontramos ante una forma terriblemente caduca de entender la política.

Lo nuevo, en materia de participación, es renovar las estructuras y combatir las endogamias con más democracia interna, no con menos. Entre otras cosas, porque solo así las organizaciones políticas van a poder abrirse y acercarse a la sociedad realmente existente. No es la única condición necesaria, ya que dichas estructuras se recrean con notable rapidez, pero sí que resulta imprescindible. Ni el desenlace del asunto Tania Sánchez, con su salida de la organización, ni el de Tomás Gómez, con sus sustitución exprés por el artículo 33, refuerzan precisamente la confianza de la ciudadanía decepcionada con la política que venimos sufriendo. Por el contrario, refuerzan la fractura entre las personas de a pie y los partidos tradicionales, alentando el ascenso de fuerzas alternativas entre las que precisamente es Podemos, con unas formas de participación completamente abiertas y con un grado de democracia interna incomparable con el del resto de partidos, quien mayores beneficios viene obteniendo de ello. Esto sin duda es bueno para la sociedad, pero es malo para algunos partidos, por lo que convendría reflexionar un poco más algunas cosas.

En definitiva, no parece, pues, demasiado adecuado virar hacia lo viejo sino profundizar en lo nuevo, incluso desoyendo las voces de los padres fundadores o de otros seres. A veces va bien. Algunos ya lo intentaron y solo descarrilaron cuando dejaron de hacerlo. Que le pregunten a Zapatero. Como en el mito de Orfeo, José Luis intentó sacar al PSOE del infierno en que se encontraba y la reina del Hades, Perséfone, le advirtió de cómo debía hacerlo: dejando que el socialismo caminase tras él y sin volver nunca la vista atrás. Pero en plena crisis, José Luis escuchó a quien no debía, miro hacia atrás y se encontró de repente reformando la Constitución con total nocturnidad. Y es que cuando ciertas voces hablan incesantemente, si no se procura cerrar las orejas, es fácil descarrilar. Días atrás susurraban: “Pacto de estado, pacto de estado…”. Y hay quien dice haber oído: “Gross koalition, Gross koalition“.