El procés catalán es una cuestión de oportunidad política

José Rodríguez

Las instituciones españolas, y por ende las catalanas, tienen más fallos que una película de chinos. En el caso autonómico se notan por ejemplo en las redes clientelares que se han tejido. No escapan los partidos de ningún color, el PSOE las tiene en Andalucía, el PP en Valencia y CiU las construyó durante como mínimo 23 años en Catalunya, solo por citar algunos ejemplos

El propio sistema de financiación autonómico benefició durante dos décadas a un Jordi Pujol que, en lugar de afrontar un modelo de financiación corresponsable y serio, decidió seguir la política del “peix al cove”, que no es más que un mercadeo con los gobiernos de turno donde él apareciera como conseguidor. Para un presidente autonómico le es más cómodo echar las culpas a “Madrid” o gastar un dinero que no recauda y, por tanto, no se transforma en más carga fiscal (es lo que tiene que la financiación autonómica sea bastante arbitraria y esté en manos del gobierno de España).

El sistema de financiación autonómico no es más que un ejemplo de instituciones que funcionan mal, muy mal, en España. Hay decenas de elementos que requieren una reforma a fondo (desde la financiación de los partidos, pasando por elementos del mercado laboral).

Y curiosamente, estando la mayor parte de analistas, e incluso políticos, de acuerdo en que hay que reformar, muchos no se reforman. Lo normal en cualquier sistema institucional es que haya estabilidad, el statu quo favorece esto. Siguiendo con el ejemplo de la financiación autonómica, no se afronta porque a la mayoría de interesados con posibilidades de impulsar los cambios no les interesa. A CiU le funcionó muy bien su relato de conseguidor que le ayudó a crear su red clientelar, a los dirigentes políticos estatales y regionales que montan redes clientelares en sus territorios tampoco les interesa. Hay elementos que sabemos que funcionan mal, pero no se reforman porque los principales beneficiarios de esas disfunciones son los que las han de impulsar.

Para cambiar las instituciones a fondo no basta con conseguir una mayoría parlamentaria concreta. Con solo esa mayoría es fácil caer en los incentivos y tejer tu propia red clientelar y dejar las reformas de fondo. Además las reformas suelen ser poco populares a corto plazo, sobre todo entre los que apoyan a los dirigentes políticos.

Para hacerlo también se requiere una mayoría social y que esta sea bastante transversal, para que las reformas institucionales no se identifiquen como que se hacen de una clase social contra la otra. Puedo querer cambiar el mercado laboral a fondo, tener una mayoría política que lo apoye, pero si los sindicatos o la patronal cree, que hago las reformas en contra de los intereses que representan,  al final me la van a sabotear. A largo plazo las reformas de fondo requieren consensos sociales amplios, ya que es fácil reunir una mayoría política nueva que liquide esas reformas.

Esa oportunidad hoy solo existe en el procés catalán. Este es transversal. En el procés hay elementos sociales de izquierdas y de derechas, de empresarios y trabajadores, de ciudadanos catalanohablantes y castellanohablantes, gente joven y mayor, comerciantes y consumidores, emigrantes y nacionales, parados y personas activas, jubilados y estudiantes. El apoyo a la consulta es hegemónico en la sociedad catalana, en todos los estractos sociales, en todas las franjas de edad y en todo el territorio, tiene el apoyo de más del 80% de los representantes políticos catalanes y ha sido aprobado por el 91% de los ayuntamientos catalanes.

Además el procés no es algo que pueda monopolizar un actor político. No es el proceso de Mas, o el de Junqueras, ni el de la CUP, ni el de ICV, ni el del PSC, que entra y sale del consenso mayoritario. Ni tan siquiera es un proceso que puedan monopolizar los políticos, ya que los movimientos sociales de todo tipo (desde los sindicatos mayoritarios a casas regionales, pasando por entidades culturales y deportivas, patronales y asociaciones de vecinos)  son pieza clave en las movilizaciones y en el apoyo al “dret a decidir”.

Es decir, es un “procés” que guste o no a sus detractores, tiene los elementos de apoyo político que lo hace pluralista, con elementos institucionales y sociales y transversales como para poder tener capacidad de hacer cambios institucionales a largo plazo duraderos y que la sociedad lo acepte independientemente de las mayorías políticas puntuales.

Que, además, cuenta con el suficiente apoyo social y en la calle como para poner al statu quo, catalán y español, contra la pared. La estrategia de bloqueo institucional del PP, apoyada por el PSOE ya no es sostenible. Diversos editoriales internacionales le están diciendo a Mariano Rajoy que haga reformas que afronten el modelo territorial y que permitan votar a los catalanes su futuro político dentro o fuera de España. Rajoy tiene vías legales para afrontar el procés, simplemente no quiere hacerlo. El statu quo se defenderá siempre como gato panza arriba.

Algunos pueden creer que el problema de encaje nacional sea un tema menor frente al problema de la crisis, del paro, de la corrupción, de la crisis institucional, del reparto de recursos en el estado del bienestar, etc… Pero es que gran parte de esos problemas existen y son más graves precisamente por los enormes defectos de nuestras instituciones.

Así que entendamos que el procés catalán es posiblemente el único elemento con fuerza suficiente y la única oportunidad de cambio institucional profundo que tienen las instituciones catalanas y españolas.

Si el procés termina al final con la independencia de Catalunya, el resto de España tendrá que redefinir muchas de sus instituciones, desde el mapa electoral y político, pasando por el de financiación del estado de las autonomías. Como poco. Si el procés termina al final forzando al poder político español a construir un estado federal o confederal, las reformas posiblemente sean de más calado y generales.

Creo que los que tienen agendas reformistas para España deben aprovechar el motor del procés catalán para apoyarse en él, y utilizarlo para forzar más reformas de las que al statu quo no le gusta ni tan siquiera plantearse.

O eso, o podemos esperar 35 años a tener otra oportunidad histórica en la que el statu quo esté tan contra las cuerdas.

10 pensamientos en “El procés catalán es una cuestión de oportunidad política

  1. Bien! Trinito en DC. Una nueva pieza en la “levantinización” de de DC.

    Que dice @mvilaredon que la desbloquee en el tuister.

    “sistema de financiación autonómico benefició durante dos décadas a un Jordi Pujol ”
    Lo había entendido al revés, que Pujol (o su familia) se había beneficiado de las finanzas autonómicas.
    Puede que politicamente Pujol de beneficiara del “conseguidismo”, pero Catalunya ha estado infrafinanciada desde… 1714. El problema de las cuentas públicas Españistan/Charneguistan es anterior a Pujol, A Companys, A Prat de la Riba, a Pi i Margall… etc
    Dicen por ahí que “padres de la patria” como Roca i Junyent no quisieron un concierto como el vasco, porque recaudar (fines de los 70) era impopular. “Padres de la patria” con gran agudeza política, si señor. No se si se contradice con la anécdota del Guerra y el alpiste.

    No tengo claro que la estrategia del bloqueo institucional no sea sostenible en un país cuya opinión publicada apela a no hacer caso a las urnas si no coinciden con su interpretacuon del Libro.
    La seguiran sosteniendo hasta que del bando soberanista pase el Rubicón, político o económico (Agencia Tributaria Catalana). Y a apartir de ahí… no se…
    … Merkel dispondrá… 🙂

  2. Por cierto, el gobierno ha enviado al Constitucional lel Decreto de la Gene contra la pobreza energética. No se puede a nadie cortar la luz o el gas entre Noviembre y marzo (hablo de memoria) aunque no pague.
    Dice el PP que eso rompe con la igualdad entre todos los españoles.
    Se habla poco del tema y en cambio más de cosas como los cuadros de 1714 y tal.
    A la prensa del reino le interesan más lo temas identitarios, se ve…

  3. Carmen Chacón se ha pasado al eje del mal?
    (Me empieza a caer bien esta mujer.)
    ::
    Escuchas las reacciones de partidos y sindicatos al escándalo de las tarjetas de Caja Madrid y comprendes que lo de Podemos va a ser historico. Y sin bajarse del autobús.

  4. O sea, que como el procés catalán es transversal, una vez que haya triunfado, puede abordar muchas reformas: combatir la corrupción, cambios en el mercado laboral, conseguir una financiación autonómica responsable, variar la proporción entre imposición directa e indirecta, etc.
    Me parece exageradamente optimista. Una vez conseguida la soberanía o ser Nación dentro de un Estado federal asimétrico, empieza el procés de descomposición de la transversalidad: unos quieren mas impuestos indirectos, otros mas gasto social, otros que Catalunya tiene que tener sus fuerzas armadas con aviones, barcos y Estado Mayor, otros mayor cantidad de inspectores para controlar la corrupción,etc. Hay una anécdota de Mahoma que lo explica todo: Ganaron una batalla contra los infieles, sus generales le felicitaron, pero el permanecía poco convencido. Le preguntaron porqué no se había alegrado y contestó: Ahora viene la batalla más dificil, es la batalla contra nosotros mismos.

  5. La insolencia del Padrino, de Gregorio Morán en La Vanguardia

    el 4 octubre, 2014 en Comunicación, Derechos, Ética, Libertades, Nacionalismo, Política, Sociedad, Sociología, Valores
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    SABATINAS INTEMPESTIVAS

    Casi todos se lo deben todo, porque, como muy bien expresó su señora, la Generalitat era su casa

    Algún día alguien convertirá en un gran guión cinematográfico la comparecencia del exhonorable Jordi Pujol en el Parlamento. Primero un largo travelling en el coche oficial que le lleva; cara adusta y un desprecio que le sale por los poros. ¡Qué se habrán creído estos payos! Y ahí la superposición de imágenes de su poder omnímodo, de sus intervenciones parlamentarias sin réplica posible, de su humillación permanente a los plumillas sobre cuándo toca y cuándo no toca, y sobre todo la escena espectacular del balcón de la Generalitat, aquella tarde de mayo de 1985, cuando exonerado de una de las estafas más escandalosas de la historia bancaria de Catalunya, dijo con voz solemne, un tanto agrillada por la emoción: “A partir de ahora seremos nosotros los que hablemos de moral y de ética”. Y las masas embebidas ante el líder, como si se tratara de un documental de Leni Reifenstahl.

    De ahí la secuencia empalma con la entrada en el Parlament donde sumisamente, como corresponde a un Padrino que va a encontrarse con un subalterno, la presidenta Núria de Gispert recibe al expresident en el umbral y le conduce a las salas altas. Le ha invitado a comer. No creo que haya precedentes en la historia parlamentaria de Europa que un político delincuente haya tenido el privilegio de compartir mesa y mantel con quien va a dirigir el debate. (A partir de ahora, cada vez que me cite un juez le pediré respetuosamente a su Señoría que tenga el detalle de invitarme a desayunar; al fin y al cabo yo siempre he pagado más impuestos que el exhonorable, y la justicia se sostiene de eso). ¡Qué gentil es la clase política catalana y qué encantadores son sus comentaristas!

    El filme continúa. La intervención emotiva de por qué un buen hombre se ve obligado a estafar por el bien de sus herederos, y a su vez enseña a su hijo cómo en los tiempos oscuros es mejor robar a que te roben; una enseñanza que marcará el destino de este hombre providencial. Una pequeña herencia, entonces suculenta, testimonio más falso que un duro sevillano. Luego la pantalla va desgranando las intimidadas declaraciones, reflejando el respeto que les merece el Padrino, que apenas los mira. Casi todos se lo deben todo, porque, como muy bien expresó su señora, modelo de mujer y esposa, al decir de las masas, una Evita Perón con floristería: la Generalitat era su casa. Y la voz un tanto quebrada de los líderes de la oposición -eché a faltar la zapatilla del líder de la CUP que exhibió ante Rato, que en este caso yo hubiera sugerido una Chiruca de las de antes, pero le dijo algo conmovedor: le negaba un asiento en el inminente viaje a Ítaca-. Estupefacto debió quedar el exhonorable.

    Y entonces llegó el gran momento de este actor de provincias, que no pronuncia bien pero que como la gente le tiene muy visto y muy oído, puede reconstruir las frases sin demasiado esfuerzo. Le salió bordada la insolencia al Padrino. “Yo no soy un corrupto”. Incluso salió Felipe González de avalista, ¡con el pedigrí que le garantiza! La casta se protege y los padrinos más; aunque la zona de tu influencia no sea la misma, compartes pasados y trampas y hasta cosas más gordas que la autocensura evita que se escriban. Bastaría con ese momento de la entrevista de Mónica Terribas a Artur Mas: “¿Está usted limpio, president?”. No hacía falta un detector de mentiras ante lo inseguro de la respuesta.

    Pero sigamos con el filme. El Padrino de Catalunya, antiguo presidente, expresa una idea genial, un retrato de su personalidad: “Yo me he desnudado”. A inventarse una historia para tontos creyentes sobre una supuesta herencia antes de que le cayera la Hacienda, y la Policía, y los Tribunales; al taparrabos de sus vergüenzas lo llama “desnudarse”. Es toda una concepción del mundo. Fue entonces cuando pensé por primera vez que no estábamos ante el redentor de unas clases sociales complacientes con la Dictadura que él había redimido gracias a un panfleto que redactó pero que no tiró en el Palau, y por el que pasaría cárcel, en la que tuvo la fortuna de poder solicitar que fuera Zaragoza, cerca de casa, modesto privilegio que miles de antifranquistas no soñaron. En el texto se denunciaba al Caudillo de corruptor de la sociedad catalana, la lucha por la libertad aún no estaba del todo presente y menos en el Palau. Digo, que cuando escuché la insolencia del exhonorable President, pensé por primera vez en la posibilidad de que más que un redentor se tratara de un impostor. Aquí termina el filme y empieza la historia.

    Cuando dio por terminada la sesión, que él mismo programó en día y hora, se evidenció que no tenía ganas de seguir representando aquella pantomima. Un Padrino no se somete a sus empleados políticos. Son subalternos y de eso se encargó ese tipo de aspecto definitorio que es Jordi Turull, un sacristán untuoso y servil como un personaje de Goldoni, que ayudó a la misa del Padrino, desdeñoso con aquella feligresía. Ni siquiera agotó el turno que le quedaba. No merecía la pena ni gastar saliva.

    ¿Y si Jordi Pujol Soley siempre hubiera sido un impostor? El hombre que salió de la cárcel para crear un Banco, no un Partido; cosa insólita en la historia de la humanidad. Un banco que quebró y fraudulentamente, y que gracias al respaldo de una parte de la sociedad catalana, logró envolverse en el patriotismo y la bandera para evitar la humillación de asumir una estafa de la que él salió beneficiado no sólo políticamente sino económicamente.

    Dónde fueron a parar todas aquellas boberías sobre Mounier y Charles Péguy, a los que probablemente ni leyó ni le interesaron nunca un carajo. A mí llegó a decirme que lo último que había leído en su vida era a Mounier. Lo dudo. Liquidó todo lo que podía tener de integrador la Enciclopedia Catalana, llevó a Ediciones 62 al colapso, creó un periódico, El Observador, que merecería un estudio sobre la instrumentalización política a costa del erario. Consiguió el control de los medios de comunicación en Catalunya, absolutamente.

    Todo lo que tocó en la cultura fue para domesticarla y luego comérsela. ¿A qué periodista, escritor, personaje de la cultura no invitó a charlar con el señuelo de haber escrito un artículo brillante, un libro agudo o una reflexión interesante? La vanidad profesional quedaba colmada porque uno encontraba su libro o su artículo encima de la mesa del exhonorable, convenientemente subrayado, a partir de lo cual se desarrollaba la más surrealista de las conversaciones: un monólogo del Padrino. No era sólo un manipulador sino un comprador de conciencias. ¿Qué político del PSUC o de lo que fuera, y que aceptara someterse, no conseguía un buen cargo como historiador o editor o comentarista? Vasallaje y discreción. Lo único importante era la Familia, como los Padrinos. ¿Qué puede hacer un hombre sin familia? Y en verdad que él alimentó de modo suculento a la suya. No fue un político corrupto, fue el jefe de los políticos corruptos.

    En octubre de 1999, a punto de la última victoria casi pírrica del president Pujol que cerraría los 23 años de poder absoluto, el hombre que había logrado reintroducir el miedo en la sociedad catalana y en sus medios de comunicación, escribí un artículúo que las circunstancias no consintieron su publicación. Ahí iban unos párrafos que ahora, con el derecho que me otorga el tiempo y la razón, convendría repetir: “La doblez pujoliana es uno de los hallazgos de la historia contemporánea de este país. Ha conseguido hacer de la doblez una moral. Entre el personaje real y el que la gente se quiere creer hay tal diferencia que el resultado es un producto genuino: él es él y su doblez”.

    “Y esta doblez pujoliana, que es el privilegio mejor guardado del Olimpo, ha cimentado el denominado oasis catalán. En casi veinte años se ha creado un sindicato de intereses del tal envergadura, que al final se impone como moral social la propia doblez pujoliana: no somos como somos sino como creemos que somos”. El artículo, ¡ay!, se titulaba “Las trampas del redentor”.

  6. Otro ejemplo, estupendamente escrito, eso si, del pensamiento mágico que describía Laura Freixas hace unos días en El País.
    Empezar reconociendo que hay clientelismo en toda España, incluyendo Cataluña, y en vez de preguntarse si el “procés” es un ejemplo de tal cosa (viendo las escuelas locales, la televisión local, los subvencionados sindicatos locales, y tantos), se invoca al pueblo, la supuesta transversalidad del movimiento desde abajo. Que si es espontáneo. No sé en qué parte de Cataluña vive JR (bueno, creo que si), pero en la mía no veo más que la mano desleal del gobierno autonómico y del nacionalismo catalán para romper la baraja, dándose en el proceso unas cuantas subvenciones. Por no hablar de los rumores del dinero ruso detrás de la ANC.
    Y la culminación del artículo es esa típica condescencia del nacionalismo catalán de izquierdas, decir que en el fondo este romper la baraja de las instituciones españolas sería bueno para el resto de España. Que casi lo hacéis por el resto del país. Vamos hombre, que no somos idiotas.
    Además, si Robinsom y Acemoglu lo leyeran, ¿qué pensarían? Yo veo el esfuerzo de la élite local, que ha ocupado todas las insituciones locales con mecanismos de patronazgo para darse más poder a si misma. Pretender que es para dar más poder al pueblo es ser un ingenuo que no ha aprendido nada de la historia.

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