El primer reto de 2009

Millán Gómez

Justo cuando el año 2008 está dando sus últimos coletazos ya vemos a la vuelta de la esquina los nuevos retos a los que se enfrentará nuestra clase política en 2009. El presidente de la Xunta de Galicia, el socialista Emilio Pérez Touriño, deshojó por fin la margarita y anunció que las elecciones autonómicas se celebrarán el próximo 1 de marzo. Tras meses de rumores y precampaña continua, el bipartito, en contra de lo que había anunciado hace escasos meses, no agotará la legislatura en su totalidad.

 

Tras esta decisión, los comicios gallegos serán la primera cita electoral de 2009 y una auténtica prueba de fuego para Rajoy tras su reelección en el Congreso de Valencia. Por su parte, al PSOE le servirá para cotejar si la coyuntura económica le va a afectar o no desde el punto de vista electoral. Las encuestas reflejan un ligero descenso del PSOE a nivel estatal, pero hasta que no se celebren una cita con las urnas no se va a saber a ciencia cierta hasta qué punto la crisis les puede afectar a los socialistas.

 

Zapatero auguró esta semana “una victoria clara” de los socialistas en la Xunta. Se supone que se refiere a que la coalición PSdeG-BNG no tendrá problemas en sumar los escaños necesarios para impedir una victoria por mayoría absoluta del PPdeG. El PSdeG aspira, como cualquier otra formación, a ganar las elecciones y, aunque bien es cierto que ha ido escalando posiciones paulatinamente hasta manejar encuestas que les hacían soñar con ser la lista más votada, es complicado pensar en que los populares dejen de ser el partido con mayor representación parlamentaria.

 

La reelección del bipartito parece relativamente sencilla. Por lo tanto, lo más destacable de los resultados que se puedan sacar en estos comicios será cuál va a ser la correlación de fuerzas. Servirá para medir qué grado de confianza ha depositado la ciudadanía gallega en la nueva Xunta. No en vano, para el BNG será la primera vez que los electores voten conociendo su gestión en la Xunta. Para los socialistas también ocurre algo similar aunque bien es cierto que gobernaron desde 1987 a 1990 un tripartito junto a Coalición Galega y Esquerda Galega.

 

Desde el punto de vista del PPdeG, Núñez Feijoo se enfrenta a sus primeras elecciones como cabeza de lista. Hasta ahora desconocemos el apoyo social del que goza el líder popular. La larga sombra de Manuel Fraga le sigue persiguiendo y todo lo que sea no empeorar los resultados de su antecesor en 2005 será un éxito para él. Feijoo cuenta con la dificultad añadida de ser el líder más desconocido por parte de los gallegos, por detrás de Touriño y Quintana. Los asesores de Feijoo deberán cuidar su imagen pública si quieren aspirar a la senda de las mayorías absolutas.

 

El PPdeG tratará por todos los medios de intentar movilizar a su electorado rural, que históricamente ha sido la base de sus éxitos. Las encuestas internas de la derecha gallega mejoran sus resultados en las siete ciudades pero bajan considerablemente en provincias que ellos siempre han considerado como bastiones inexpugnables como Ourense o Lugo. El hecho de que la izquierda lleve varias legislaturas gobernando la práctica totalidad de las siete ciudades gallegas (ahora mismo la izquierda gobierna todas ellas) está trayendo consigo un cierto desgaste del que se está aprovechando el PPdeG. Los tiempos cambian y ahora es la izquierda quien se está consolidando como una fuerza muy a tener en cuenta en la Galicia interior. Quienes hace unos años aventuraban una situación como ésta, que me digan su número de la lotería para este año.

 

Una de las principales virtudes del fraguismo fue la de conciliar el sector de la boina y el del birrete, lo que se conoció popularmente como la “pax fraguiana”, según la cual el armisticio permanecería inalterable hasta que el ex–ministro franquista dejase el sillón. Un bajón electoral de Feijoo con respecto a 2005 abriría a buen seguro unas heridas que mucho me temo que nunca terminarán de cicatrizar. Si el sector más galleguista y rural no ha vuelvo a ondear la bandera de la escisión es precisamente porque su granero de votos está menguando a pasos agigantados. El día que vuelvan a conseguir grandes resultados volverán a sacar músculo y una escisión similar a la que acabamos de vivir en Navarra no es ni mucho menos una quimera.

 

Touriño llega a las elecciones con los deberes hechos. Durante estos tres años y medio al frente de la Xunta se ha caracterizado por ser un político discreto y muy poco amigo de grandes titulares. Su imagen recuerda a la de Zapatero por su aspecto tranquilo y conciliador. De todos modos, sabe elegir perfectamente cuándo hay que intervenir y atizar al contrario, llámese Feijóo o llámese Quintana. Su entendimiento con el Vicepresidente Quintana ya lo desearían para sí los líderes de otras coaliciones. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero si establecemos un análisis entre lo que sucedió en Catalunya con el primer tripartito y el actual bipartito gallego los datos nos demuestran que al lado del gobierno de Maragall, Touriño y Quintana parecen del mismo partido. Más allá de las lógicas diferencias que tienen que profundizar en sus discursos electorales, tanto Touriño como Quintana han cuidado mucho no erosionar con sus palabras lo que tantos años ha costado conseguir: un gobierno de izquierdas y galleguista en Galicia.

 

El PSdeG no debería recibir demasiado castigo por la crisis. De hecho, Galicia ha experimentado durante los últimos tiempos un crecimiento económico por encima de la media estatal que le ha servido para, por vez primera, quitarse los complejos y comenzar a escalar posiciones y dejar atrás el furgón de cola de las comunidades con menos recursos. Galicia es hoy la comunidad más inversora de España con un 30 % más que la media estatal. En el momento de celebrarse las elecciones ya conoceremos las cifras del paro de comienzos de año y si, tal y como apunta Solbes que 2009 será peor que 2008, quizás le venga mejor tanto a PSdeG como a BNG celebrar las elecciones cuanto antes. El origen de la elección de esta fecha probablemente se deba a este hecho, sumado al de no coincidir ni con las elecciones en Euskadi ni con las del Parlamento Europeo.

 

El cambio tranquilo y quizás excesivamente pausado del bipartito ha ayudado a mejorar la situación económica gallega. Sin aspavientos y con tenacidad, han conseguido en tres años y medio lo que nunca alcanzó Fraga ni la derecha en Galicia: mejorar la autoestima del pueblo gallego y convencernos a nosotros mismos de que por nuestros propios medios podemos conseguir el bienestar para esta tierra.

 

Lo peor de todo es que el dichoso voto emigrante seguirá trayendo cola. El motivo es claro: el bipartito no ha cumplido su promesa de permitir que los emigrantes puedan votar en urna. Siempre pasa lo mismo. Cuando un partido está en la oposición lo promete y, una vez que está en el poder, se le traspapela las promesas y no lo cumple. En principio, el favorito en la diáspora es el PSOE por su condición de partido que ostenta tanto el Gobierno Central como la Xunta. Pero nunca se sabe. Las artimañas de la derecha siempre son inescrutables. Que se lo pregunten a Simancas.

 

Por último, será difícil que un cuarto partido acceda al Parlamento Galego. EU-IU, Terra Galega y UPyD son los que parecen tener más posibilidades de conseguir esta ardua tarea. Para Esquerda Unida es complicado por su anecdótica presencia en el mapa electoral gallego y más tras la ruptura del bipartito que mantenía con el PSdeG en Ferrol. Es curioso, para un sitio donde tienen el poder (parte) lo tiran por la borda. Así es difícil. La presencia, por otro lado, de un partido nacionalista conservador como Terra Galega también es complicada aunque es de los tres quien más posibilidades tiene. Existen nacionalistas gallegos conservadores pero o bien votaban al PPdeG en su mayoría o se quedaban en casa. Por último, el partido de la egocéntrica Rosa Díez no tiene influencia alguna en Galicia. Ella sigue soñando con conseguir representación y, para ello, alimenta mentiras una y otra vez para conseguirlo. Sus falacias acerca de la supuesta persecución del castellano en Galicia pueden tener frutos en el resto de España pero en Galicia es complicado. Primero porque nadie la conoce y segundo porque la gente no es tan tonta como esta señora piensa. Las escuálidas manifestaciones promovidas por su entorno en Galicia han visualizado más cemento que personas. Ahora también se hace la interesante y dice que el PSdeG y el PPdeG le han copiado el lema electoral. Así, como lo leen. Intenta conseguir repercusión mediática a través de polémicas. Siempre lo ha hecho así. Si esta mujer realmente piensa que los populares y los socialistas están preocupados por la fuerza de UPyD en Galicia es mejor que se lo haga mirar.

 

Galicia ha progresado estos últimos años. Los datos están ahí. La sociedad gallega se ha convencido de que la izquierda no es el demonio. Tanto PSdeG como BNG han derribado muros y han conseguido introducirse en electorados con los que antes estaban muy distanciados. Ahora sólo falta que los socialistas y nacionalistas se den cuenta que el fraguismo ha pasado a mejor vida y que profundizar en el cambio es hoy más posible que hace cuatro años. Los estereotipos infundados han desaparecido y el reformismo que siempre ha necesitado Galicia cuenta con las bases suficientes para llevarse a cabo.