El precio de quitar a Sánchez

Guridi 

Rajoy no va a ser investido. Merecidamente. El discurso inicial de Pedro Sánchez en el debate de investidura de esta vez ha dado las razones por las cuales el Presidente del Gobierno en funciones no debe, ni merece seguir en el cargo.  

Rajoy, a su vez, dio las suyas por las cuales Pedro Sánchez no debería de seguir al frente del PSOE. Y ambos tienen razón.  

La permanencia de Rajoy no hace ningún bien a España, diga lo que diga Albert Rivera. Y la de Sánchez tampoco. Ahora parece que todo dependerá de los resultados de las elecciones gallegas y vascas y ese puede ser un buen punto de inflexión, tanto para desbloquear la investidura, como para poner fin a las miserias del sanchismo/luenismo.  

En Galicia es más que posible que la bronca por la injerencia de Ferraz en las listas electorales dé la puntilla al PSdeG, que podría verse superado por En Marea. Y en Euskadi, la parálisis del PSE puede condenarle a la irrelevancia parlamentaria, incapaz siquiera de servir de muleta al PNV, como está haciendo ahora.  

Ambos resultados serán responsabilidad de Sánchez y suponen otro de esos momentos donde sería posible poder relevarle al frente del Partido Socialista, gestora mediante y ponerse las pilas para renovar la Secretaría General, la candidatura a la Presidencia del Gobierno y las listas de una sola tacada.  

Es muy improbable que ambas cosas sucedan, dado que los barones han demostrado reiteradamente su temor a moverse. Y filtran, protestan y valoran temerosos las consecuencias de dar un paso que cada vez es más necesario por el bien de España y del principal partido de la izquierda española.  

Sánchez querrá apelar al voto de la militancia y para ello se escudará en que, con su “no” a Rajoy, ha defendido los valores del partido y de sus votantes; algo en lo que no le falta razón. Puede decirse que ese es su único acierto, que además ha coincidido con sus intereses personales, en su afán por mantener la Secretaría General, que vive como si fueran unas vacaciones pagadas.  

Así que el precio de quitarse de en medio a Sánchez es seguir diciendo que no a Rajoy, respondiendo a una voluntad mayoritaria de la militancia. Pero esta vez con la negativa apoyada por un secretario o secretaria general con ideas, cerebro y equipo como para convertir un simplón “no es no” en todas las razones que hay para tratar de ofrecer de verdad una alternativa al PP y a los histriónicos podemitas. Hasta para escenificar en una negociación la nula voluntad del PP de tomar medidas contra la corrupcion, enmendar unos presupuestos delirantes y revertir sus medidas más regresivas contra el Estado del Bienestas y contra los derechos de los ciudadanos y ciudadanas de España.  

Soy poco optimista, ya que el que no se mueve por miedo a las represalias de Sánchez, tampoco se mueve por miedo a las represalias de Susana Díaz. Y los pocos que quedan, tampoco se mueven por miedo a las reacciones del electorado y a perder los cargos públicos que ostentan.

Así que sí: es posible relevar a Sánchez. Pero tiene un precio. No parece haber nadie dispuesto a pagarlo.