El PP huye del centro

Millán Gómez 

La dimisión del Presidente del PP de Catalunya, Josep Piqué, supone un ataque a la línea de flotación del PP a nivel estatal y un duro golpe a las posiciones más centristas y menos dogmáticas de esta formación. Tras la dimisión de Piqué, Daniel Sirera será el encargado de presidir el PPC. 

Sirera representa las posiciones más derechistas de los populares, en perfecta connivencia con Eduardo Zaplana, Ã?ngel Acebes o Vicente Martínez-Pujalte, alias “Martínez El Fachaâ€?. De hecho, el hasta ahora portavoz popular en el Parlament de Catalunya afirmó, nada más conocerse la dimisión de Piqué, que su partido debe “defender los mismos programas, las mismas propuestas y los mismos principios” que tiene el PP “en el conjunto del Estado”. También declaró que no percibió “que hubiera ningún tipo de problema ni de discrepancia” entre el hasta ahora presidente del PP catalán y el secretario general del PP, Ã?ngel Acebes. Estas afirmaciones de Sirera suponen un nuevo ataque a Piqué y potencian las directrices del PP de Génova y limitan enormemente la autonomía política de los populares catalanes.

 Piqué, con sus defectos, pasa por ser uno de los políticos del PP más centristas, moderados y modernos. Se trata de un animal político que sabe amoldarse a las diferentes coyunturas sociales ofreciendo siempre cierto talante dialogante y conciliador que se agradece sobremanera en un contexto como es el actual donde la crispación es el denominador común que impera en todo foro de debate que se precie. 

Esta dimisión del político de Vilanova i la Geltrú produce una gran crisis en el PP a nivel catalán y sus consecuencias llegan hasta la dirección estatal del partido. A siete meses de la celebración de las elecciones generales, esta noticia supone una victoria de las posiciones más conservadoras del PP y un duro varapalo al sector más centrista del PP. El centrismo del PP queda, a día de hoy, prácticamente reducido a políticos como el gallego Núñez Feijoo o Alberto Ruiz-Gallardón, este último, como siempre, dependiendo de cómo sople el viento. 

La estrategia profundamente derechista de los populares que han llevado a cabo desde el primer día que tomó posesión Rodríguez Zapatero ya no va a variar de aquí a final de legislatura. Desde las filas populares consideran que este es el medio más directo y eficiente de volver a tomar parcelas de poder y no van a cejar en el intento. Además, cualquier guiño centrista del PP supondría una derrota política y moral de la vieja guardia popular, con Acebes y Zaplana a la cabeza.

El PP, con esta dimisión de Piqué, demuestra una vez más que obvia el electorado más centrista, que al fin y al cabo es el granero de votos que permite a un partido u otro ganar las elecciones. El centro político es la clave de toda contienda electoral y la centralidad política representa el destino preferido de cientos de miles de ciudadanos que no manifiestan un apoyo fiel a una determinada opción política y que deciden su voto en el último instante. A este electorado le falta al respeto el PP con su acción política diaria. 

A pesar de esta praxis política, desde la derecha española se manifiesta con la solemnidad acostumbrada que ellos son un “partido de centro reformista� y lo dicen tan anchos. Ni ellos mismos se lo creen. La política es convertir las palabras en hechos y por ese flanco el PP está cometiendo una grave irresponsabilidad de consecuencias impredecibles.

Por todo ello, podemos decir que las vacas sagradas del PP vuelven a hacerse con una nueva victoria interna que sirve de espejo de la futura acción política de la derecha hasta las próximas elecciones generales. Dependiendo del resultado de las próxima contienda electoral prevista para el próximo mes de marzo, quizás la derecha renueve su programa. El pueblo soberano, como siempre, evaluará y dictará sentencia.