El portal de tu casa

Julio Embid

Le voy a contar la historia de una pareja de refugiados sirios. Él artesano, ella sin ningún tipo de formación, ama de casa. Vivían felices hasta que ella se quedó embarazada. Como siempre la guerra les hizo huir de sus casas. Entre los bombardeos de las potencias extranjeras y el fanatismo religioso, montaron en su destartalado vehículo y huyeron para siempre de su ciudad. Cuando llegaron a una ciudad, en pleno invierno, buscaron un alojamiento para pasar la noche, pero en ningún sitio les quisieron acoger. Les decían que el establecimiento estaba lleno o les pedían un dinero que no tenían. Al final terminaron pasando la noche en el portal de un edificio, entre cartones, junto a tres emigrantes: un rumano, un pakistaní y un senegalés. Ella rompió aguas, pero por miedo a ir al hospital y que les pudieran deportar, terminó dando a luz allí al primero de sus hijos.

Probablemente no te dé igual que más de cuatro millones de refugiados sirios  hayan tenido que huir de su casa tras 4 años de guerra civil a varios bandos. A nadie le gustan las imágenes en el telediario, a la hora de comer, de niños ahogándose en las playas griegas. Es una pena, usted también cree que alguien debería hacer algo. ¿El qué? Ni idea, para eso están los políticos. No podemos dejar que nos maten como ha pasado en Francia, pero para eso está la policía. Mezclamos a los que huyen con los que los persiguen. ¿Ayudar a los refugiados? Bueno, usted siempre pone la X en fines sociales en mayo cuando le toca hacer la declaración de la renta. Quizá incluso pagues la cuota de alguna ONGs. Alrededor de un 20% de los españoles está comprometido económicamente con alguna de ellas. Este porcentaje aumenta entre mayores de 45, entre las personas de izquierdas y con estudios universitarios como es el perfil medio de los lectores de este blog. Sin embargo, nadie quiere tener un par de árabes durmiendo en el portal de su casa junto a los telefonillos y el buzón del cartero comercial.

Hoy, la Unión Europea quiere externalizar geográficamente la atención a los refugiados, entregándole 3.000 millones de euros a Turquía, si acepta quedarse con los sirios e impide que estos crucen en barca a Grecia para que, desde allí, recorran Europa buscando un lugar mejor para vivir con sus hijos. Si esos 3.000 millones se usasen en un Plan europeo para la acogida e integración de los refugiados probablemente nadie terminaría durmiendo en un portal. Pero bueno, a nadie le importa lo que no sale en las noticias.

Me gustaría que recordase la historia del principio de esta página cuando esta semana ponga el Belén de sus casas. A fin de cuentas, recordamos que huir del peligro y terminar pernoctando en un portal no es algo nuevo, pero que la solidaridad y el apoyo de los demás tampoco pueden quedar en el olvido. Aunque deje de salir en el telediario de las tres.

5 pensamientos en “El portal de tu casa

  1. Está muy bien el simil con el portal de Belén. Ahora bien, lo de usar los tres mil millones de euros para acoger a los refugiados sirios en Europa en vez de para atenderles en Turquía, donde se encuentran, no funciona realmente. Para empezar, en Turquía están mejor que en Europa en el sentido de que están más cerca de sus casas a las que la mayoría quiere volver. Segundo, por qué limitarnos sólo a los sirios? Los entre dos y cuatro millones de afganos que han huído de la guerra y están diseminados entre Irán, la propia Turquía y Pakistán no tienen el mismo derecho a ser acogidos? O los cuatro millones de desplazados por el conflicto colombiano? O los más de cuatro millones de palestinos que siguen figurando como refugiados y viven de la asistencia internacional en Jordania, Líbano, dentro de la propia Palestina e incluso en Siria, de la que han huído en grandes números? Hay más por el mundo. De Eritrea huyen por un servicio militar obligatorio indefinido y de Yemen, Sudán y Sudán del Sur, por la guerra. Y luego están los que huyen de la miseria extrema, que no son refugiados políticos y por tanto no tienen derecho al asilo pero que, en términos del portal de Belén deberían suscitar la misma solidaridad.
    En fin, Europa no puede acoger a todos los perseguidos y pobres del mundo. Lo que puede hacer es abogar por políticas más justas que coadyuven a imponer la paz cuanto antes en los territorios en guerra y a reducir la miseria. Ya se hace (aunque no lo parezca, la pobreza a escala mundial se está reduciendo a pasos agigantados) pero no suficientemente y las opiniones públicas nacionales podrían demandar mayores esfuerzos.
    En conclusión, es todo bastante complejo e insatisfactorio pero dentro de ese marco, el acuerdo con Turquía es bastante positivo, sobre todo para los refugiados sirios que se quedan sin la perspectiva de poder triunfar laboral y socialmente en Berlín – algo que muy pocos consiguen en la práctica – pero a cambio tendrán mejores condiciones de vida (comida, alojamiento, trabajo) en Turquía y no tendrán que arriesgar la vida en un duro, incierto y caro viaje al dorado europeo.

  2. Difícilmente el sistema nervioso de los europeos se haya puesto más a prueba que en los difíciles momentos de la migración siria.
    Nadie medianamente instruido puede dudar de que siempre ha sido así en años y siglos anteriores.
    La foto del niño kurdo muerto sobre las playas de Turquía ha desencadenado tal aluvión de emociones que ha roto la tradición política de distanciamiento, reflexión y adopción de medidas políticas proporcionales a los hechos.
    Como pollos sin cabeza diferentes cancillerías rompieron sus políticas de estado para, en un movimiento espectacular, formar un corredor humanitario entre aplausos que no conducían más que a Berlín.
    Y como toda política que ignora los límites objetivos ha terminado como el rosario de la aurora, con gran frustración para los bondadosos corazones en los que aún resonaban los ecos de los aplausos de bienvenida.
    Los europeos no somos ni culpables ni responsables de las desgracias de un estado basado en un régimen en descomposición, como casi todos los regímenes fundados en una moral islámica.
    Se podrá o no estar de acuerdo en los orígenes de la decadencia de estos estados, tal y como señala (con acierto para mí ) Antonio Elorza, pero de lo que no hay duda es que en ningún caso representan una opción de futuro. El islam nada tiene que ofrecer a la modernidad. La verdadera humillación real consiste en querer mantener una ideología totalitaria , omnipresente , agresiva e irracional, que encadena a sus poblaciones al yugo del pasado; al dolor exhausto de la repetición de unas suras desprovistas de cualquier posibilidad que no sea sangre derramada y martirio.
    Como muy bien señala Kissinger ” jamás ha existido nada parecido a un orden internacional ” y en el espacio histórico que analiza este supuesto orden – insignificante en términos geológicos-el horror siempre ha sido un fiel compañero de viaje. Dentro de estos límites se han conseguido cosas que merecen nuestro asombro y gratitud: el derecho internacional, el fomento de la democracia como régimen pacificador, la mediación en los conflictos de la sociedad civil, la moderación en el uso de la fuerza, la regulación del uso de la fuerza en los conflictos militares para tratar de atenuar sus efectos cada vez más devastadores; la impopularidad de la guerra y la tortura como idea de perfeccionamiento moral. Todo lo anterior es el mayor argumento de occidente como prueba en contrario de la bondad de la religión como vehículo para la paz entre las naciones.

    El islam por definición es ajeno en primera instancia hacia estos planteamientos mientras no cambie las enseñanzas de sus versos satánicos.

    Llegará el día en que finalmente sea condenado al mismo título que la esclavitud.

    Mientras tanto se impone el principio de autoridad y la inviolabilidad de las fronteras a la vez que la canalización de cuantiosas ayudas por medios eficientes y fiscalizados por agencias competentes.

    Todo indica que Europa necesita acelerar la unificación de sus políticas de seguridad.

    Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Continuar tampoco. Pero no debemos jamás alimentar la posibilidad , por pequeña que sea, de que Europa pueda ser tierra de misión para islam.

  3. Qué tierna la “terrible” Ana Pastor. Acaba de decir en El Intermedio que los 4 partidos no han puesto condiciones al debate en Antena 3. Por lo visto que el PP imponga que acuda Soraya en lugar de Rajoy ( presidente y candidato) no es una condición ( aceptada por Antena 3; El País se negó). Rivera, Sánchez e Iglesias deberían negarse a ese debate si acude Soraya. Por no hablar del silencio al que se somete a partidos que ( mientras no se demuestre lo contrario) tienen representación democrática nacional, como IU o UPyD. Democracia de todo a cien.

  4. Y bastante de acuerdo con Mulligan, sobre todo si le quitamos al sofisticado e ilustrado post el tufillo a islamofobia que se cuela cada pocos renglones. A ver. Siria era uno de los países árabes más seculares. No porque lo digan los libros sino porque lo he visto in situ: mujeres en vaqueros con melenas al viento, como en Grecia, digamos, o Coruña en los años 70. La guerra de Siria no tiene nada que ver con el Islám sino con los clanes y las etnias rebelándose frente al autoritarismo. Barbarie sí, pero no religiosa. Otra cosa es que, pasados los dos primeros años de guerra, los únicos que han sido capaces de seguir luchando hayan sido los más locos del barrio, que no son musulmanes sino islamistas dogmáticos fanatizados apoyados por unos regímenes suníes, del Golfo, que mantienen en casa la versión más abyecta de una religión que es tan mala o tan poco mala como las otras dependiendo de quién y cómo la aplique y los límites que se le pongan. Completamente de acuerdo en mantenerse alerta ante una posible islamización de Europa, como ante un nuevo cristinianismo tipo evangélicos de EE.UU. o cualquier otro movimiento religioso que pretenda socavar la separación Iglesia – Estado. Pero los refugiados, pocos o muchos, son personas que en su inmensa mayoría no se diferencian en absoluto de las decenas de miles de españoles que colonizaron el norte de Europa durante el franquismo, o latinoamérica. Los problemas de convivencia no fueron pocos para los inmigrantes españoles en Europa y los centenares de miles de marroquíes que han llegado a España en las últimas décadas se los han comido también, en su inmensa mayoría en silencio y muy conscientes de que están mejor aquí que en su país. No mezclemos churras con merinas. Ni siquiera el 11-M se explica sin el par de capullos que habían estado en Pakistán. El terrorismo yihadista viene de fuera por más que consiga captar adeptos entre las minorías marginadas de árabes con crisis de identidad (no sólo étnica sino personales), algunos pocos de los cuales caen en manos de la manipulación religiosa wahabí. El problema es que están marginados socialmente, que hay imanes que predican y que hay muchos muertos árabes en guerras que Occidente promueve o apoya, lo cual es un cocktail perfecto para que caigan los más descarriados, que generalmente han sido abandonados por sus padres, detenidos por pasar drogas, etc.
    Si estamos por la separación Iglesia – Estado, estemos de verdad, no a favor de una religión frente a otra.

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