El populismo y la ortodoxia

Lobisón

Las propuestas económicas de Marine Le Pen (proteccionismo y volver al franco) no pueden ser tomadas en serio por ningún economista o persona con conocimientos de economí­a. Eso puede querer decir que entre el 20% de franceses que la han votado no hay nadie así­, pero es un consuelo bastante tonto. La cosa tampoco mejora si pensamos que no se sostiene la idea de que la culpa de la crisis la tienen los inmigrantes, los otros europeos, etc. Vale, un 20% de los electores franceses se aferran a ideas disparatadas para expresar su descontento, o en busca de una salida (ilusoria) a la crisis de nunca acabar.

¿Puede llevar a un cambio de políticas el peligro para la convivencia social que supone el ascenso del populismo? Me temo que no, que lo único que puede cambiar las cosas es que las polí­ticas actuales dejen de tener respaldo en los parlamentos. Es más significativo que Geert Wilders se haya negado a respaldar nuevos recortes en Holanda, provocando la caí­da del gobierno, que el crecimiento del Frente Nacional en Francia. Ahora existe la incógnita de lo que sucederá en Holanda: ¿apoyará la izquierda los recortes alegando la situación de grave emergencia, antes o después de las elecciones? ¿Perderá Alemania a su fiel aliado holandés en la imposición de la ortodoxia?

Hace un año, o año y medio, existía un amplio consenso entre las élites sobre la inevitabilidad de las medidas de austeridad. Eso es lo que puede estar cambiando en estos días: la austeridad sin estímulos al crecimiento es una idea tan absurda como las que propone Marine Le Pen, y después de muchos meses ya resulta evidente que por esa vía no se puede llegar a la consolidación fiscal, ni se recupera la confianza de los mercados, pero se crea una grave crisis social que puede dejar secuelas duraderas. La ortodoxia alemana se ha revelado claramente como una variante de la economía vudú de la que hablaba George Bush padre.

La cuestión es saber si el cambio va a permitir a las fuerzas de centroizquierda de la eurozona defender un cambio de políticas sin parecer irresponsables (ni caer en la demagogia, que para eso ya están los populistas), si se va a formar una coalición que lleve a Merkel a replantearse su posición actual. El dogmatismo económico puede entrar en conflicto con el realismo político, y en algún momento Merkel y la CDU podrían flexibilizar su posición para no quedarse solos en Europa y mejorar sus expectativas electorales en 2013.

Lo más divertido sería que, si se produce ese cambio, Rajoy pensará, y posiblemente dirá, que eso era lo que él defendía.

10 pensamientos en “El populismo y la ortodoxia

  1. Dios, esto es muy complicado.

    No debo votar a cosas a la izquierda que le quiten votos a la socialdemocracia (Magallanes, ayer) aunque Barañain entiende que si eres “verdaderamente” antisitema votes a Le Pen, peroo SOLO si no eres economista o con cierto nivel de conocimientos sobre el tema (Lobison, hoy)

    En definitiva: Si apruebo un examen de economía voto Convergencia y si lo supendo voto Plataforma (aunque no dicena nada de volver a la peseta) Pues qué panorama, no? 🙂

    Yo, como soy un irresponsable demagogo pienso que la banca pública de Noruega no ha caído, pero será por cosas del Luteranismo. y eso… Igual es que soy un reaccionario:

    http://puntsdevista.wordpress.com/2012/01/08/la-insuficiente-recaudacion-fiscal-de-espana-vista-en-la-perspectiva-de-la-ue/

    Y ánimo Lobison, que detrás de la tormenta viene un dorado amanecer (ya estan aquíiiii)

    http://es.wikipedia.org/wiki/Amanecer_Dorado

  2. Gracias por el link sobre la recaudación fiscal en España.
    Abundando en la cuestión, nuestro problema no es en absoluto un exceso de gasto público por más que lamentemos el derroche en algunas infraestructuras de escasa o nula eficiencia. Nuestro gasto público es el más bajo de Europa occidental: 5 puntos por debajo de la media de la UE (45,6% del PIB frente al 50,6%). Y ello pese al enorme aumento del gasto en prestación de desempleo (entre 2001 y 2007el gasto público rondaba el 38% del PIB). Lo mismo sucede con el gasto social (pensiones, educación, sanidad, etc.) al que España dedicó en 2008 un 13,9% del PIB frente una media en la UE del 18, 2%, el 17,5% de Portugal o el 21,8% de Francia.
    Nuestra recaudación fiscal es igualmente baja. En 2010, supuso un 32,9% del PIB, 6,7 puntos por debajo de la media de la UE (39,6%), 9,7 puntos menos que en Italia y 10,8 puntos por debajo de Francia. Solo en Irlanda y algunos países de Europa del Este –Polonia, Rumanía, Letonia, Bulgaria y Lituania– se pagan menos impuestos que en España. Aun así y pese a que nuestros sueldos son inferiores a la media europea, España es uno de los países europeos en el que más pagan los asalariados: tras la reciente subida el tipo marginal del IRPF para rentas de más de 53.000 euros anuales alcanza un 47%.
    La paradójica baja recaudación total pese a la alta fiscalidad sobre los asalariados se explica en gran medida por la fiscalidad empresarial. En principio, el impuesto sobre sociedades grava a las pymes al 25% y a las grandes empresas al 30%. Sin embargo, la legislación permite a los grandes grupos empresariales consolidados beneficiarse de numerosas y complejas deducciones que reducen su fiscalidad drásticamente. En concreto, en 2010 la cuota íntegra en el impuesto sobre sociedades de los 3.000 grupos consolidados que tributan en España ascendió a 12.146 millones de euros, que en la práctica se redujeron a 6.100 millones. Así, un grupo consolidado con ingresos por encima de 1.000 millones de euros puede tributar sólo al 15% (el tipo del IRPF del asalariado medio) mientras que una empresa con ingresos por debajo de 50.000 euros tributa a un tipo efectivo medio del 22,9%. Más aberrante todavía resulta la baja fiscalidad de las más de tres mil SICAV españolas que tributan a un mero 1% pese a acumular 23.304 millones de euros en 2011.
    En suma, lo que hace falta es que los impuestos sigan siendo justos, como mínimo con tipos iguales para rentas iguales, sean de personas físicas o empresas, y tipos iguales para rentas iguales, sean provenientes de salarios o de bonus, stock options o planes de pensiones.
    En este país, con la complicidad de la izquierda, esto dejó de ser así hace mucho tiempo. Y ahora, como se recauda menos de lo que se gasta, que sigue siendo mucho menos que en los países de nuestro entorno, se nos pide que nos quedemos sin empleo o nos bajemos el sueldo.
    Si no nos están timando ya me dirán…

  3. La columna de hoy de Paul Krugman en el NYT (http://www.nytimes.com/2012/04/27/opinion/krugman-death-of-a-fairy-tale.html?hp) me ha acabado de sumir en el pesimismo: ya se puede decir que la idea ortodoxa, que él describe como creencia en el hada de la confianza, que premiará a quienes recorten y no gasten, es evidentemente falsa. Pero Krugman cree que eso no va a cambiar nada o muy poco. Contra la evidencia de los hechos los sectores ortodoxos van a seguir bloqueando un cambio de políticas, en Europa y en Estados Unidos. Lo peor es que puede tener razón: una cosa es perder credibilidad y otra perder capacidad de veto.

  4. Hombre, Krugman tiene motivos para ser pesimista: lleva años anunciando el fracaso de la ortodoxia y nadie le ha escuchado. Por qué habrían de escucharle ahora?
    A este respecto, es una buena noticia que ahora se empiece a hablar de crecimiento, y una pésima noticia que los que empiezan a hablar de ello añadan rápidamente que crecimiento sí pero no keynesiano. Es decir, crecimiento a partir de desregulación. Otra falacia. La desregulación puede ser buena, a veces, y genera algo más de competencia y libera lastres, de acuerdo, pero no es lo que nos va a sacar del hoyo tan profundo en el que estamos metidos.

  5. Lo peor es que todo esto era obvio: http://www.debatecallejero.com/?p=2258

    7 de mayo de 2010, tras la victoria de Cameron en Gran Bretaña:
    “Cameron tendrá que empezar a demostrar rápidamente que sus promesas electorales de reducción del déficit público (más alto que el español, conviene recordarlo) iban en serio. Que les vaya bonito, a él y sobre todo a los sufridos – especialmente a partir de ahora – ciudadanos británicos que han apostado mayoritariamente por la ortodoxia económica.
    Cuando tienes enfrente una amenaza bélica, el déficit pierde importancia: te gastas lo que tienes y lo que no tienes en producir tanques por la cuenta que te trae. ¿No debería ser igual cuando la amenaza es el empobrecimiento masivo? ¿Por qué la ortodoxia acepta endeudarse para producir armas pero no para construir infraestructuras?
    En fin, buena suerte Cameron porque la vas a necesitar…

    Lo peor es que el artículo incluía una vana esperanza de que Rajoy y Montoro aprendieran de la falta de resultados de Cameron. Obviamente no lo han hecho:
    “La receta que ha llevado a Cameron al número 10 de Downing Street es idéntica a la que propugnan Rajoy y Montoro. En este sentido, la victoria de los Tories nos va a permitir contemplar en cuerpo ajeno como funciona. ¿Qué dirá el PP cuando Cameron se desdiga de sus promesas y aplace la cuadratura de las cuentas por imposibilidad manifiesta de hacerlo? Alternativamente, el electorado español va a tener casi dos años para comprobar lo insensato de volver a la ortodoxia económica prematuramente.”
    Y el electorado tampoco…

  6. Esto del IVA es uno más, tal como dice Roselló. Y además, lo han hecho con alevosía, después de decir varias veces que no lo subirían, con premeditación y casi con nocturnidad, porque acaban de pasar el debate de los Presupuestos y lo ocultaron.
    No hay ningún gobierno en lo que llevamos de democracia en este país que haya mentido tanto y que haya incumplido tantas promesas en tan poco tiempo como este.
    En los cuatro meses que llevan gobernando han subido todos los impuestos y tasas y han recortado derechos en todos los grandes servicios públicos.
    Lamentable

  7. Es obvio que entre Rajoy y Zapatero hay grandes diferencias de todo tipo, empezando por las ideológicas.
    Pero para mí hay una esencial: Zapatero anunció personalmente todas y cada una de las medidas importantes que tomaron sus gobiernos, por impopulares que fueran. En el Parlamento o desde la MOncloa. Rajoy no aunció ni una, ni las subidas del IRPF y el IVA, ni el copago sanitario, ni los recortes en educación, ni las subidas de tasas…. ni una.
    Esta diferencia entre los dos Presidentes de Gobierno es para mí la más importante, porque revela la responsabilidad como gobernante que asume cada uno de ellos. Y me temo que esto no lo veo yo solo. Me temo que los mercados también deben tomar nota de esta falta de asunción de responsabilidades por parte de quién debe inspirar confianza antes que ninguna otra cosa.
    Lamentable también.

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