El poder judicial: entre la independencia y la neutralidad

Ignacio Urquizu

 

Una de las frases más desafortunadas de la democracia la pronunció Alfonso Guerra en los años 80: “Montesquieu ha muerto”. Desde entonces, cada vez que se cuestiona la división de poderes, muchos recurren a esta cita como elemento de autoridad. Pero lo cierto es que el modelo de separación de poderes que entonces se aprobó, y que hoy sigue en vigor en gran medida, no tiene nada que ver con los problemas que presenta la justicia. El conflicto no está en el fondo, sino en las formas.

 

Durante la pasada legislatura, al igual que ocurrió a principio de los 90, el Partido Popular decidió usar algunas instituciones como, por ejemplo, el poder judicial dentro de su estrategia de oposición. A través del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y el Tribunal Constitucional trató de boicotear parte de la legislación del gobierno socialista. Para ello usó todo tipo de artimañas: desde la paralización de la renovación del CGPJ a recusaciones cruzadas. Seguramente, todo ello ha contribuido a degradar la opinión que tienen los ciudadanos sobre la justicia. A través de una estrategia de “ruido” –en la que han colaborado algunos medios de comunicación de forma entusiasta-, ha acabado calando la idea de que los magistrados no son independientes.

 

Pero el problema no es de independencia, sino de neutralidad. Es muy común confundir ambos términos cuando, en realidad, significan cosas totalmente distintas. Los jueces en España gozan de total libertad en la elaboración de sus sentencias. Existen todas las garantías institucionales necesarias para que, por ejemplo, un miembro del CGPJ o del Tribunal Constitucional exprese libremente y sin coacciones su opinión. En cambio, tenemos dudas sobre su neutralidad. Básicamente, porque los jueces tienen ideología y ésta se refleja en la interpretación que realizan de la ley. No obstante, este problema es intrínseco a cualquier diseño institucional que hagamos en una democracia.

 

Si la aplicación de la ley fuera totalmente técnica y no hubiese espacio para la interpretación, los problemas de neutralidad dejarían de existir. Bastaría con que unos burócratas siguieran las leyes al pie de la letra. Pero, ¿qué sucede cuando más de una interpretación es posible? Entonces es necesario crear reglas que permitan adoptar decisiones. En democracia, cuando existe pluralidad en las opiniones, hemos optado por la regla de la mayoría –ya sea simple o cualificada-. Así, no es extraño ver que órganos como el CGPJ o el Tribunal Constitucional se dividen cuando se adoptan fallos de calado.

 

Para muchos, esta división en bloques ideológicos es una prueba de la falta de independencia del poder judicial. Pero, ¿independencia respecto a quién? En el fondo, esta fragmentación es un reflejo de la división de la sociedad. El poder judicial, al igual que el resto de poderes, no puede ser ajeno a los valores democráticos. Pero democracia no significa únicamente seguir unas reglas de procedimiento, sino ser representativo. Por ello, es necesario que los miembros del CGPJ y del Tribunal Constitucional sigan siendo nombrados por las Cortes Generales y el Gobierno.

 

En el arranque de la legislatura, el Partido Popular parece estar dispuesto a consensuar con el Gobierno la renovación del CGPJ y del Tribunal Constitucional, así como medidas que modernicen la justicia. Confiemos en que esto no sea una excepción dentro de su estrategia de oposición. Seguramente, el poder judicial necesita reformas que permitan una mayor agilidad. Pero lo que está en juego no es su independencia, sino su modernización.

56 pensamientos en “El poder judicial: entre la independencia y la neutralidad

  1. Fernando 31

    he ahi tu cabalistica frase

    “Considero que, al igual que en aquel momento los “salientes” renunciaron en favor del buen inicio del período democrático”

    A lo que yo digo que los “salientes ” (sustituir salientes que renuncian por “que se fueron” no me parece ningún abuso del lenguaje) no renunciaron a nada y mucho menos en favor de nadie.
    Se quedaron por ahí tapaditos.

    Al resto de tu comentario solo tengo que decir aquello de “la parte contratante de la primera parte” etc..

  2. Dice el discordante: “ante la irrupción del joven partido cívico”.
    Hay que ver, algunos lo mal que pronuncian la N.

  3. Y un par de preguntas para el discordante.

    La verdad es que me interesa muchísimo la trayectoria política de los líderes de este partido nuevo naciente y poniente. Por eso me gustaría que me contestase a algunas preguntas, para que yo mismo pueda votarles.

    ¿es cierto que Rosa Díez, lideró el sector vasquista del PSE contra las posiciones del “españolista” Damborenea?
    ¿Es cierto que Rosa Díez se negó a dimitir de su cargo de consejera en el gobierno vasco tras la firma por parte del PNV del Pacto de Lizarra?
    ¿Es cierto que Rosa Díez no acudió a ningún funeral de ninguna víctima del terrorismo durante los 7 años que permaneció en el gobierno vasco?
    ¿Es cierto que Joxeba Pagaza encargó defender sus tesis a Juan Carlos Rodriguez Ibarra en un congreso pese a que al mismo también acudía Rosa Díez?
    ¿Es cierto que el filósofo Fernando Savater escribía en Egin y defendió en algún artículo el derecho de Autodeterminación?
    ¿Es cierto que los candidatos al congreso fueron elegidos sin que mediase ningún congreso y sin ningún tipo de democracia interna?

    En otro orden de cosas.
    ¿Cuales son sus recetas económicas para salir de la crisis?
    ¿Creen que se debe denunciar el concordato español con la santa sede?
    ¿Creen que los tribunales han esclarecido los atentados del 11-M?
    ¿Creen que el estado debe seguir financiando a la iglesia?
    ¿Creen que fue un error el que España saliese de la guerra de Irak?
    ¿Cómo elegiría usted a los miembros del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional?

    Si es usted de contestar a estas preguntas y no en plan… Rosa Díez es fantástica y no pueden ustedes desprestigiarla; entonces podremos empezar a hablar sobre política.
    Bueno, en realidad, con que me conteste solo a una de cada tres me conformaría…..

  4. Bueno, por hoy ya está más que bien. Me doy una vuelta con mi chiquitín y su Mami. Pablo: el primer bloque de preguntas no te lo va a contestar nadie. Todo lo más, alguna nadería o generalización sobre mentiras y calumnias (“la insultada”), mientras buscan el modo de reescribir la historia. Del segundo, menos, porque no son cuestiones que hayan abordado. Les preocupa no sé que de la “regeneración democrática” y el ataque permanente al tío que le ganó a la lideresa el soñado cargo de secretaria general del PSOE.

    De todas formas, en relación con el tema de hoy (artículo de Urquizu) sólo tiene relación la última de la preguntas. Siempre caemos (mea culpa, yo el primero de todos, acabando en darle trabajo a Mr. Alguien, mil excusas por las molestias) en dialogar y combatir dialécticamente a quien no quiere contrastar ideas (quizá porque no las tiene, no las tiene claras, o cree que ciertas obsesiones en lo personal son convicciones). Al loro, que diría el President Laporta (Barça).

    Mañana será otro día.

  5. Sicilia 51

    Como veo que te hace ilusión seguir dándole al manubrio y aunque tengo por norma regalar la perra gorda a todo el que muestra el más mínimo interés por ella, te daré la satisfacción de seguirte el juego por el que quieres demostrar que yo digo lo que tu dices que digo, en vez de lo que yo quiero decir y por eso lo digo.
    Con los “salientes” que renunciaron, quiero dar a entender que dejaron el paso libre. Tu lo conviertes en ” que se fueron”. Me parece muy bien que lo entiendas así, pero no me preguntes a mí a donde se fueron, tú eres el que los pones en movimineto. Yo los dejé en la puerta.

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