El periodismo: su influencia y su futuro

Millán Gómez

 

Durante los últimos tiempos, el periodismo está experimentando múltiples transformaciones. Estos cambios vienen dados en tres aspectos fundamentales: el propiamente periodístico, el tecnológico y el laboral (con motivo del descenso de los baremos de crecimiento económico).

 

Desde el prisma puramente comunicativo, los medios constituyen, en un principio, el llamado Cuarto Poder que hace frente a los tres poderes predominantes (ejecutivo, legislativo y judicial). Deben dar voz a quienes no la tienen y denunciar cualquier violación de los derechos de los ciudadanos. 

 

Las grandes empresas de comunicación tienen, por supuesto, ánimo de lucro y priorizan sus intereses económicos y estratégicos por encima del interés general del conjunto de la sociedad. Imponen la denominada Ley del Mercado y han difuminado el papel que desempeñaban antaño como Cuarto Poder y como crítica al poder establecido. Podemos decir, por tanto, que los intereses empresariales han vencido a los supuestos principios y valores que deben regir en toda sociedad. 

 

Como consecuencia de esta situación, los periodistas no son independientes y dueños de sí, sino que están atados por los intereses económicos de la empresa para la que trabajan. Son una pieza más en la máquina de hacer dinero y no pueden luchar de igual a igual para construir una sociedad mejor y más igualitaria.

 

Los medios de comunicación están, por lo tanto, cada vez más polarizados y se identifican con mayor facilidad con una determinada adscripción ideológica. No en vano, las personas eligen, en la gran mayorí­a de los casos, qué periódico leer, qué radio escuchar o qué cadena televisiva ver en función de su lí­nea editorial. El ciudadano común, por así­ decirlo, sigue un determinado medio porque quiere leer o escuchar lo que desea que le cuenten. No buscan un análisis más o menos objetivo de la realidad sino una visión parcial y más o menos sesgada de lo que nos rodea.

 

Un  mayor contraste de información es urgentemente necesario para conseguir, de este modo, mayor credibilidad en los lectores. Los ciudadanos desean también que la agenda informativa no esté tan determinada por los poderes económicos, sociales y políticos y que ofrezcamos información alternativa que responda a sus verdaderas preocupaciones en su día a dí­a. No debemos abusar tanto de los comunicados de prensa porque lo único que estamos consiguiendo es ser simples transmisores entre el poder y los ciudadanos. De este modo, simplemente les contamos a los lectores lo que nos quieren decir los más poderosos. No debemos confundir sus preocupaciones con las inquietudes e intereses de los ciudadanos. Un diario debe reflejar el sentir de la sociedad a la que representa y no actuar en función del contexto sociopolí­tico del momento. La agenda informativa tiene que estar marcada por los hechos noticiosos que son relevantes sin importarnos si benefician o perjudican a un determinado grupo social. Y, por supuesto, tenemos que ofrecer cobertura a aquellos sectores que más sufren y que peor lo pasan porque son precisamente ellos quienes menos cobertura mediática tienen. Tenemos que dar a voz a quienes no la tienen. 

 

Desde el punto de vista tecnológico, el avance imparable de internet en el periodismo está provocando importantes consecuencias en el panorama mediático internacional. Un claro ejemplo es la situación de las cadenas de televisión españolas.

 

En España se está¡ produciendo una progresiva consolidación de los portales digitales como fuente de información para los ciudadanos. De este modo, ya es habitual que los presentadores de informativos de televisión españolas aconsejen a sus telespectadores al finalizar el programa que si quieren seguir informados la página web de la cadena en cuestión es una buena opción, muy especialmente en horarios de menor audiencia televisiva. 

 

El periodismo digital está en constante actualización y cuenta con la inmediatez como un factor fundamental para que la gente opte por elegir internet para informarse de lo que sucede en el mundo. El periodismo es un sector donde la capacidad de difundir información con la mayor rapidez posible es decisiva. Y ahí internet cuenta con una clara ventaja competitiva respecto al resto de medios de comunicación.

 

El incremento de internet como fuente de información está provocando un descenso en las audiencias de la televisión, aí­ como la obtención de un menor índice de ingresos en publicidad. Es lógica esta situación puesto que las empresas invierten en publicidad en aquellos medios de mayor audiencia y si internet se consolida como un medio en auge y en constante crecimiento esta situación tiene todos los visos de afianzarse a corto y medio plazo. 

 

Por último, desde el prisma laboral (y no sin un cierto corporativismo o gremialismo), la ralentización del crecimiento económico está afectando a todos los sectores y el periodí­stico no es una excepción. A esta coyuntura hay que añadirle el contexto tecnológico que está afectando a los medios de comunicación. El desarrollo imparable de internet está causando graves problemas para las empresas de comunicación que tienen serios problemas para reestructurar sus estrategias corporativas y sus plantillas de redacción. 

 

La prensa escrita se enfrenta al problema de encontrarse que la difusión y venta de periódicos mengua con la misma proporción que aumenta el consumo de prensa digital. El hecho de que los portales digitales sean gratuitos hace que el lector prefiera, en algunos casos, leer la información en la red y no pagar por la información en soporte de papel. A una situación similar ya se tuvieron que enfrentar los periódicos cuando se crearon la televisión y la radio. 

 

Otro factor a tener muy en cuenta es el descenso de inversiones publicitarias en prensa escrita. Esto se debe al crecimiento de la información digital y, por este motivo, las empresas también invierten en publicidad en los medios digitales. De este modo, descienden considerablemente las retribuciones económicas que recibí­an antaño la prensa en papel. Al descender el número de lectores que compran diariamente los periódicos, la prensa escrita ha visto cómo los ingresos por publicidad son su principal fuente de financiación hoy día. 

 

Con la consiguiente reducción de ingresos, los grupos de comunicación se han visto obligados a realizar ajustes de plantilla con el fin de equilibrar las cuentas. Muchos periodistas han tenido que abandonar sus trabajos como consecuencia directa de la coyuntura económica y comunicativa. Podemos decir, por lo tanto, que el avance de las tecnologí­as en el periodismo ha quitado puestos de trabajos a profesionales cualificados. 

 

El periódico más prestigioso del mundo, The New York Times, decidió afrontar la crisis económica, la reducción de ingresos publicitarios y la competencia de internet de un modo alternativo. Así, este diario estadounidense optó por plantear a sus propios trabajadores un programa de bajas voluntarias y reestructurar los departamentos corporativos. Esta alternativa no tuvo éxito y tuvo lugar un gran número de despidos de empleados del The New York Times, en consonancia con lo que acontece en la mayorí­a de medios de comunicación internacionales.

 

Los medios se enfrentan ahora a la disyuntiva de mantener, por un lado, una redacción tradicional para el periódico en soporte papel y otra para la redacción digital que está en constante actualización y cuenta con la ventaja competitiva de la inmediatez en la difusión de información. Resulta un tanto contradictorio que necesitando ahora dos tipos de redacciones diferentes frente a la única tradicional sea ahora cuando más despidos hay y mayores ajustes de plantilla se producen.

 

Internet está cambiando el panorama de los medios de comunicación en todo el mundo y su irrupción afecta a todos los sectores del periodismo. El futuro es impredecible pero, a buen seguro, los más favorecidos por esta coyuntura son los propios ciudadanos que ven cómo se amplía día tras dí­a el elenco de posibilidades para enterarse de lo que sucede a su alrededor. En la otra cara de la moneda, los más perjudicados serán probablemente los que menos culpa tengan en todo este embrollo y las víctimas más fáciles: los trabajadores.