El nuevo Gobierno

Padre de familia

 

Ya tenemos nuevo Gobierno. Lamentablemente, los diarios dominicales, al menos El País y el in-Mundo, ya avanzaban gran parte de la remodelación ministerial confirmada ayer por Zapatero. Y digo lamentablemente tanto si la filtración era autorizada como si tuvo lugar a espaldas del Presidente del Gobierno. Si fue autorizada, Zapatero y su entorno cometieron un error de comunicación garrafal, oscureciendo irremisiblemente los réditos de la “semana internacional”, incluyendo la recuperación de las relaciones con EEUU al máximo nivel, el papel de puente en la Cumbre del G-20 y la consolidación de la Alianza de Civilizaciones.

 

Casi peor si, como todo parece indicar, la filtración no fue autorizada: no es en absoluto de recibo que mientras Obama es capaz de plantarse en Irak sin que nadie se entere de antemano, los entornos del Gobierno y del PSOE no sean capaces de preservar la prerrogativa constitucional del Presidente del Gobierno de remodelar el Gobierno cómo y cuándo le parezca oportuno. Es una cuestión formal que afecta al fondo, porque en algunos casos, y éste es uno de ellos, el discurrir de los acontecimientos condiciona el resultado de los mismos, aunque sólo sea al reducir su impacto político.

 

 

Pero entremos en el análisis, del “timing” en primer lugar. ¿Era verdaderamente necesaria una crisis de Gobierno ahora o ha sido una necesidad creada por la presión mediática? Considero que los Ministros salientes han acumulado deméritos que justifiquen su salida, y sin embargo, no tengo en absoluto claro que sus acciones en los últimos meses hicieran necesaria su salida precisamente ahora. Es cierto que, como el Presidente explicó ayer, la situación económica se ha deteriorado drásticamente desde que revalidó su mandato. Pero ¿no habría sido mejor propiciar la crisis de Gobierno justo después de la reciente doble cita electoral autonómica? De una parte, habría servido para enviar una señal política a la opinión pública de reacción frente a la derrota en Galicia, y de otra, la admisión de responsabilidad habría sido asumible a la luz de la histórica victoria en Euskadi. En su defecto, ¿no habría sido mejor esperar a después de las elecciones europeas? ¿De verdad espera alguien que los cambios vayan a servir para inclinar el resultado de dicha cita a favor del PSOE? Yo desde luego no creo que vaya a ser así, más bien al contrario: el PSOE cosechará un mal resultado igualmente y el “nuevo Gobierno” perderá toda su “frescura” en menos que canta un gallo.

 

Vayamos ahora al fondo, a los cambios, empezando por la cabeza, por Solbes. Estaba claro que quería irse, pero lo estaba desde antes de las elecciones generales. Puedo entender que Zapatero le pidiera continuar atendiendo a razones electoralistas pero no por qué Solbes aceptó continuar cuando su desafección con la política social de Zapatero y los modos de aplicarla eran evidentes desde mediada la pasada Legislatura. Sobre todo porque alguien tan versado en economía internacional debería haber tenido claro que la crisis económica iba a ser al menos tan dura y duradera como la de los años setenta. A mí en su lugar no habría habido nadie capaz de convencerme de no irme en loor de multitudes, sobre todo mediando la misma desafección por el líder.

 

Tampoco cabe aducir que la figura de la Vicepresidenta económica entrante justifique el relevo precisamente ahora. A Elena Salgado no la conoce apenas nadie y no precisamente por haber dedicado parte de su carrera a foguearse en organizaciones internacionales relevantes del tipo del Banco Mundial o el Fondo Monetario o a investigar sobre temas económicos en algún centro académico prestigioso. En su defecto, habría sido deseable un perfil empresarial sólido, alguien con experiencia en grandes empresas multinacionales, que se ocupara de gestionar la economía eficazmente bajo la dirección social del Presidente. En cambio, Zapatero parece haber optado por dotar a la Vicepresidencia económica con peso político, en la convicción de que el máximo gestor de nuestra economía debe compartir la visión del Presidente, muy acertada a mi juicio, de que sería injusto que el coste de la crisis lo asumieran primordialmente los más humildes.

 

Puedo compartir la premisa pero no su materialización. La desconocida Salgado es una figura política cuando menos gris. Tiene una larga hoja de servicios, tan “felipista” – desde 1982 hasta la derrota de 1996 – como poco brillante: Directora del Departamento de Estudios en el Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa del Ministerio de Industria, Directora General de Costes de Personal y Pensiones Públicas del Ministerio de Economía y Hacienda, y Secretaria General de Comunicaciones del Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente. Como Ministra de Sanidad sacó adelante la ley del tabaco, con valor y éxito, pero no fue capaz de conseguir que se aplique por todo el territorio nacional.

 

De su paso por el Ministerio de Administraciones Públicas no sabemos apenas nada. ¿Cuántas veces ha aparecido en los telediarios durante los cinco años que lleva de Ministra? La última que yo recuerdo fue hace ya tiempo acompañando a los Reyes a Ceuta y Melilla… Zapatero elogió ayer su gestión del reparto de los 8.000 millones de euros entre las administraciones locales pero ¿no habría sido mejor esperar a ver los resultados? En todo caso, a decir de los comentaristas, parecería que su punto más fuerte es que es una protegida de Rubalcaba, como parecen demostrar las loas que su nombramiento está cosechando en El País. No tengo nada contra el Ministro del Interior excepto su falta de cualificaciones económicas, que no le hacen el mejor consejero en esta materia. Se dice, además, que Solbes la tiene en gran estima. Acabáramos… esperemos que no comparta con “el abuelo” su desapego al liderato zapateril…

 

Si lo que se buscaba era un perfil político fuerte, a mi juicio habría sido mucho mejor ascender a Corbacho, y si se perseguía la sintonía con el Presidente yo habría preferido la solidez económica de Sebastián, y seguramente “los mercados” también.

 

El nombramiento de Chaves como tercer Vicepresidente parece confirmar también el retorno del “felipismo”. Sinceramente, ¿no hay nadie más joven y menos quemado? Como Presidente del PSOE puede estar bien y también es positivo propiciar el relevo en Andalucía, pero ¿era imprescindible recurrir a un hombre tan “antiguo” como él, que vivió en carne propia el divorcio PSOE-UGT, para “coordinar” la cuestión territorial? ¿No se ocupaban la Vicepresidenta de la Vega y el Portavoz Alonso de la coordinación política y de las negociaciones con otros grupos parlamentarios? Mucho me temo que el “ascenso” de Chaves va a percibirse como una desautorización de dos de los máximos valedores y aliados políticos y personales del Presidente.

 

Los demás relevos ministeriales, en cambio, me parecen bastante apropiados. “Pepiño” no es santo de mi devoción pero sí tiene un fuerte peso político y debería ser capaz de ponerlo al servicio de una rápida ejecución de las infraestructuras públicas que tanto han de contribuir a sacarnos de la crisis. Por no hablar de la defenestrada “Maleni”, cuya salida podía haberse anticipado tantas veces que ya estaba completamente descontada.

 

El historial profesional de “Trini” tampoco es todo lo brillante que cabría desear pero hay que admitir que ha hecho “la mili” correctamente como Secretaria de Estado y su sintonía política con el Presidente está fuera de duda, lo que debería servir para superar los obstáculos que está encontrando la puesta en práctica de la Ley de Dependencia, que debería llegar a ser el mayor activo histórico del “reinado” Zapatero. Y de paso nos quitamos de en medio a Bernat Soria, cuya gestión política no ha sido del todo mala pero cuyas credenciales como investigador de élite son más que dudosas, por no hablar de aquellas declaraciones suyas pidiendo el “Nobel de la honestidad” para Zapatero…

 

De Gabilondo hay poco que criticar y mucho que alabar, y más si es para reemplazar a una Ministra bastante “fallida” como era Cabrera, y más todavía si es para gestionar la puesta en práctica del Plan Bolonia, un flanco abierto que la Ministra no parecía ser capaz de solventar.

 

No tengo opinión de González-Sinde pero, francamente, cualquiera sirve para reemplazar al arrogante y pendenciero Muñoz Molina, cuya salida celebro por su torpeza al plantear la estéril batalla para controlar la acción cultural exterior y su falta de mano izquierda para abordar la cuestión de los contenidos en la red. Precisamente en esta última cuestión no parece que la nueva Ministra vaya a ser mucho más hábil a decir de sus credenciales hasta la fecha pero esperemos que la responsabilidad del Gobierno la lleve a posiciones menos dogmáticas.

 

En conclusión, la pésima gestión de la remodelación ministerial ha hecho que perdiera gran parte de su pretendido efecto político. El momento buscado, además, no es el más propicio. Y los dos grandes fichajes, Salgado y Chaves, son francamente mejorables. Luego dicen que en DC nunca criticamos al PSOE…Pero podía haber sido peor porque al menos algunos malos Ministros han perdido su condición de tal y algunos buenos – Sebastián, Moratinos, Chacón… – no se han visto afectado.

 

Eso sí, coincido con Rajoy, sin que sirva de precedente, en que los cambios son poco trascendentales porque lo que importa es quién va a seguir pilotando el Gobierno. Claro está que coincidimos por razones distintas: yo no voté a Solbes, a Blanco o a Rubalcaba, ni siquiera a De la Vega. Yo voté a Zapatero y afortunadamente la crisis de Gobierno demuestra que ni se le pasa por la cabeza convocar elecciones anticipadas como tantos andaban soñando.