El nivel y la humildad

Julio Embid

“Si todos estuvieran a mi nivel, probablemente estaríamos primeros”. Cristiano Ronaldo, futbolista y humilde.

Quisiera abrir esta columna con esta frase perpetrada por el delantero portugués del Real Madrid tras caer derrotados en casa frente al Atleti de Madrid el pasado sábado. Una sentencia que no por sorprendente, no deja de ser un desprecio ante todos aquellos compañeros de trabajo, que en un deporte de equipo colaboran para que este caballero pueda conseguir la victoria. Al igual que en el fútbol, la política está llena de soberbia, y últimamente ya no hacen falta canutazos de prensa para poder demostrarla y compartirla con los demás. Basta tener una cuenta de twitter y 30 segundos de tiempo sin parar a reflexionar lo escrito.

El pasado domingo el que fue candidato a la Secretaría General del Partido Socialista, José Antonio Pérez Tapias puso “un tuit” donde decía:

Ganó el Sí. ¡Obviamente! Valioso ejercicio democrático. También estoy “orgulloso” del 21% que libre y con fundadas razones votó No al pacto

Según su criterio, en el PSOE un 21% de los militantes que votaron en contra del acuerdo con otras fuerzas políticas, lo hicieron de manera libre y con razones fundadas, frente a un 79% de serviles vendidos al aparato. Si todos estuvieran a su nivel, y le hubiesen votado en las primarias de 2014, probablemente hoy hubiera sido Secretario General y candidato a la Presidencia del Gobierno.

Seguimos, con un gran habitual de las sobradas, el Secretario General de Podemos Pablo Iglesias cuando dice que el PSOE tiene dos opciones: o pactar con los partidos de izquierda de la gente o pactar con Ciudadanos y con el IBEX 35. En realidad esto no dejan de ser trampas al solitario, porque ni los partidos de izquierda suman mayoría, ni el PSOE con Ciudadanos tampoco. Olvida completamente su opción favorita, la tercera, elecciones repetidas en junio. Si todos estuvieran a su nivel, y le hubiésemos votado mayoritariamente en diciembre, ya habría Gobierno.

Por último no quiero cansar con las sobradas, pero no quiero olvidarme de la otrora famosisima ex-presidenta de Castilla La Mancha y hoy escondida de las primeras filas de fuego María Dolores de Cospedal, la cual declaró ayer que: “la democracia se mide en votos, no en acuerdos en los despachos”. Está bien que la mida en votos y no en yardas, en calorías o en atmósferas de presión. Sin embargo, en una democracia parlamentaria, los votos se convierten mediante la ley electoral en escaños de un parlamento, cuya potestad está en escoger al jefe del ejecutivo. En caso de que un sólo partido no obtenga la mayoría, lo habitual es que varios partidos negocien, da igual que sea en despachos, en bares o en el parque, y se pueda llegar a un acuerdo de investidura o de Gobierno. 

Está claro, que si todos estuvieran a su nivel, probablemente en diferido, en forma, efectivamente, de simulación, de… simulación, o de… lo que hubiera sido en diferido en partes de una… de lo que antes era una retribución, hubieran repetido en 2015 los resultados de 2011 y estaríamos ante una nueva legislatura de cuatro años de Mariano Rajoy.