El niño que todos llevamos dentro

Frans Vandenbroek

¿Qué tienen en común una llamada de teléfono de alguien desconocido en el trabajo, la serie Friends y la tableta Archos 7? En verdad, nada. Pero siendo como soy más proclive a la ficción que a la verdad, dichos fragmentos del universo acabaron por imponerse a mi conciencia como manifestaciones de una misma realidad, síntomas de una misma afección cultural, o de una misma ilusión, si se quiere, entreverados en un patrón imaginario que me obligó a considerarlos en conjunto. La realidad a la que me refiero -la ficción que mi suspicaz mente ha tejido como realidad- se puede expresar de modo sencillo: infantilización, tanto social como personal, y tanto figurada como literal. Me explico.

Hacia el final de diciembre empecé a recibir unas llamadas en mi celular desde un teléfono que no reconocía. Como no esperaba los resultados de ninguna lotería o los favores de ninguna dama, me abstuve de cogerlas, pensando que si se trataba de algo importante, el interesado dejaría un mensaje. No lo hizo, pero a los pocos días recibí un mensaje de la recepción de la universidad donde trabajo, en la que se me pedía que llamara a un tal J. Liefting, pues no podía dar conmigo. Dado que el nombre tampoco me sonaba conocido (sería un estudiante) y que ya recibiría un mensaje si fuera urgente -y del hecho de que era ya el último día de clases antes de las vacaciones navideñas y que había estado ocupado con exámenes- me olvidé de llamar de vuelta. Pero durante mis vacaciones seguí recibiendo llamadas desde dicho teléfono, que asumí sería el del tal Liefting. ¿Qué urgencia podía tener el Liefting aquel, que en lugar de disfrutar del pavo y el champaña se ocupaba en tratar de contactar a un profesor de vacaciones? De otro lado, ¿quién le había dado mi número de teléfono particular y con qué derecho perturbaba mis más que merecido descanso? Si quería comunicarse, bien podía hacerlo por e-mail o llamando al teléfono fijo, el único disponible para el estudiante o para externos. De pronto, obtuve respuesta a mis interrogantes, cuando la recepción decidió responder a mi e-mail inquiriendo de quién se trataba, con toda seguridad agobiados por la insistencia de nuevas llamadas. El misterioso y angustiado llamador había sido nada menos que el padre de una estudiante, quien se encontraba, esta última, disfrutando de sus prácticas en España, probablemente más preocupada en aliviar resacas que en aprender algo (como debe ser, por supuesto, que para eso se es estudiante), ¿El padre de una estudiante, se preguntará el despistado que lea estas líneas? ¿Qué hacía un padre llamando a un profesor de una estudiante de universidad, una persona joven, pero adulta en todo caso? El hecho incitó mi curiosidad y empecé a averiguar si habría casos similares y si los había, qué actitud debía tomar uno en mi trabajo.

Pues para mi total sorpresa, los había y muchos. Y no sólo en nuestra universidad. En realidad, el fenómeno estaba tan extendido que había llegado hasta los periódicos y otros medios, y se trataba en reuniones académicas y ministeriales. Resulta que en los últimos diez o quince años han aparecido un nuevo tipo de padre y de estudiante, el padre que se mete en todo lo que sus hijos hacen o dejan de hacer, sobre todo aquello que promueve su propia imagen de progreso para su vástago, y el estudiante que recurre al padre o le deja hacer, pues se valdrá de su posición, influencia o madurez para conseguir cosas que la timidez, la pereza, la desidia o la molicie no le permiten o no quiere conseguir por sí mismo. Existe hasta un término para ello, helicopter parent, o padre helicóptero, quien vigila y controla las actividades de sus hijos con preocupación y diligencia casi obsesivas. Para el estudiante la única denominación que se me ocurre es la de estudiante infantilizado. Esto es, una persona adulta, aunque joven, que se niega a crecer o a la que la comodidad y la conveniencia le han llevado a aceptar una infantilización psicológica parcial que hasta hace poco se desconocía o se consideraba un signo de debilidad y dependencia. No se puede generalizar, por supuesto, pero en mi experiencia personal dicho fenómeno hubiera sido un tanto contrario al espíritu de los tiempos cuando yo era estudiante. Si se me hubiera ocurrido pedirle a mi padre que interviniera para algún asunto universitario (aparte de pagarme las cuotas, se entiende) me hubiera mandado al carajo sin tapujos. ¿No era ya lo suficientemente mayorcito como para arreglármelas por mi cuenta? Además, ¿qué pretendía, que usara influencia indebida en asuntos que tenían un carácter estrictamente funcional, esto es, educativo? Si me jalaban en los exámenes, pues a joderse o a estudiar, pero eso de andar pidiéndole a los padres le hubiera parecido un fracaso en sus labores de guiarme por el camino de la madurez y la independencia. Peor aún, mis compañeros de generación me hubieran considerado un consentido y un mimado, incapaz de encarnar aquel prejuicio sesentista que veía en todo adulto un enemigo potencial, no un aliado.

¿Y qué quería el susodicho padre? Pues algo tan complejo como arreglar una fecha de examen oral para su hijita, quien era incapaz de coger el teléfono ella misma o escribirme un e-mail desde su paraíso de prácticas, o quien, mejor dicho, lo había hecho ya hacía un tiempo atrás, recibiendo de mi parte la respuesta que correspondía, o sea, que se comunicara conmigo a su debido momento, pues entonces los horarios no estaban aún claros. Como la criatura no quería dejar su esforzada función como consumidor de impuestos en país extranjero y quería arreglar sus vacaciones junto con el examen, se había vuelto a su papito para que lo arreglara conmigo. Más tarde pude saber que su insistencia telefónica exudó algo más que tenacidad para convertirse en velada amenaza y amedrentar a los recepcionistas (también estudiantes muchas veces) hasta que le dieron, erradamente, mi teléfono personal. Por suerte para mí y para el dedicado padre, no pudimos hablar en ningún momento, pues mi respuesta no le hubiera agradado (que su hijita ya era adulta) y su tono prepotente me hubiera incitado a reacciones impredecibles, más en la órbita de Sendero Luminoso que de Santa Rosa de Lima. Por lo demás, el fenómeno ha llevado a nuestra universidad a instituir la política de jamás hablar con padres y, en caso de insistencia, referir el caso a los jefes de departamento o, si el caso degenerara, al mismísimo rector. Como dije, el fenómeno ha adquirido ya las características de epidemia, por lo que los poderes institucionales han empezado a defenderse. Lo peor de todo es que al final el consabido examen se arregló como debía ser, esto es, por cita previa a través del e-mail, y cuando llegó el día la alumna en cuestión se presentó sin vergüenza alguna y con evidente sentimiento de superioridad. Le planteé el tema de su examen –un diálogo en situación figurada, a llevarse a cabo en la lengua de Cervantes- y me dijo que ese tema no lo habíamos ejercitado en clase. Le dije que es verdad, no todos los temas se practicaban en clase, pero eso no importaba. Ella debía ser capaz de hacer un diálogo con otro alumno sobre un tema escogido por el profesor el día del examen, como hacía todo el mundo. ¿Su respuesta? Pues en ese caso no haría el examen. Tras lo cual se levantó y se fue. No sé si entraron moscas en mi boca abierta, pero se abrió más al recibir días más tarde un mensaje de la comisión de exámenes en el que me informaban que la brillante alumna se había quejado de mí, alegando que lo que le pedía hacer no había sido tema de prácticas y por lo tanto no podía ser tema de examen. Sólo me faltaba encontrar al padre esperándome a la puerta de mi casa con una escopeta. Felizmente la comisión hizo su trabajo y le indicó que no tenía razón, pero el asunto se añadía a una serie continua de episodios semejantes, en los que los alumnos se niegan a aceptar responsabilidad alguna y tienden a culpar al mundo de sus propias carencias, algo que es propio de mentes poco maduras o infantiles. Estos alumnos, huelga decirlo, se encuentran entre la gente más privilegiada del mundo, algo que repito en cuanto tengo oportunidad y oídos que puedan escucharlo (no mucho, por tanto), ya que pertenecen a algunas de las naciones más ricas del mundo, son saludables y hermosos, llenos de juventud y energía, y pagados por el dinero del contribuyente, gracias a la generosidad de un estado del bienestar con el que sólo puede soñar la mayoría de la humanidad. ¿Y están llenos de agradecimiento por ello? Al contrario, llenos de exigencias y prestos a reclamar lo que no merecen, sin que ni siquiera su extenso conocimiento personal del mundo –han viajado a todas partes y no han llegado ni a los veinticinco- les ayude en general a modificar una visión de la realidad en la que son elemento central y casi único, y en la que merecen todo lo que reciben y mucho más. Si estas características no son propias de lo que llamé infantilismo, que alguien me refute, por favor, que quisiera estar equivocado.

¿Y a qué viene lo de Friends, la famosa serie americana donde se hicieran famosos actores como Jennifer Aniston y Matt Le Blanc? A que en la perversidad de mis procesos mentales se me ocurrió pensar que si estos muchachos llegaran sin remilgos a la treintena serían sin duda como los personajes de dicha serie, pero quizá sin la chispa humorística y mucho más malcriados. ¿Y por qué cito Friends y no otra serie? Por no otra razón que mi hija se ha hecho hincha de la misma y posee la serie entera, la que he acabado viendo, por tanto, en su totalidad, al punto que estoy pensando en presentarme a algún concurso en el que se examinen conocimientos tan inanes. Para que no se me malentienda, debo aclarar que he disfrutado de la serie, como cualquier hijo de vecino, y que verla con mi hija aumenta el gozo y el buen rollo, pues no faltan momentos de mucha gracia, la actuación, aunque plana, es efectiva, los guiones están bien construidos y todo se deja ver sin esfuerzo. Pero en mi función de padre –helicóptero o no- me he preguntado varias veces si la inmersión en los valores que dicha serie propala pueda ser saludable para mi hija, y la mayor parte de las veces me he respondido que no, y las otras veces el asunto me ha importado un bledo, pues al final es irrelevante. Porque lo que presenta Friends al gozo del público es el espectáculo de jóvenes adultos que se han negado a abandonar la adolescencia, para quienes entablar relaciones de pareja es equiparable a cambiar de zapatos, y la proclividad al sentimentalismo más superficial una marca de sofisticación o un signo de poseer un alma buena. Tampoco es que me parezca deseable exponer a mi hija a la lectura desaprensiva de Dovstoievski o de Sartre, o que no comprenda que dichas edades requieren de material digerible y amable para preparalos al cruel mundo real. Pero el natural hartazgo me ha inducido a un estado similar al de los helicópteros paternos, haciéndome ver en cada comedia romántica que he debido sufrir los últimos tiempos un síntoma más del feble espíritu de los tiempos, capaz de instigar en mi hija el cultivo de creencias que más estorban que ayudan, al menos vistos desde la perspectiva del viejo dinosaurio que critica a las nuevas generaciones, como se ha hecho desde el inicio de los tiempos (uno de los testimonios escritos más antiguos de la humanidad, ciertas tablillas sumerias, se quejan ya de la incuria de los jóvenes y de sus estrafalarias costumbres, haciendo bueno el adagio que reza que no hay nada nuevo bajo el sol o la luna, aparte de las tecnologías para divulgarlo). Entre aquellas creencias se encuentran las referentes a las relaciones amorosas, que quieren convencernos que el enamoramiento hormonal y explosivo es la norma, y las referentes a la satisfacción inmediata de los deseos, vistos como un derecho, no el resultado de un esfuerzo o una deferencia racional o meditada. Y sobre el rol de la voluntad ni hablemos.

Claro está, la infantilización masiva de una cultura puede ser un fenómeno recurrente en la historia (otra instancia del nada nuevo bajo el sol), pero me atrevo a afirmar que dadas la globalización actual y el crecimiento exponencial de las nuevas tecnologías, sus consecuencias se harán sentir también de modo global y más incisivo que en épocas anteriores. Y ya que mencioné las tecnologías, paso a explicar el papel que juega el Archos 7 en este tejido crítico en que me he embrollado. Resulta que uno de los productos más importantes en el terreno de los ordenadores en los últimos tiempos son las tabletas tipo iPad, de las que se han vendido ya millones, y de las cuales existen ya muchas variantes. Dichos productos, como muchos otros, no vienen desnudos de implicación simbólica, pues conceden prestigio a quien los posee y se añaden a los otros símbolos de estatus, por lo que para el consumidor impulsivo en que nos hemos convertido son una tentación casi irresistible. Lo fueron, en todo caso, para el que habla, aficionado como soy a estos artilugios, e infantilizado también en mi comportamiento como consumidor. Una colega mía, de buen ver, para más señas, y de procedencia europeo-oriental, se había comprado un iPad, el que pude apreciar con admiración y deseo (del iPad, no de ella, aunque confieso cierta tentación añadida). Dado su precio, me propuse, como buen ciudadano responsable,  a ahorrar para comprarme uno a su debido momento. Pero el día en que viajaba a Finlandia, justo antes de la última navidad, vi en una de las tiendas del aeropuerto, con precios rebajados, una tableta de otra compañía (la mentada Archos), en apariencia similar y mucho más barata que el iPad. A pesar de mi determinación de deferir la satisfacción de este deseo hasta tiempos más favorables, la rebaja pudo más, como lo pudieron la impaciencia y el bono navideño, de modo que sucumbí al impulso de comprarla ahí mismo, diciéndome a mí mismo que si esperaba podría perder la oportunidad (y el bono navideño se esfumaría), racionalización habitual contra la que mi supuesta educación debería haberme protegido. Pero no hubo caso. Adquirido el producto, lo probé al poco tiempo, con una mezcla de culpa y de satisfacción propia del niño que ha cometido un estropicio. Y sólo para decepcionarme, pues el mencionado aparato, a pesar de sus virtudes, resultó ser faltuzco, y cumplir sólo a medias lo indicado en la caja que lo contenía. Sí, puede acceder a internet, pero se traba a menudo y muchas páginas no puede ni abrirlas. Sí, sirve como lector de libros digitales, pero sólo tras largos procesos de conversión de documentos y no para todos los que necesitaría, sin contar que tengo que sacar muchas veces la tarjeta de memoria para que pueda al final reconocerlos. Excel es inusable, el programa Android que posee está ya obsoleto, y de presentaciones ni hablemos. Música y videos también son disfrutables, pero es más fácil disfrutarlos en mi móvil, y, a fin de cuentas, ¿para qué quería otro aparato que podía hacer mucho menos de los que ya tenía? Pues por eso, porque era una tableta, esto es, algo “cool” y moderno, y porque estoy tan infantilizado como el que más. Y ahora ni sé qué hacer con el mismo, y he perdido la mitad de lo que podría haber ahorrado para el iPad u otro similar, si me hubiera comportado de modo un tanto más protestante y deferido mi satisfacción de manera un tanto más adulta. Y yo quejándome de la estudiante que manda a su padre a meterse conmigo. Como diría el mago Merlin en la película Excalibur de John Boorman, al ser preguntado por Arthur que dónde se encontraba el mal. “Donde menos lo esperas”, dijo, sabiamente, mirando de paso a Guinevere, no sé si con deseo o compasión.

17 pensamientos en “El niño que todos llevamos dentro

  1. Gracias, Frans.

    Uno de los rasgos de infantilización que a mí me aquejan (y que cultivo, porque sentirse infantil con casi 300 años es todo un lujo) consiste en mirar con suspicacia o aprensión los escritos largos, largos, con párrafos compactos y sin estampitas: pero confieso que cuando se trata de un texto Van den Broek empiezo a leer, tal vez sin mucho interés, y poco a poco me veo atrapado, cualquiera que sea el tema, por la prosa fluida, levemente exótica, encantadora. Me pasa algo parecido con los artículos de su paisano y escritor menor, Vargas Llosa, que fluye con una facilidad hipnotizante, aunque uno no siempre suscriba sus ideas.

    __

    Boyer hoy en El País (http://www.elpais.com/articulo/opinion/perezosos/improductivos/elpepuopi/20110217elpepiopi_13/Tes). ¡Qué curioso viaje de retorno de este señor hacia la sensatez! Me encanta el tono optimista y razonado.

    Y quiero compartir con los blogueros una impresión, una intuición: tengo la vaga sensación de que las cosas están girando en la buena dirección. El acuerdo con los sindicatos podría haber sido el punto de inflexión. Nadie ha comentado aquí que la evolución del PIB en 2010 ha sido mejor que la pronosticada por el propio gobierno (por no hablar de los catastrofistas al uso). Ha habido consenso para la Ley Sinde (aunque desconozco profundamente el asunto, me gusta el acuerdo mayoritario). Sobre las nucleares parece también que hemos llegado a un punto razonable. Y encima ha llovido bien esta semana… No sé: resulta imposible el optimismo con 4 millones de parados, pero me parece percibir cierto cambio de tendencia. ¿Será el anticipo de la primavera y el correspondiente subidón hormonal?

    Abrazos para todos.

  2. Hoy es un día de gloria, Van den Broek nos regala uno de sus artículos más ligeros pero también uno de los más entretenidos y mejor ligador y encima Boyer escribe en El País un artículo magnífico, como los cuatro o cinco que ha escrito en los últimos dos años.

    Frans se hace mayor y se lamenta de una creciente infantilización que cree haberle afectado a él mismo. Yo creo que desenfoca el asunto: haberse comprado la tableta birriosa de la que nos habla no es síntoma de infantilismo, sino de huevón latinoamericano de buena educación y familia acomodada, que es algo bien distinto. El infantilismo es una cosa y otra muy diferente cierta tendencia congénita del autor a dejarse engañar. Yo creo que van den Broek ha optado en la vida por caer en todos los agujeros para sacar combustible literario. Me congratulo por ello, pues soy un disfrutón de su prosa.

    Para infantilismo, el de ayer en la sesión del Congreso. ZP y Rajoy estuvieron lamentables, realmente lamentables. El nivel del debate político era ínfimo, por no decir que no tenía nivel y era completamente plano. En lugar de contestar a las preguntas tontunas de Rajoy, ZP intentó hacer frases impactantes sobre la personalidad de su contrincante. No veía algo tan penoso desde que María Teresa abandonó el cargo. Teoura advierte no sé qué cambio de tendencia. Yo veo sin embargo que el gobierno se dirige al abismo electoral.

    Penosos los informes policiales sobre Sortu, sin prueba alguna con la que sustentar sus tesis.

  3. Esto de la infantilización da para muchas metáforas. Una de ellas podría ser la del “partido helicóptero”, que siempre piensa- y actúa- por sus militantes. Los partidos comunistas fueron los creadores de ese *infantilismo* – también los fascistas, en cierta medida hijos de aquellos- pero hoy día lo han copiado todos, incluso los de derechas (el partido más leninista del panorama español es el PP, como todo el mundo sabe).

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    Comprendo al Gobierno, aunque lamento su cobardía con Sortu. Entiendo que con los frentes que tiene abiertos, y el descalabro electoral a la vista, haya optado por lo más fácil (buscar su ilegalización). La gestión de la legalización, conforme a la lectura- tan electoral- que hacen en Moncloa de este tema, tiene para el Gobierno un coste mayor, piensan, que su ilegalización. Se pierde una oportunidad única para debatir los temas vascos desde la legalidad y en las instituciones democráticas con TODAS las fuerzas políticas. ¿Qué más quieren? ¿que juren bandera en El Goloso? Sería bueno que todos aquellos que ponen condiciones más allá de la legalidad nos den su lista completa de exigencias sentimentales y espirituales de una vez. Decir que Sortu es Batasuna es una estupidez, pues eso lo sabe hasta Mayor Oreja: ¿a quiénes le vamos a pedir que cambien sino a quienes antes estaban en el aplauso del tiro en la nuca? Y decir que Sortu es la continuación de Batasuna es otra estupidez más. ¿Que el proceso ha contado con el visto bueno de ETA? Pues otra razón más para estar contentos: ¿o no era el final de la violencia lo que perseguíamos? En fin.

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  4. Buenos días Frans! Buenos días al resto!

    Muchas gracias por tu artículo. Comparto todo menos la palabra ‘infantil’. Sintiéndome mejor tras la tan desagradable noticia de los cachorritos, ‘infantil’ parece infantil si hablamos de seres humanos, algo más fuerte, insulto tipo 1er grado, me parece más apropiado. Se hace difícil querer ayudar al ser humano a ser mejor persona…. Saludos!

  5. Gracias Frans. Como profesor, adicto a Friends (lo veo a diario desde hace dos meses) y nuevo poseedor de una blackberry, que es lo que se compran ahora los jovenzuelos a los que no les llega para el iPhone (además de Obama, claro) me siento aludido en varios frentes.

    De todas formas, quiero dejar aquí un homenaje a los padres helicóptero. La culpa no es de ellos. Por ejemplo, si se me permite una confesión, una vez hice a mi padre no ya hablar con un profesor, sino con un cabo, o lo que fuera, para iniciar los trámites para hacerme objetor de conciencia, simplemente porque yo estaba en un viaje de estudios, en Alemania, donde, atacado por el infantil sentimentalismo de una visita a un Lager, resolví que no pensaba vestir de verde a mi regreso (tenía que incorporarme “a filas” unas semanas después). Me hice objetor, y como entonces todavia no era legal terminaron perdonándome la vida y solo por eso le debo un año. Posiblemente también me hice más irresponsable. El caso es que la generación de los padres de gente como yo, son una generación que ha estado muy jodida: recibieron poco, comparativamente, de unos padres tradicionales que se sentían mucho menos obligados hacia sus hijos (más bien esperaban lo contrario) y lo dieron casi todo por los hijos propios, para que aprovecharan las oportunidades de un mundo en cambio. Mis padres son de esos, pero conozco a muchas parejas de esa generación que han sido así, y son mis héroes. Yo he salido, sin embargo, mucho más egoísta.

  6. Para padre helicóptero Manuel Chaves, que consiguió ascender la subvención a la empresa Matsa, inicialmente solicitada por un montante de 6,9 millones de euros a la finalmente otorgada de 10,1 millones, gracias a la infantilista gestión de su hija Paula.

  7. Estos días Tele Madrid está arremetiendo con su coro mediático de siempre acusando al Gobierno de la Junta de Andalucía, al ex Presidente Chávez, al actual Presidente, a los consejeros actuales y ex consejeros, según afirmaban, cientos de millones de euros gastados, de un fondo de reptiles hecho a propósito para estos fines, hacían cuentas de lo que habían robado en detrimento de los parados, los Sindicatos, no decían cual, estaban implicados.
    Ya está tardando la Junta de Andalucía de tomar las medidas oportunas para esclarecer
    lo que haya que esclarecer y poner en su sitio a esta manada de de palmeros del PP que haciendo uso de su derecho a informar están sembrando las dudas, falseando verdades, y desinformando intencionadamente, tratando a los andaluces mas o menos como si fuésemos analfabetos Hoy en Tele Madrid con el coro de siempre apostillando, acusando al Gobierno de la Junta de Andalucía, al ex Presidente Chávez, al actual Presidente, a los consejeros actuales y ex consejeros, según afirmaban, cientos de millones de euros gastados, de un fondo de reptiles hecho a propósito para estos fines, hacían cuentas de lo que habían robado en detrimento de los parados, los sindicatos, no decían cual, estaban implicados.
    Ya está tardando la Junta de Andalucía de tomar las medidas oportunas para esclarecer
    lo que haya que esclarecer y poner en su sitio a esta manada de de palmeros del PP que haciendo uso de su derecho a informar están sembrando las dudas, falseando verdades, y desinformando intencionadamente, tratando a los andaluces mas o menos de la maldad y en definitiva haciendo que se dude de la honestidad de personas que mientras no se demuestre lo contrario, no merecen semejante desvarío. El miedo del PP no es a la situación de crisis, el miedo está en que las cosas mejoren y ojo tambien a que Zapatero se vuelva a presentar y visto lo visto le animo a que lo haga. Mientras tanto, Valencia, Castellón y todo el caso Gurtell permanecen en el silencio del PP aupando a un Presidente en la comunidad de Valencia presuntamente corrupto.
    Es hora de poner a cada uno en su lugar, pero con la verdad por delante, la ciudadanía está hasta los C. de tejemanejes para acceder al poder sea como sea, se está poniendo en duda por parte del PP la honestidad de las Instituciones, fuerzas de seguridad del Estado, se está acusando al Gobierno de contribuir con fondos a ETA, a la policía de estar compinchada con ETA en el caso Faisán, de negociar con la banda a espaldas de todo y de todos, se pone el ventilador de la M en todas direcciones, mientras en Gobierno mide sus palabras, y en muchos casos calla, las cosas tienen un limite, la justicia deberá tomar cartas en el asunto, tambien está saliendo malparada. Tiempo al Tiempo

    y en definitiva haciendo que se dude de la honestidad de personas que mientras no se demuestre lo contrario, no merecen semejante desvarío. El miedo del PP no es a la situación de crisis, el miedo está en que las cosas mejoren y ojo tambien a que Zapatero se vuelva a presentar y visto lo visto le animo a que lo haga. Mientras tanto, Valencia, Castellón y todo el caso Gurtell permanecen en el silencio del PP aupando a un Presidente en la comunidad de Valencia presuntamente corrupto.
    Es hora de poner a cada uno en su lugar, pero con la verdad por delante, la ciudadanía está hasta los C. de tejemanejes para acceder al poder sea como sea, se está poniendo en duda por parte del PP la honestidad de las Instituciones, fuerzas de seguridad del Estado, se está acusando al Gobierno de contribuir con fondos a ETA, a la policía de estar compinchada con ETA en el caso Faisán, de negociar con la banda a espaldas de todo y de todos, se pone el ventilador de la M en todas direcciones, mientras en Gobierno mide sus palabras, y en muchos casos calla, las cosas tienen un limite, la justicia deberá tomar cartas en el asunto, tambien está saliendo malparada. Tiempo al Tiempo

  8. Mis disculpas por haber repetido algunos parafos al pegar mis reflexiones. Lo discho

  9. Gracias Frans por tu magnifica exposicion de lo que supone el tiempo perdido… o de como perder el tiempo viendo Friends…jeje.

    Yo les recomendaria a los fans de Friends que frieguen los platos de vez en cuando,pasen la valleta del polvo o en su defecto el plumero por el mueble del televisor y friegen como es debido los suelos con la fregona,no es plan que se escuden en el niño que llevan dentro para tumbarse a la bartola.

    Hace tiempo que deje de llevar a un niño dentro de mi ,ahora tengo que sufrir la lucha intelectual que desarrollan mis Dos Neuronas ante el desconcierto de mi Yo y mi mirada atenta.

    Tengo que decirles que sigo mordiendome la lengua y no logro envenenarme,ante la actitud antidemocratica y desleal que estan mostrando los responsables politicos del partido popular con las instituciones del estado.

    Podria decir que estoy hasta los güevos,pero no lo dire,como veis solo lo he escrito.

    Asi que para que no se olviden de lo que supone tener como gobernantes a la derecha cainita defensora del franquismo ,religiosamente aglutinada en el partido popular aqui les dejo un articulo de opinion de Arturo Gonzalez en Publico:

    Me van a permitir que hoy me limite a transcribir literalmente y sin comentario alguno un Contrato-tipo para maestras de 1923, cuya fotocopia veraz tengo en mi poder.

    Contrato de maestras – 1923

    Este es un acuerdo entre la señorita………, maestra, y el Consejo de Educación de la Escuela……… por la cual la señorita……….. acuerda impartir clases durante un periodo de ocho meses a partir del….. de septiembre de 1923. El consejo de Educación acuerda pagar a la señorita……… la cantidad de 75 pesetas mensuales.

    La señorita……….. acuerda:

    1.- No casarse. Este contrato queda automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa.

    2.- No andar en compañía de hombres.

    3.- Estar en su casa entre las 8:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana, a menos que sea atender en función escolar.

    4.- No pasearse por heladerías del centro de la ciudad.

    5.- No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin permiso del presidente del Consejo de Delegados.

    6.- No fumar cigarrillos. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra fumando.

    7.- No beber cerveza, vino ni whisky. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encuentra a la maestra bebiendo cerveza, vino o whisky.

    8.- No viajar en coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre.

    9.- No vestir ropas de colores brillantes.

    10.- No teñirse el pelo.

    11.- Usar al menos dos enaguas.

    12.- No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos.

    13.- Mantener limpia el aula.

    a) Barrer el suelo al menos una vez al día.

    b) Fregar el suelo del aula al menos una vez por semana con agua caliente.

    c) Limpiar la pizarra al menos una vez al día.

    d) Encender el fuego a las 7:00, de modo que la habitación esté caliente a las 8:00, cuando lleguen los niños.

    14.- No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios.

    (DEBE DE FALTAR UNA SEGUNDA HOJA, PERO NO LA TENGO)

    :::::::::

    En fin…….la que nos espera si Ziluminatius no lo remedia…..sniff.

  10. Antes me he quedado con ganas de decir esto, por lo que ahora lo escribo… jejeje.

    Infantilismo o ceguera voluntaria y aveces permanente de lo que de forma inconsciente ignoramos por simple despreocupación emocional. Nos dejamos llevar por un sentimiento irresponsable sin medir las consecuencias de nuestros actos. Seguimos una moda dejándonos embaucar por unas risas de lata o unas promesas que a sabiendas sólo satisfacen nuestro frágil ego primigénico. Desconectamos, queremos desconectar de nuestras responsabilidades y así lo hacemos como acto de rebeldía hacia nuestra propia esclavitud programada, de nuestra propia abrumadora conciencia. Necesitamos un respiro y tiramos de forma circunstancial nuestra conciencia por la borda como un derecho regresivo a la felicidad de nuestra pueril, ingenua e inocente infancia.

    Ya está, ya lo he escrito y queda dicho. ¡Bufff! me he quitado un peso de encima… jejeje.

    Un regalo para Frans: http://www.youtube.com/watch?v=LxmIvXm6uIU

    PD: Vota Carmen Chacón http://www.europapress.es/nacional/noticia-chacon-alerta-no-puede-hacer-oidos-sordos-cambio-climatico-porque-pone-jaque-humanidad-20110215145340.html

  11. Frans nos pone delante un gran abismo generacional. Según él, ya lo sumerios se quejaban de las malas costumbres de los hijos. Pero lo que nos cuenta Fran.sz va mas allá. ¡También los padres y madres han cambiado! Antes, temblábamos al llevar a casa una carta del director o profesor acusándonos de mala conducta. La regañina paterna era inevitable. Pero ahora resulta que los padres te interrogan para confirmar que a ese imbécil de profesor hay que ajustarle las cuentas y, por lo que leo en los periódicos, incluso van al colegio y le pegan una bofetada o algo más fuerte.
    Creo que retrasar la edad de jubilación puede ser útil para atajar este fenómeno de los padres helicóptero. El problema es que están prejubilados y no tienen otra cosa qué hacer que proteger a sus hijos. Por otro lado, los hijos no quieren abandonar el domicilio paterno y se juntan todas las tardes con sus progenitores y les cuentan milongas sobre lo dura que es la vida e incitan a los padres a salir a defenderlos.
    Obviamente la democracia tiene la culpa de todo esto. Con un dictador, hasta los padres se vuelven dictadores y exigen a sus hijos a salir a ganarse el pan y no protestar, es lo que hace el dictador con ellos. Con la democracia, por el contrario, los padres se han acostumbrado a protestar por todo y a exigir que el Estado provea de todo. Ellos a su vez se sienten obligados a resolver todos los problemas de sus hijos tratando de emular al Estado.
    En fin, Frans, lo he pasado muy bien leyendo tu artículo, este blog necesita un poco de ironía.

  12. Ya llevaba tiempo olvidándome de “Ella”, pero la verdad es que lo acaba de poner a huevo … Sabía de su vanidad, de su endiosamiento, de su creencia en su propia providencialidad … pero ésto lo supera todo: ¡¡¡ Rosa Díez afirma que la mayoría de los españoles son de UPyD y no lo saben ¡¡¡

    http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/17/espana/1297975109.html

    Como decía alguno de sus seguidores en los Foros de BY o en el blog de Santiagón, “son palabras que piden mármol”.

    Buenas noches tengan, seguidores de UPyD.

  13. Si quieren colaborar para que los espñoles vean el entramado politico de la corrpcion del PP aqui les dejo este enlace:

    http://www.ppleaks.com/

    Fernando,si quieres colaborar ya sabes…..jeje….y no te preocupes que ya saldra algun tonto de los cojones que “emule” la idea y lo haga con noticias falsas de la caverna mediatica en contra de los socialistas,Mercasevilla y Eres incluido.

    Animo ,que no se les caigan los anillos….JAJAJA…que nervios.

  14. Hola Jon 14, lo que hay es muchísima gente antidemocrática y no lo sabe… o sí….

  15. Hasta hoy, un día más tarde, no he podido leer el artículo de Frans. Y he disfrutado muchísimo. Está bien escrito, como siempre, pero además es divertido y profundo. También a mí me pasa algo parecido a lo que cuenta Teoura: la lectura de los artículos de Frans me produce una sensación parecida a la de beber un vaso de agua; lo mismo que me pasaba con Vargas LLosa, y me sigue pasando a veces, pero ya no tanto como antes.
    Yo he visto Friends y he disfrutado. Todavía no me he encontrado a un padre helicóptero ni a alumnas tan desparpajadas como las suyas, y espero no encontrármelos. Y me resisto como gato panza arriba contra las tabletas y similares.

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