El mundo de los héroes y de los niños

Señor_J

Entre atentado mortal y atentado mortal, el mundo sigue girando. Los atentados de Bruselas no impidieron que el estreno mundial de Superman v Batman cosechara la cifra récord de 424 millones de dólares. Cuando, dado el impacto mediático que el atentado tuvo, parecía que todo el mundo iba a vestir un luto riguroso y a abandonar sus actividades habituales, con el fin de gestionar su miedo y su dolor, resulta que la fiesta continuó y nadie quiso perderse las hazañas del hombre de acero y el hombre murciélago. ¿Habremos de felicitarnos porque los terroristas fueron incapaces de influir sobre nuestro comportamiento o de preocuparnos porque las bombas que matan y amputan en un país que está a la vuelta de la esquina no tienen demasiado efecto sobre nuestra cotidianeidad? Interesante dilema, sea falso o no. En cualquier caso bienvenida sea esa oleada de dinero en un mundo con tantas necesidades que esperan una respuesta semejante. La cuestión de los refugiados es una de ellas pero bien sabemos que, en ese sentido, la movilización va a ser mucho menor, porque los refugiados o las víctimas de los atentados que tienen lugar en todo el mundo no se encuentran integrados con la misma intensidad en ese imaginario nuestro poblado de superhéroes de papel, creado y difundido por DC, Warner, Disney, Marvel y tantas otras potentes firmas dedicadas a dotar de contenidos a la cultura de masas global.

Pocos son los superhéroes de carne y hueso capaces de enfrentarse a los de papel pero a veces surge alguno. No son tan globales, aunque pueden serlo bastante. Se extienden por lo general sobre un universo algo más pequeño, pero hay momentos en que su figura puede absorber totalmente nuestra atención. Y en la muerte de Johan Cruyff, eso es lo que ha sucedido. Ese fenómeno global llamado mundo del fútbol ha sacado toda la artillería para proclamar a los cuatro vientos su grandeza y en el microcosmos catalán, barcelonés u holandés parece que se haya detenido el mundo ante su tumba: un sinfín de artículos laudatorios y de declaraciones elogiosas, especiales y más especiales televisivos, personajes antediluvianos que regresan a la luz pública tras un periodo de sombra e incluso barrotes… Todo es desmesura para despedir al hombre que acuñó simplezas tales como “Si tú tienes el balón, el rival no lo tiene” y que tras frases como esta seguía acumulando cada vez más individuos que gritaban tras de sí: “Ohhhh, “Es un  genio”, y que enmarcaban esas frases en un complejo sistema filosófico, no sé si porque está mucho más alcance de cualquier periodista venido a tertuliano hacer exégesis de frases como esta de Cruyff, que de los textos de San Agustín.

Respecto a este fallecimiento, me llamó la atención que el pasado sábado EL PAIS reimprimiese un artículo publicado por Manuel Vázquez Montalbán en dicho medio el 20 de mayo de 1996, titulado Cruyff: 18 de mayo de 1996. El inefable Manolo hizo dos grandes contribuciones al mundo, entre algunas otras. La primera fue hacer creer a alguna gente que las muy, pero que muy normalitas novelas sobre su personaje Pepe Carvalho eran la quintaesencia de una época -bastante prolongada en el tiempo, por cierto, porque estiró al personaje a base de bien- y de un escenario concreto -Barcelona, que yo siempre he visto mucho mejor representada, incluso en los tebeos de Superlópez, ni que sea a nivel “pictórico”-. La segunda, más importante si cabe, que el fútbol era algo que merecía realmente la pena y que tenía algún sentido místico que justificaba el dedicarle tantas horas y tantas palabras en diarios o bares. Pues bien, en este mismo texto pronosticaba la inminente coronación de Jordi Cruyff como estrella futbolera internacional, cosa que jamás sucedió ni por asomo, y evocaba esos tiempos en que el hijo tenía que triunfar en el Barça y el yerno, Mariano Angoy, tenía que ocupar plaza de portero en el primer equipo junto al imposible Carlos Busquets, el portero que por orden de Johan remplazó a Andoni Zubizarreta tras una mala final, a pesar de no tener capacidad alguna de coger un  balón en movimiento. Y piensas: ¡Qué genio tan mundano, el que ve tanto más talento de primer nivel cuanto mayor es el parentesco que presenta con otros individuos! Pero esta reflexión, que bien podría llevarnos a concluir que nos cegamos excesivamente con  las personas que salen por la tele, no forma parte de la evaluación que vivimos estos días sobre su luctuosa de su figura. Es tiempo de honrar a Cruyff y de saludar a Batman y a Superman.

Entretanto, esperemos a los próximos héroes. ¿Quiénes serán? ¿Y quién será el antihéroe? En ese microcosmos que albergamos llamado España se han dedicado muchos esfuerzos mediáticos últimamente para convertir a Pablo Iglesias en el antihéroes del proceso de investidura y en un mundo en que la gente parece que piensa en esos marcos, algún coste habrá de tener. Las convulsiones del mundo podemita tampoco le ayudan mucho a dejar de serlo. Por su parte, Pedro Sánchez ha querido ser una especie de Spiderman, un héroe hecho a sí mismo, y sigue en ello. Teniendo en cuenta cómo le podría ir, no le va mal del todo: de momento ha mandado a lo lejos el Congreso del PSOE de un patadón y mantiene a Susana Díaz sin salir del banquillo, ni siquiera a calentar. En cuanto a Albert Rivera sigue sobre todo pendiente de lo qué dirá la prensa deportiva de su juego táctico y a Rajoy no hay quien le saque del catenaccio. Seguimos sin saber quién será el presidente, ni cuando lo será. Sí sabemos, en cambio, que desde hace unos días el papa Francisco está en Instagram, según parece para recorrer el camino de la misericordia y de la ternura de Dios (¡¡No es broma!!).

Por cierto, tampoco sabemos quién será el portero español en la Eurocopa, si Casillas o De Gea. ¡terrible dilema! Sí que sabemos, al menos que podemos sacar a cualquier actor del geriátrico y movilizar a media humanidad: ahí anduvo de nuevo el Han Solo de toda la vida en El despertar de la fuerza pero es que Harrison Ford retomará el látigo de Indiana Jones para estrenar una nueva película en 2019, la cual habrá rodado más o menos con 76 años. Y una vez más las masas no faltarán a la cita, pase lo que pase, porque sin ese espectáculo, ¿qué queda? ¿Con qué evadirse si no de la vida?

Nos explicaba Henning Mankell, en Arenas movedizas, que tras serle diagnosticado el cáncer que acabaría con su vida en octubre de 2015, recurrió a los libros en un primer intento de ofrecer resistencia. Cuando las primeras sesiones de quimioterapia afectaron a la mucosa de sus ojos, dificultándole la visión, se volcó sobre las obras de arte y también sobre la música. “Solo así podía resistir lo insoportable que era dirigir toda la atención a la enfermedad, al tratamiento y al hecho de andar siempre buscando nuevos síntomas. Además me daba más fuerza en los momentos en que tomaba conciencia de lo que me pasaba“. No se trata, pues, de menospreciar el papel que ciertas cosas pueden tener en nuestra vida ni la necesidad de evadirnos: solo de no restar importancia a las cosas que realmente importan. 

Mankell fue un destacado escritor, capaz de dar en forma de novela un testimonio inigualable sobre una época y unos lugares (Suecia, África subsahariana). A diferencia de Vázquez Montalbán, en las suyas, creo. Por eso, puestos a evadirnos, tal vez nos iría a todos mejor si dedicásemos más tiempo a las palabras de Mankell que a las de Cruyff. La proporcionalidad y el buen uso del tiempo siempre es importante.