El misterio de las muertes masivas, una novela negra de Navidad

José D. Roselló

Cualquiera que se expresa públicamente en fecha tan señalada, siempre se ve tentado de empezar por un “Me llena de orgullo y satisfacción…”; sin embargo no son estas sensaciones la más frecuentes hoy por estos pagos. Sirva como indicador el último anuncio de Campofrío, destinado, se supone, a enternecer y subir la moral de la audiencia y cuyo efecto, sin embargo, es más bien devastador.

No hay novela negra sin hallazgo de un cadáver en algún lugar inesperado. Esta se basa en el hallazgo de 20.000, a plena vista y sin embargo, semisepultados en el aluvión de noticias cotidianas, fines del mundo mayas, etc.

Al dar una click descuidado en un periódico digital, se halló una noticia referente a la nota de prensa del INE sobre indicadores demográficos básicos

http://www.ine.es/prensa/np759.pdf

En la cuarta página, bajo el epígrafe de Mortalidad, con este español agrisado y ortopédico que tienen siempre los textos técnicos en nuestro idioma, se consignaba el siguiente hecho:

 “En los meses de febrero y marzo de 2012, un incremento coyuntural de las defunciones registradas provocó que en los seis primeros meses de 2012 el número de defunciones aumentara hasta alcanzar las 217.017, un 9,7% más que en el mismo periodo de 2011

La prosa adormecedora del último renglón ocultaba a los 20.000 occisos fuera de lugar. Para cualquiera que haya manejado alguna vez cifras relativas a nacimientos, defunciones, crecimiento poblacional, etc., cualquier dato que se acerque a los dos dígitos es llamativo, por lo alto.

El examen preliminar de la escena del crimen aumentaba lo inquietante de lo que antes se intuía. Desde 1975, el promedio de lo que varían las defunciones de un año a otro (lógicamente hay variaciones positivas unos años, otros negativas) es de 0,74%; por tanto, un aumento de las defunciones en un 10% es algo extraño, muy extraño.

Como siempre que se encuentra un cadáver donde no debe estar, parecía necesario hacer la preceptiva autopsia e iniciar una investigación en paralelo.

Hay años “mortales”: desde 1975, en 37 años, el aumento de mortalidad ha superado el 4% en cuatro ocasiones; el récord lo ostenta 1983 con un 5,5%. No obstante, esto sigue siendo la mitad que ese 10%. Hay que entrar más hondo ¿Que comió o que bebió el finado? ¿Qué fibras tenia bajo las uñas? ¿Presenta golpes, puñaladas, orificios de bala?

El mismo INE nos dice que ese aumento anormal de las defunciones se centra principalmente en febrero y marzo; si se observa el gráfico servido en la nota de prensa consignada, se ve que también se extiende este aumento a enero, para luego presentar un perfil similar a los años anteriores el resto de los meses.

El paso lógico es comparar si otros años mortales tienen una configuración similar. No hay demasiados  (2005, 2003,1985 y 1983).

El morirse es, como otras cosas naturales, un fenómeno afectado por la época del año. Como mamíferos de sangre caliente que somos, los inviernos se nos hacen cuesta arriba, y tendemos a fallecer más en los meses de frio que en los de calor, al menos aquí en la zona templada del hemisferio norte. ¿Viene caracterizado un año mortal por un invierno duro?

Sí se observa este fenómeno, ocurre con 2005 y 1983, donde acaece un “mal principio de año”, pero no se da en 2003 y 1985, en los que el aumento de mortalidad se da en un verano (2003) o en un mal otoño (1985). No nos deja del todo satisfechos, sin embargo arroja algo de luz.

Recordemos que los datos se refieren sólo a la primera mitad de 2012; si 2012 fuera igual que 2011 a partir de junio, el aumento sin precedentes del 10% se diluiría hasta un “no tan raro” aumento del 5%. Y esto sí ha sucedido en anteriores años mortales: el aumento suele concentrarse en un momento muy concreto del año, no distribuirse uniformemente; por tanto, cabe la posibilidad de que tras el crudo inicio de año 2012 se matice (también cabe la posibilidad de que no).

Esto es lo que nos podría decir un patólogo que se limite a examinar los especímenes. Los 20.000 cadáveres de 2012 pueden ser infrecuentes, pero aún “naturales” dentro de lo que cabe.

Sin embargo, queda la otra rama de la investigación, la policial. ¿Qué ha pasado de sospechoso en este año para que haya habido tal mortandad? ¿Quién es el sospechoso número uno? No he sido capaz de encontrar una referencia clara a un febrero especialmente duro ni en temperaturas, ni por alguna epidemia, pero de esto quizás profesionales del ramo sanitario puedan tener más información. No es descartable. Desde luego, el INE se cubre de gloria absolutamente al pasar de puntillas por las “causas coyunturales”. O no lo sabe, o lo sabe y no lo dice. (Prometo llamarlos la mañana de mañana mientras ustedes leen esto).

Si no es el invierno, si no es una gripe, queda el sospechoso terrible. ¿Cuatro años de crisis y tres de recorte, sobre recorte, sobre recorte y paro, sobre paro, sobre paro están pasando factura? ¿Tanto como para ser el asesino detrás de los 20.000 muertos? Tentador, plausible, pero difícil de probar.