El jabalí herido

 Jon Salaberría

Justamente hoy (por ayer), jueves 17 de octubre, a las 19:30 horas y en el Hotel HUSA Princesa de Madrid, tendrá lugar una cita política bastante atípica para los usos que la (de momento) monolítica derecha española, nucleada en torno al Partido Popular, acostumbra en el devenir de su vida interna, muy organicista, reglada y sometida al principio de disciplina. La exaltación que en el PP se realiza del principio de jerarquía, siempre hasta el máximo grado, determina, cuando aparece ocasionalmente el verbo suelto de turno, que la trascendencia mediática de la disensión, incluso de la mínima discrepancia, sea mayor que en otras coordenadas espaciales de la política española. De ahí la expectación despertada por la “asamblea informal” que en torno a la figura de Alejo Vidal-Quadras (Barcelona, 1945), eurodiputado del Partido Popular Europeo y uno de los más carismáticos líderes que la formación conservadora haya tenido en Catalunya, congregará en Madrid a dirigentes de la formación que, en la mayoría de los casos, han ido alejándose de la línea oficial marcada por Génova 13 con cierta discreción y sin ningún tipo de voluntad de impulsar corriente alguna con entidad propia. La posibilidad de que esta cita opere el recrudecimiento del discurso discrepante de dirigentes como el citado, o como los igualmente alejados de la primera línea, Santiago Abascal, María San Gil, González Quirós o Juan Antonio Ortega Lara, discurso explícito en sus apariciones mediáticas, pero sin identidad orgánica, ha levantado las suspicacias de la línea oficial del Partido, no ocultándose el temor ante las especulaciones sobre el posible nacimiento de un nuevo sujeto político a partir de las sensibilidades más “duras” de la derecha española. Especulaciones sobre la posibilidad en sí, pero también sobre la naturaleza de ese nuevo sujeto político que podría surgir: ¿corriente de pensamiento generador de una opción de cambio dentro de la batalla política interna del Partido Popular, alternativa que desapareció con la “espantá” de Aguirre en el XVI Congreso (Valencia, 2008) o, directamente, escisión?

La cita de Madrid es la culminación de un proceso progresivo que dura ya más de cuatro años, y que tiene su origen más mediato en la presunta deriva de la línea política oficial del Partido, encarnada en la persona del actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, hacia posiciones pactistas durante la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero en la materia que hasta entonces había sido el campo de batalla favorito de los populares frente los Ejecutivos del Presidente leonés: la política antiterrorista. Está, por supuesto, en la fallida rebelión del aznarismo  en el citado Congreso de Valencia. La llegada al Gobierno de los populares, como ya ocurriese durante el último mandato de Aznar (de nuevo presente en la primera línea de opinión), ha supuesto además el recrudecimiento del problema territorial. Si entonces se trató del envite del Lehendakari Juan José Ibarretxe y su proyecto de “Estado Libre Asociado” (resuelto por los cauces institucionales previstos en el ordenamiento constitucional ya con un Gobierno socialista), ahora es el envite soberanista del President Artur Mas el que ha hecho sonar la trompetería de los duros. Si la presunta tibieza en materia antiterrorista de Mariano Rajoy, que hizo salir con poco ruido pero por la puerta de atrás a buena parte del equipo de la donostiarra María San Gil, fue la que hizo intensificar su discurso a un Vidal-Quadras ubicuo y activo en los medios audiovisuales ultraconservadores, es el “asunto catalán”  la gota que colma el vaso y desata las hostilidades. A estos recursos argumentales, Vidal-Quadras une la exigencia de cambios en la línea de la regeneración democrática interna del Partido. Curioso, pero ha sido uno de los dirigentes más conservadores el que toma el testigo de Esperanza Aguirre (otro referente de los duros del PP) para solicitar la irrupción en la vida interna del Partido Popular de procedimientos que se reclaman también en el ámbito propio de la socialdemocracia: las elecciones primarias como medio de designación de candidatos y cargos individuales del Partido, y las listas abiertas para configurar los órganos colectivos. Es también Vidal quien se ha mostrado más beligerante con el tratamiento que Génova 13 ha dado a otro asunto que está dinamitando la credibilidad del Partido a pasos agigantados: la corrupción. La misiva de 20 de septiembre, firmada por Vidal con el apoyo de destacados miembros de las Fundaciones DENAES y FAES, pidiendo una Junta Nacional del Partido que analice estos problemas con la determinación de adoptar las medidas correctoras que “sean necesarias”, y que no ha tenido contestación, es la causante inmediata de esta reunión en Madrid.

¿Tiene visos de realidad una posible escisión? Este sector duro del PP está alentado por los crípticos pronunciamientos de José María Aznar esta misma semana en cuanto a las medidas que deberían adoptarse con firmeza desde el Ejecutivo para hacer frente al desafío nacionalista catalán (todos/as pensamos inmediatamente en la posibilidad de suspensión de la autonomía catalana, opción que sobrevoló igualmente el proceso impulsado en su día por Ibarretxe), y hace del peligro a la integridad de la unidad nacional su bandera ante la ausencia de ETA. Pero además, paradójicamente y a pesar de la dureza de las medidas de ajuste que desde enero de 2012 viene aplicando Mariano Rajoy, también expresan una disociación ideológica que, vistas las circunstancias referidas, dan credibilidad a las intenciones. Alejo Vidal-Quadras insiste en que “la desideologización de las cúpulas de los grandes partidos trae como consecuencia la falta de competencia interna para ocupar las máximas responsabilidades e integrar la oferta electoral, de modo que se produce una deriva desde los fundamentos morales originales hacia posiciones oportunistas adaptadas al clima de opinión pública, siempre determinado por las consecuencias de la crisis y por los dramas sociales que la misma determina”. El eurodiputado atisba un escoramiento del PP hacia posiciones de centro-izquierda incoherentes y de “gran riesgo electoral”, como ya determinan las encuestas. Si ante el rigor de las políticas de austeridad, dejando incluso de lado el discurso integrista en lo territorial (que es el que llena de sentimiento y de “colorido” la línea argumental, tan del gusto en las TDT’s), existe un sector de la derecha capaz de atisbar desviaciones de las políticas gubernamentales a posiciones tenuemente socialdemócratas (como también señalase con menos facundia discursiva la misma Esperanza Aguirre), y si ante la ortodoxia de las posiciones en educación y en relaciones con la Iglesia Católica hay quien puede ver desde dentro “deriva desde fundamentos morales”, no me cabe duda de que la capacidad de desafección de estos dirigentes es grande y la posibilidad de escisión no es descartable.

A esta situación, unan ustedes la reacción propia del “jabalí herido”, metáfora muy al uso cuando se trata de expresar las cuitas internas de una derecha de tradición, no olvidemos, muy cainita: la personalidad peculiar del defenestrado Alejo Vidal-Quadras se presta a describir su actitud como la de la presa herida por la saeta del cazador, que en sus estertores finales será letal enemigo. Su etapa dirigente al frente del Partido Popular de Catalunya (entre 1991 y 1996) se caracterizó por el mejor resultado en votos (que no en escaños, 17) al Parlament de Catalunya. Pero el pactismo posterior a raíz del Acuerdo del Majestic (1996), que ha caracterizado, con altibajos, la estrategia popular en la Comunidad en sus relaciones con CiU desde entonces, determinó resultados más discretos hasta la llegada de Alicia Sánchez-Camacho. En lo personal, el esquema negociador de relaciones con el nacionalismo catalán de centro-derecha supuso un retiro al cementerio de elefantes (Parlamento Europeo) que no acabó de asumir. Un sentimiento personal de agravio que se puede ver en estas fechas aumentado con las inevitables quinielas que circulan de cara a 2014: en ninguna de ellas se garantiza la posibilidad de que Vidal continúe en la oferta electoral popular a las Europeas. Mientras, su actividad frenética en el frente social de la derecha sigue abriendo los espacios que el establisment le niega. La de hoy es una etapa más en una escalada que amenaza con llegar hasta la ruptura sin paso atrás.

A esperas de analizar el resultado de este cónclave informal, habría que considerar tres variables en esta encrucijada política, y que darán que hablar durante las próximas fechas:

 1 – ¿Escisión o batalla interna? Tengo la personal impresión de que el “daño electoral” al que se enfrenta el PP y que las encuestas vienen cuantificando en el último año en un porcentaje que oscila entre los 10 y los 19 puntos porcentuales en intención de voto, no conllevará el usufructo de la pérdida por parte de un PSOE que sigue sumido en una gravísima crisis y que sigue sin conectar con el centro sociológico, estrato que podrían decantar la balanza del cambio en un futuro mediato. Cuanto menos, en ese intervalo. Igualmente, formaciones como UPyD y Ciutadans, que sí podrían acceder a ese estrato sociológico, lo harían de modo muy coyuntural, pero decisivo en el corto plazo. Esas mismas formaciones del espectro indefinido, desde luego, no podrían acceder a la franja de votantes que sí se caracterizan o identifican como conservadores: para ellos, aquellas serían formaciones de un tibio liberalismo progresista o de centro-izquierda, con las que se puede coincidir también de modo ocasional en cuestiones como la unidad del Estado o el conflicto lingüístico en ciertas Comunidades, pero no en asuntos de trascendencia doctrinal como la educación o el aborto, por poner dos ejemplos. Es en este segundo segmento de votantes de la derecha, más ideológica, en la que este sector crítico en formación puede intentar “abrir el Partido a su público natural, a la regeneración como proyecto de ideas y no de intereses, a partir de un congreso extraordinario con derecho a voto para los casi 800.000 militantes y también para aquellos que se inscriban como militantes. En caso contrario, habría que pensar en una nueva formación desde fuera que represente a la derecha indignada y que lleve su espíritu regenerador a la sociedad española”. Es en este sector de máxima fidelidad del votante popular en el que una escisión podría causar efectos devastadores. Ambas opciones están abiertas y depende tanto del “músculo político” que exhiban como de la respuesta de Génova 13 a que se decante una posible decisión en un sentido u otro.

 2 – El papel del ex Presidente del Gobierno, José María Aznar, que vuelve esta misma semana a figurar en la primera línea política con un mensaje abiertamente crítico contra la gestión del actual primer mandatario español y sucesor propio. El ex líder cósmico es “alma libre” y como tal opera, sin conexión directa con el grupo anterior, que pide abiertamente ya el relevo de Rajoy. Pero sin duda su ascendente político es amplio en el seno de la derecha española y sin duda supone un problema adicional para un Rajoy en horas bajas. Como afirma Pepe Oneto, “Aznar ha recordado al Presidente que muchas veces el silencio es como mentir; directamente ha señalado que ‘el silencio puede dañar tanto como la mentira’, en referencia a esa política presidencial de no hablar claramente y de rehuir el enfrentamiento procurando encontrar un camino de moderación, ‘y no hay moderación en el ejercicio de la ilegalidad, ni del poder por quien no debe ni para lo que no debe’, concluía el ex Presidente”. La posición crítica y enérgica de Aznar frente al desafío soberanista catalán y respecto de la actitud de su propio sucesor, como meses atrás la crítica despiadada en materia fiscal, no quiere decir necesariamente que en este escenario el ex mandatario vaya a salir de su papel de “jarrón chino” para jugar un papel activo. Pero sí que se convierte en una fuente argumental y en un “referente moral” para la sensibilidad interna en formación.

 3 – ¿Cuál sería el grado de afectación de una posible escisión al Partido Popular a efectos demoscópicos, si esta se produjese? ¿Qué nuevo escenario determinaría en el tablero político? Escisiones anteriores, como la del PADE, la ruptura de la entente con UPN (en puridad no una escisión, pero sí la ruptura de una fórmula electoral de éxito que el PP llevaba años queriendo exportar a Catalunya) o como la creación del Foro Asturias (Álvarez-Cascos) no han afectado en términos cualitativos al PP, coincidiendo con etapas de expansión municipal (PADE) o con la mayoría absoluta de 2011 las otras dos ocasiones. Una escisión del núcleo duro de Vidal-Quadras podría tener una influencia electoral decisiva en un momento en que el bipartidismo está en caída libre y el desafecto ciudadano respecto del proceso democrático y sus instituciones abre elcampo, en el mejor de los casos, nuevos sujetos políticos. A nivel nacional, sería una auténtica incógnita ponderar el grado de afectación. Los analistas políticos sí coinciden en que la escisión en Catalunya llevaría al PP a una práctica desaparición. El estrato más moderado y social del electorado popular catalán está engrosando las filas de Ciutadans, más combativos respecto de las políticas de austeridad y a la vez identificados con el sentimiento españolista. Si el estrato más conservador e igualmente antinacionalista encuentra acomodo en otras listas, el PP estatal podría dejar de tener un referente en la más importante de las Comunidades del Estado, coincidiendo además con el hundimiento del referente político del Partido Socialista allí, el PSC, que pasa por igual proceso de hemorragia electoral, aunque por motivos distintos. 

Quedamos a la espera de las señales políticas de estos movimientos, justo el día en el que también Ciutadans anuncia la que puede ser definitiva irrupción de la formación en la política estatal. Movimientos que pueden trastocar la paz interna del partido en el Gobierno, uno de sus activos más preciados y convertir el invierno y la segunda parte de la Legislatura en una difícil “cuesta arriba” para Rajoy.