El interés por encima de la ética

Millán Gómez 

El Grupo PRISA es posiblemente la empresa de comunicación de referencia en este país. El prestigio de medios como “El País”, “Cadena SER” o “CNN+” así lo corroboran. Muchos de nosotros somos fieles seguidores de sus informativos y algunos de sus programas. PRISA siempre se ha destacado por su compromiso con las libertades y por hacer un periodismo en defensa de los valores democráticos. No en vano, muchos ciudadanos vieron cómo “El País” respondía diariamente a sus inquietudes con la llegada de la democracia tras la dictadura franquista.

Por todas estas razones molesta mucho más la deriva que está adquiriendo últimamente. No sorprendería de otros medios que hacen bandera del sensacionalismo y que pretenden mandar ellos desde sus despachos y no un gobierno elegido democráticamente. De PRISA no esperábamos eso. Pensábamos que su ética y deontología profesional estaba por encima de cualquier otra vicisitud. Tampoco había motivos para desconfiar. Quizás pecamos de inocentes.

PRISA es un grupo históricamente relacionado con la izquierda política y esto es perfectamente compatible, faltaría más, con un carácter crítico hacia la sensibilidad ideológica más cercana a su Libro de Estilo. No es esto lo que choca de la deriva última de este gran grupo de comunicación sino que han perdido la credibilidad trabajada anteriormente por puros intereses empresariales y celos con respecto a otros medios como La Sexta o Público. Por muy descontento que PRISA pueda estar con la legítima gestión de un gobierno no puede ir al cuello porque sí a todo un ejecutivo lanzando día tras día editoriales antagónicas a las publicadas no mucho tiempo atrás. Y encima utilizando un cabeza de turco como es el Ministro Miguel Sebastián que, con sus virtudes y sus defectos, no merece en el peor de los casos el acoso mediático que sufrió especialmente la semana pasada.

Soy periodista y no creo en la objetividad porque desde el mismo momento que eliges unos datos a la hora de informar y rechazas otros estás perdiéndola. No se puede ser objetivo pero sí tener la honestidad y la responsabilidad suficientes como para trabajar en base a una serie de principios. Quien tiene unos valores de usar y tirar para, a la primera de cambio, cambiarlos cuando alguien va supuestamente contra tus intereses no tiene mérito ninguno. Como dijo Groucho Marx “estos son mis principios y si no te gustan tengo otros”. Lo realmente digno y gratificante es caminar en sentido inverso al mayoritario si responde a tus propios fundamentos.

 El tiempo pone siempre a cada uno en su sitio y ha demostrado que, a pesar de los grandes profesionales que ha habido, hay y habrá en PRISA, ciertos mandamases han tirado por tierra gran parte de la credibilidad. Y ésta no se gana de un día para otro, ni mucho menos. A la hora de tomar ciertos enfoques informativos, un grupo del prestigio de PRISA debería contar hasta diez.

 Esperemos que esto sólo haya sido un lunar en una carrera prácticamente impoluta. Uno se tuvo que frotar los ojos para comprobar que lo que estaba leyendo no era propio de un mal sueño ni de una broma de mal gusto. Aquella biografía de Sebastián tan manipulada de forma nauseabunda merece el mayor de los rechazos. No recuerdo un caso similar. Han tocado fondo.

 Por lo tanto, emplazo a reflexionar a quienes han traicionado a tantos lectores, oyentes y telespectadores de los medios de PRISA y recuerden que por encima de los intereses empresariales está el compromiso con lo que hace uno y con su conciencia. El objetivo diario de cada individuo debe ser acostarse cada día con la conciencia tranquila por haber cumplido una serie de preceptos que cada uno se impone a sí mismo cual leyes no escritas que pululan por el pensamiento y, como tales, son intransferibles pero también inquebrantables. Aquel sujeto que cambia sus principios según sopla el viento destaca por su escasa personalidad. Porque todo individuo debe respetar el derecho a luchar por sus propias ideas, aquellas que vienen a tu cabeza cuando sueñas para no irse jamás. A algunos parece que se las ha llevado el viento.