El Indomable Mehdi Karroubí

Magallanes 

Hace unos meses todos seguimos las elecciones en Irán, agradablemente sorprendidos de que hubiese una democracia de verdad en el mundo islámico. Había 4 candidatos: el presidente hasta entonces, Ahmadineyad, Moussaví, Karroubí y un cuarto de cuyo nombre no me acuerdo. El favorito del líder religioso supremo Jamenei era Ahmadineyad, más joven y procedente del cuerpo de los Guardianes de la Revolución, poder en la sombra en la democracia islámica. Las encuestas de opinión empezaron a mostrar que Moussaví y Karroubí estaban comiéndole el terreno al primero.  A la semana de acabarse las elecciones, sin embargo, resultó que Ahmadineyad ganaba por amplia mayoría, incluso en las circunscripciones de donde procedían los otros.  Fue bastante escandaloso y las protestas callejeras de los candidatos vencidos fueron impresionantes ocupando amplias avenidas de Teherán.  El principal valedor de los derrotados, Rafsanjaní, pidió a Jamenei que obligase a revisar los resultados. Todo fue en vano y las manifestaciones públicas fueron dispersadas por la policía y por el siniestro cuerpo de los Basiji, cuerpo policial al servicio de los Guardianes de la  Revolución.  Los candidatos derrotados denunciaron que muchísimos manifestantes fueron encerrados en mazmorras y muchos de ellos fueron apaleados, violados o sodomizados por los basiji. Hubo un muerto reconocido, sobrino de uno de los candidatos, y se denunció que había habido algunos más.

Todas estas acusaciones las hicieron los candidatos vencidos en manifestaciones posteriores o en sus páginas de Internet. La autoridad lo negó todo y  afirmó que era propaganda de los enemigos de Irán y que, por tanto, los que denunciaban tales hechos no solo mentían sino que obedecían a intereses extranjeros. Se montó un juicio a unos 100 detenidos. Pues bien, consiguieron apagar las manifestaciones y peor aún, Rafsanjaní y Moussaví tiraron la toalla. Solo Mehdi Karroubí ha seguido denunciando las muertes, torturas, violaciones y sodomizaciones. La represión le está tendiendo un cerco cada vez más estrecho. Primero detuvieron a los que gestionaban su blog, después cerraron su periódico y registraron a fondo sus oficinas. Pero él da  conferencias cuyo contenido es publicado en otras páginas de Internet no prohibidas. Puesto que es un clérigo, no podían detenerle sin el consentimiento del Tribunal Especial para Clérigos y, en efecto dicho tribunal se ha reunido para considerar su caso. Su respuesta ha sido: “Me siento muy satisfecho de tener que presentarme ante dicho tribunal al que expondré las ideas del Ayatolá Jomeini que no son las del gobierno actual”. Y es que  Karroubí fue uno de los principales colaboradores de Jomeini, el  fundador de la República Islámica. El anterior gobierno del Sha  lo detuvo y estuvo muchos años en la cárcel. Una vez hecha la revolución, Jomeini le nombró Presidente del  Parlamento y Director de la Fundación de los Mártires. Muerto Jomeini, fue nombrado asesor  de Jamenei, el nuevo Ayatolá. 

Como mencioné en un artículo anterior, las revoluciones violentas se asemejan, no importa que sean ateas (revolución rusa) o religiosas (la de Irán). La rusa fue liderada por Lenin y sus dos lugartenientes fueron Stalin y Trotsky. Una vez muerto Lenin, surgió la brutal lucha por el poder entre Stalin y Trotsky. La ganó Stalin y no cejó hasta conseguir que asesinaran a Trotsky. En el caso de Irán, la partida la está ganando Jamenei, que ha conseguido el puesto de Ayatolá y ha puesto como jefe del gobierno a Ahmadineyad, miembro de los poderosos Guardianes de la Revolución. Está por ver como acabarán con Karroubí. Una de las  manifestaciones más duras frente al poder actual  de este Baudelaire iraní  de 72 años fue:

“Me  vinieron estudiantes indignados y me contaron cómo fueron encerrados en condiciones de hacinamiento, se les desnudó y apaleó, les sometieron a actos vergonzosos, se orinaron encima de ellos e hicieron que los más débiles acusaran a otros de haberles engañado. ¿A dónde hemos llegado después de 30 años de  revolución? La fealdad ha avanzado hasta el punto de que en vez de ser los autores y propagadores de la opresión que sufrimos los que son llevados a juicio, es a Mehdi  Karroubí al que quieren juzgar.”

Me parece que Karroubí tiene los días contados.