El hundimiento de ETA

Mimo Titos

 

Mientras el (in)Mundo intenta remover de nuevo nuestras entrañas a propósito del cercano excarcelamiento del asesino De Juana y ETA se esfuerza en hacerse notar por medio de explosiones cada vez menos perceptibles en playas de nuestra geografía, la buena noticia es que la misma ETA sigue hundiéndose en las arenas movedizas en las que irremisiblemente se encuentra gracias a la acción sostenida, continua y acertada de las fuerzas de seguridad y la Justicia de nuestro país.

 

Es debatible si la debacle de ETA empezó en Bidart o quizás incluso antes, con la caída de la Cooperativa Sokoa; debatible si aquéllos fueron sólo golpes y que en realidad el principio de su fin no empezó hasta la aparición del lazo azul o quizás hasta que la liberación del demacrado Ortega Lara y el macabro asesinato del maniatado Miguel Angel Blanco llevaron al pueblo de toda España, pueblo vasco incluido, a tomar las calles para gritarles nuestro hartazgo a la cara.

 

Dejemos el principio del fin para los académicos como también es aconsejable dejar la predicción del final de ETA para los siempre arriesgados futurólogos. Lo que importa y es perfectamente constatable con datos, es que ETA está mucho más cerca del final de su fin que del principio del mismo, y no digamos ya lo lejanos que quedan los tiempos en los que todavía podía pretender ser algo parecido a un movimiento político.

 

ETA lleva mucho tiempo teniendo más militantes dentro que fuera de la cárcel; esto no es noticia. El dato relevante es que los que están fuera entran con más rapidez que nunca desde que se integran en ETA y que los que delinquen, los que atentan, son apresados en un plazo de tiempo cada vez menor.

 

ETA lleva mucho tiempo viviendo de las rentas – exigiendo la vuelta a los veteranos medio retirados en Latinoamérica –  y tirando de cantera – forzando el paso a terrorista completo de los otrora llamados “chicos de la gasolina”. Lo novedoso es que apenas le quedan veteranos a los que apelar, los más de entre ellos han sido ya detenidos en Francia y en España a su vuelta e incluso un número considerable de ellos ha sido extraditado por los gobiernos hermanos de Latinoamérica. La gran esperanza blanca, el sudoroso, sucio y orondo Lopez Peña, el responsable directo de la frustración de las últimas negociaciones con el Gobierno, lleva ya unos mesecitos en prisión y aún así, los máximos sospechosos de haberle reemplazado son su predecesor Josu Ternera, el hijo de éste y el ínclito Txeroki, de quién se dice de todo menos que es inteligente, opinión también sostenida en círculos internos de la banda. Es decir, los pocos que quedan.

 

La cantera tampoco da para tanto. Antes había muchos chicos de la gasolina de dónde tirar pero con el endurecimiento de las penas muchos se retiraron limitando su solidaridad con la causa a afanes menos arriesgados como manifestarse en solidaridad con los presos o gritar contra el Real Madrid en San Mamés. Los que se mantuvieron en la brecha han ido pasando por la taquilla de Alcalá Meco o equivalente, volviendo a las andadas si sus primeras condenas eran leves. La necesidad de repetir el “sacrificio” pese al mayor peligro que supone el estar ya fichado da también una idea de que la juventud vasca no espera precisamente en masa el momento de pasar a la acción. Es más, incluso repiten los que han perdido un par de dedos jugando con fuego y son conocidos por la policía por su voz gangosa, como el último criminal que tiraba de sus amistades, obviamente poco recomendables, para jugar a gudari con resultado de al menos un muerto.

 

A prisión con los de Sokoa, los de Bidart, los de los secuestros de Aldaya, Iglesias y Ortega Lara, los asesinos de Miguel Angel Blanco y los protagonistas activos de las últimas tragedias en Lasarte y la desgraciada Casa Cuartel de la Guardia Civil. A prisión todos, los veteranos y los de la cantera, los que llegaron al fanatismo a través de la ideología y los que lo han hecho vía litrona y farlopa tratando de convertirse en remedos de Asterix con kefiya palestina.

 

Seguramente el tiempo libre para pensar es responsable de que en prisión los etarras suelan moderar sus actitudes pero seguramente también les lleva a perder algo de fe y ardor guerrero comprobar que son todos los que están y que además, casi están en la cárcel todos los que son. Ellos son los que mejor saben lo escaso de la ralea que queda fuera. Poca confianza pueden tener en que su lucha armada pueda librarles de sus penas.

 

Ello no quiere decir que los pocos que quedan fuera se vayan a rendir, que es lo que haría cualquiera en su sano juicio, porque obviamente ellos no lo están: no estarían ahí. Tampoco que no puedan hacer daño. Al contrario, es incluso posible que los últimos estertores sean los más dolorosos y no sólo porque cada vez estamos menos acostumbrados a la sangre derramada por la sinrazón, con lo que cada gota nos duele más. No, por escasos y cutres que sean, los etarras que quedan sueltos tienen todavía capacidad material para organizar una masacre y podrían concluir que esa es su única oportunidad de salir del entuerto en el que están metidos cada vez más profundamente.

 

Afortunadamente están bastante locos pero tontos no son, por lo que saben que si dieran ese paso perderían los últimos apoyos sociales masivos de los que inexplicablemente disfrutan. Por si acaso, nuestras fuerzas de seguridad no bajan la guardia y tiran de confidentes, infiltrados, escuchas y demás labores de inteligencia para tratar de cercenar de raíz cualquier nuevo proyecto de crimen y horror pergeñado en las mentes de estos bárbaros del lumpen.

 

Pueden hacer daño pero no pueden evitar que todo el mundo, hasta su propia gente, se dé cuenta de que están hundidos, de que están acabados, de que no sólo no tienen ninguna justificación para hacer lo que hacen sino que tampoco tienen ninguna forma de poner en práctica sus planes o conseguir sus reivindicaciones. Eso lo sabe hasta el más burro de la herriko taberna de Hernani, por mucho que siga acudiendo disciplinada y solidariamente a las manifas que organiza el cotarro, entre otras cosas para no quedar mal ante el comisario político de la cuadrilla, al que cada vez le queda menos cuerda para seguir imponiendo su control social.

 

Están muertos, en vida pero muertos, tanto los muchos que están en la cárcel como los pocos que aún permanecen fuera. El Gobierno les ofreció una salida dialogada que era lo mismo que una rendición con condiciones, como ellos mismos se encargaron de diagnosticar pero sólo para denunciarla como inaceptable. Sea, no podremos cerrar las varias décadas de sangre con un broche ordenado y sistemático que nos evite las últimas expresiones de violencia. Sea, no habrá margen para la generosidad con los presos. Sea, tendremos que derramar todavía algunas lágrimas y derrochar algunos millones de euros adicionales en escoltas y medidas de seguridad sin parangón en Europa.

 

Pero no van a poder evitar caer con todo el equipo, desde el primero hasta el último, en las redes del Estado de Derecho que pretendían subvertir. ¡Enhorabuena!