El golpista, en los juzgados

Millán Gómez 

El pasado martes, el locutor estrella de la COPE e ideólogo de gran parte de las tesis del PP, Federico Jiménez Losantos, acudió a los Juzgados de lo Penal de Madrid. Este símbolo de la extrema-derecha con micrófono tuvo que acudir a la cita con la Justicia tras la querella presentada por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, por “graves injurias” contra su persona. Entre otras lindezas, Gallardón fue acusado de “no querer investigar los atentados del 11-M”. El locutor al que le ríen las gracias en Génova 32, afirmó sobre el alcalde madrileño lo siguiente: “Te da igual que haya 200 muertos, 1.500 heridos y un golpe brutal para echar a tu partido del Gobierno. Te da igual con tal de llegar tú al poder”. Casi nada. 

La denuncia presentada por Gallardón y su actitud mantenida en este tema es razonable. El alcalde ha recibido unos insultos que no merece ningún demócrata, independientemente de la sensibilidad ideológica de cada uno, y ha optado por acudir a los tribunales. Su silencio posterior ante la prensa cada vez que era interpelado sobre esta cuestión responde a una decisión inteligente de resolver un problema donde tenía que resolverse: en los juzgados. Ojalá este juicio sirva para que algunos pseudoperiodistas cuiden un poco el lenguaje y no hagan de una supuesta crítica un continuo insulto personal contra todo aquel que mantenga posturas diferentes a las mantenidas por estos fascistas con pluma y micrófono católico. Probablemente la decisión de Gallardón se deba, en gran parte, a intereses políticos de seguir afianzado su imagen de presunto centrista. Independientemente de esto, la decisión tomada por el primer edil madrileño es coherente y debe marcar un precedente para que este fascista de nombre Federico Jiménez Losantos no se vaya de rositas después de que cada mañana despliegue su repertorio de insultos al primero que pasa. Como bien dice José María Calleja, Losantos (al igual que Pedro Jota y otros de su calaña) son un claro ejemplo de “matonismo”. No debemos confundir la libertad de expresión con los insultos y descalificaciones personales.

Este juicio trae a colación otro importante debate. Es evidente que tanto la COPE como el diario El Mundo han marcado la agenda política del PP durante el pasado cuatrienio. La clave reside ahora en conocer si esta estrategia perfectamente engrasada entre el PP y estos medios continúa durante la actual legislatura o si, por fin, la derecha actúa con autonomía y se deshace de larga sombra de Pedro Jota y Losantos. Si el PP consigue actuar con autonomía, la situación política mejorará.

 Lo curioso del asunto es que Losantos pidió que testificaran importantes miembros del PP como Acebes, Zaplana o Esperanza Aguirre, todos ellos miembros del sector más reaccionario del principal partido de la oposición. Ninguno de ellos realizó un alegato excesivamente favorable a los intereses de Losantos escenificando, de este modo, una unidad en el partido que no se había visto en lo que llevamos de legislatura. La decisión salomónica de estos dirigentes populares causó perplejidad y no sabemos si se debe a un guiño a Rajoy o simplemente a mantener una ambigüedad calculada entre la dirección del partido y los medios más favorables a sus tesis. Losantos, tan acostumbrado a que nadie de su entorno le lleve la contraria, salió de los juzgados con una cara que delataba que le habían decepcionado las declaraciones de sus otrora y no sabemos si aún colegas políticos.

 El hecho de que el sector más duro del PP se haya desmarcado, aunque sea levemente, de las directrices marcadas por medios más conservadores vuelve a recobrar las esperanzas de que un buen día tengamos en este país una derecha más civilizada y que consensúe con el Gobierno los cuestiones de Estado. La influencia de Pedro Jota y Losantos en el PP y su nutrido grupo de simpatizantes es más que obvia. De ahí la última concentración frente a la sede de Génova donde se escucharon, voz en grito, chistes del estilo de que Fraga es separatista. Ni Gila lo hubiese hecho mejor. 

La herida de estas dos supuestas almas del PP está muy abierta y es complicado que cicatrice a corto plazo. El supuesto giro al centro del PP no es el resultado de una reflexión ampliamente meditada por Rajoy sino más bien una visión pragmática de la política y, sobre todo, unas ansias insobornables por alcanzar el cálido sillón del poder. El PP ha perdido dos elecciones y tiene que hacer autocrítica. Rajoy lo ha hecho levemente. Miedo da pensar si el supuesto guiño al centro se consolida de un modo más fehaciente. La derecha más rancia y carca volverá a salir a la calle. No lo duden.