El futuro de los trabajos

David Rodríguez 

Siempre se ha discutido acerca del “futuro del trabajo”, pero este debate se acelera si atendemos al ritmo con el que se producen los avances técnicos y científicos. Ahora bien, las aportaciones del pensamiento feminista nos muestran que no debemos hablar de “trabajo” en singular, sino de “trabajos” en plural. Sin entrar en el debate semántico, es cierto que existen dos grandes tipos de trabajos en el mundo actual, el de la esfera reproductiva y el de la productiva. Por consiguiente, haríamos bien en preguntarnos sobre el futuro del mismo en un sentido más amplio del que suele hacer la economía convencional. 

El trabajo de la esfera productiva, que parece el único si atendemos al pensamiento económico hegemónico, se ve condicionado por la llamada robotización, que ha de desplazar cantidades considerables de esfuerzo humano según todas las previsiones. Sin embargo, parece ser que la única consecuencia de este hecho sería, desde una óptica neoliberal, la generación de un desempleo cada vez mayor. Si no queremos caer en esta simplificación, que acarrearía graves consecuencias sociales, hemos de hablar, y lo hemos de hacer ya, de su reparto social, su garantía universal y una reducción progresiva del tiempo destinado al mismo.

Obviamente, el reparto del empleo implica elementos redistributivos, en el sentido de que los frutos del progreso técnico deben repartirse de manera equitativa entre las rentas del capital y las rentas del trabajo, y es aquí dónde nos encontramos con el núcleo duro del debate. La economía convencional trata de evitar a toda costa la discusión en estos términos, dando por hecho de manera implícita que todo el beneficio derivado de la robotización debe concentrarse en manos de los propietarios de las empresas. Por el contrario, las posiciones de izquierdas han de lanzar de manera explícita estas consideraciones, que desgraciadamente no parecen estar en el centro de la actualidad política. Desde mi punto de vista, el reparto del empleo ha de ser uno de los grandes ejes que deben sustentar la sociedad, ya no del futuro, sino del mundo actual. Es urgente que esta cuestión comience a ocupar el centro de la contienda política.

En este contexto, no debemos olvidar, como comentaba al principio, el trabajo de la esfera reproductiva, que deviene fundamental para el sustento de nuestra sociedad. En este terreno, también debemos hablar de su reparto equitativo, pero ampliando este concepto a la igualdad de género. Además, urge reivindicar la valorización económica del mismo. Efectivamente, no puede ser que, por ejemplo, el cuidado de la población dependiente se realice sin contraprestación salarial y mayoritariamente por mujeres. Tal como señalan algunas economistas, no es de recibo que en países como España las mujeres sustituyan el papel que debería realizar el Estado del Bienestar, y además lo hagan de manera gratuita. En este sentido, el debate político no puede considerar en exclusiva la esfera productiva, sino el conjunto de los “trabajos” que se desarrollan en nuestra sociedad.

Es indispensable, insisto, que el futuro (y el presente) de los “trabajos” ocupe un lugar trascendental en el terreno político. Esto implica tener en cuenta otros aspectos que no desarrollo en estas líneas, como la revisión del PIB como indicador económico, la consideración de factores de sostenibilidad ambiental, la importancia del sector público y otras formas de propiedad social, la dignificación del empleo y de las remuneraciones, el papel de las pensiones y de los servicios públicos, etc. Creo que todo esto merece mucha más atención de la que se le suele otorgar en la discusión pública.

Un pensamiento en “El futuro de los trabajos

  1. Felicidades por el artículo, abre una cantidad tan grande de debates que seria imposible darles una respuesta adecuada en una sola réplica. Ni más ni menos se está planteando como se pasará de un sistema económico donde la condición de trabajador garantiza la condición de consumidor y la distribución de la renta se realiza principalmente por esta vía, a otro mundo donde esta relación desaparece…y no hay respuesta teórica sencilla a como sustituirla.

    Apasionante intelectualmente

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