El eterno retorno

Aitor Riveiro

Muchos meses después, estamos en el mismo punto: el juez está a punto de abrir juicio al presidente de la Generalitat, Francisco Camps, por lo que el fiscal ha calificado como un “delito continuado de cohecho impropio”, y el PP de la Comunidad Valenciana ha retado a la dirección nacional al proclamar al propio Camps como candidato para las próximas elecciones autonómicas de mayo y pedir a Génova que valide la decisión esta misma semana. En concreto el próximo jueves, cuando el Comité Electoral Central (CEC) del PP aprobará y anunciará oficialmente que la número 2 de Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal, aspira a presidir Castilla-La Mancha.

La trampa de Camps es doble. Por un lado, según los estatutos del partido, el PPCV no tiene competencias para decidir las listas autonómicas, sino que es el CEC quien debe hacerlo, mientras el aparato regional se limita a presentar su propuesta. Esto permite a Génova marcar los tiempos, algo que Rajoy ha demostrado que sabe hacer a la perfección. Sin embargo, como ya ocurriera cuando el TSJ valenciano imputara por primera vez a parte de la plana mayor del Gobierno y del PP de Valencia, el pez chico quiere aprovechar la pasividad del pez grande para hacerse con la presa.
Si entonces Cospedal aplicó mano dura contra el secretario regional del PP, Ricardo Costa, que fue suspendido temporalmente de militancia, esta vez lo tiene mucho más difícil ya que no puede utilizar un cabeza de turco con quien demostrar a otros su poder y decisión: o va contra el propio Camps o contra nadie, ya que la decisión del comité electoral regional fue, lógicamente, colegiada.

Así, Camps lanzó un nuevo órdago a Génova el pasado lunes cuando, por sorpresa, anunció su candidatura y pidió a Génova que lo confirmara, después de que Cospedal, por la mañana, dijera qu aún no hay fecha para fijar la lista en Valencia, mientras ella misma prepara su propio baño de multitudes en Castilla-La Mancha para festejar el próximo fin de semana su propia candidatura que, como decimos, se cerrará el jueves. He aquí la segunda trampa de Camps: en ningún caso Cospedal, ni Rajoy, aceptarán que sea el mismo Comité el que aúpe a la mano derecha del jefe y al imputado presidente valenciano. En ningún caso la hemeroteca manchará con según qué titulares la coronación la mujer llamada a arrebatar a los socialistas el Ejecutivo castellanomanchego.

Las cartas, por tanto, están ya encima de la mesa. Rajoy no querría que Camps concurriera a las elecciones de mayo pero no tiene absolutamente nada que hacer para que eso no ocurra. En ningún caso el PPCV permitirá que su jefe de filas no encabece la lista. En Génova tampoco están dispuestos a plantear una batalla de aparatos a escasos meses de los comicios: si no lo hicieron en 2009 o 2011, ¿cómo lo van a hacer ahora? Rajoy debió haber cortocicuitado el problema hace meses pero no quiso, o no pudo, actuar como en Asturias con la salida de tono de Cascos.

Camps, por su parte, logrará su proclamación y, salvo hecatombe que nadie espera, una nueva y arrolladora victoria electoral que limpiará sus pecados, digan lo que digan los jueces.

Ya ven que estamos igual que no hace mucho. Esperando a que finalice la instrucción del caso Gürtel en Madrid, a que la parte referente a la financiación ilegal del PP de Valencia se dirima, a saber qué pasó con el dinero de la visita del Papa, mientras los políticos juegan a quién tiene el aparato más fuerte.