El estado abona una parte de las nóminas del sector privado

Carlos Montbau

Las sucesivas reformas laborales puestas en marcha en España por el PSOE en primer lugar, y con el PP como auténtico titán del capitalismo de amiguetes, han dejado un cuadro donde el poder adquisitivo de las familias es una flecha que apunta hacia el centro de la tierra y no hacia la búsqueda de nuevos planetas. Un dato de estar por casa pero que creo que es altamente simbólico tiene como protagonista a los adultos de una familia estándar en España. En unos cuantos núcleos familiares de la década de los 70 y 80 el trabajo remunerado estaba vinculado a la figura de uno de los dos miembros adultos (normalmente al género masculino) mientras que la mujer se dedicaba a trabajar, y mucho, en el ámbito doméstico sin retribución ninguna (aun recuerda la promesa de Suárez en unas elecciones generales prometiendo y luego no cumpliendo aquello de “vamos a poner un salario a las amas de casa”. No sé si eso hubiera podido ser un embrión de lo que ahora llamamos renta garantizada de ciudadanía). Esta familia estándar en muchos casos pudo acceder a una vivienda en régimen de propiedad. En estos momentos los bajos salarios, la intermitencia en el trabajo y el alto precio de la vivienda hacen altamente difícil acceder a una vivienda (tanto en régimen de alquiler como de propiedad) incluso trabajando los dos miembros de la pareja.

Este descenso en el poder adquisitivo, unido a la ceguera por parte de los partidos políticos que han gobernado “este país de países” (los términos propuestos por Pedro Sánchez ya se me filtran por la piel) en políticas públicas de vivienda me parece a mí que están dejando el estado como un auténtico solar. Me explico: que haya innumerables ocupaciones donde los salarios giren alrededor de los 750 euros (aun recuerdo la campaña de la UGT sobre el año 2008 donde exigían que los salarios estuvieran siempre por encima de los 1000 euros): camarera de pisos; cajera; reponedor; dependienta; auxiliar de geriatría o trabajadoras familiares; camareros y pinches de cocina y un innumerable lista de muchas otras ocupaciones acaba dando como resultado que ese denostado papa Estado deba entrar para acabar completando los salarios vía ayudas en vivienda; ayudas en kits alimentarios, becas comedor y/o algún otro tipo de ayudas.

Y esta miseria salarial genera en las arcas públicas un notable boquete económica. Una parte del dinero disponible por los estados debe destinarse a políticas de claro carácter paliativo, de urgencia y con una alta posibilidad de cronificar situaciones lo que impide que ese dinero se proyecte en partidas que nos puedan impulsar a salir realmente de la crisis/estafa apostando en partidas con alto valor añadido (es decir, donde los trabajadores tengan una formación y un sueldo digno). Y no es que un servidor apueste por dejar a la intemperie a estas familias, Carlos Marx me libre, pero lo que no puede ser es que el peso económico vuelva a recaer sobre el sector público y vuelva a haber una especie de capitalismo de amiguetes que se define como si “tu ganas, el dinero te lo llevas tú, pero si pierdes ahí entramos todos”. Y esta frase que ya lo podríamos considerar un refrán popular tampoco es cierta del todo cómo mínimo en la parte final. Porque muchas empresas tienen un alto nivel de beneficios así que estamos hablando de engrandar el margen de ganancias de estas empresas no de que el negocio se vaya a pique en breve (acumulación por desposesión). Y éste es el punto clave. No podemos no meternos en este tema. Los bajos salarios con grandes beneficios de las empresas generan pobreza y todo los daños colaterales que eso generan. Muy grave en términos sociales. Y es que estamos comprando el relato que nos venden las empresas: donde no llegamos nosotros en términos de salarios deberéis llegar vosotros con vuestros subsidios y ayudas públicas.

Con esta radiografía tan poco halagüeña lo que le quedan a los poderes públicos debiera ser apostar en dos políticas públicas de manera inmediata: promover un parque de viviendas sociales y entrar hasta la cocina en las leyes que rigen el mercado laboral para derogarlas o hacer que miran hacia los de abajo.

Hacer funcionar la maquinaría pública en el ámbito de la vivienda es complicado de ejecutar ya que no es un hoy para mañana y tampoco se trata de construir en vertical el poco espacio libre que nos queda en las grandes ciudades. La idea clave sería contar con las viviendas ya existentes, sean de bancos o de grandes propietarios, y la puesta en el mercado de estas viviendas de alquiler con una clara regulación de los precios en función de las rentas. Algunos sectores minoritarios pero influyentes se enfadaran pero es un ámbito que se ha de regir por el “interés general” como dice la Constitución. Y me parece a mí que para solventar con cierta celeridad este tema habrá que asaltar los cielos de la Moncloa porque sino el margen existente (competencias y poder financiero de otras administraciones) se reduce notablemente. Y este asalto está claro que deberá ser con siglas de distinto signo.

Y si hablamos que la remontada económica es certera también debemos insistir en que los salarios deban aumentar (obvio aquí hablar de estafa como término más acertado para referirme a crisis española y mundial). España es un país suficientemente grande como para sentarse con ciertas garantías en una mesa de negociación con grandes empresas e incluso con la Unión Europea y transmitirles lo que Cáritas ya lleva varios años comentando y es la exponencialidad en solicitudes de “kits de comida” por parte de las personas que están trabajando. También los servicios sociales de cualquier Ayuntamiento podrán relatar la situación económica en la que se encuentran las personas que trabajan en algunas de las ocupaciones que relataba en párrafos anteriores.

El estado debería “recordar” a las empresas que son ellas las que pagan los salarios de sus trabajadores y estas nóminas no debieran ser completadas por los poderes públicos vía subsidios. De esta manera el Estado podrá diagnosticar, planificar y ejecutar sus políticas públicas acorde con el interés general y no condicionado por la coyuntura de ese momento.