El espejismo de Ucrania

Lobisón 

Desde que la guerra civil siria se empantanó, están aumentando los casos de graves crisis políticas que abocan casi inevitablemente a una situación de empate y para las que no se ve salida. El caso más obvio y más próximo puede que sea el de Ucrania, y en todo caso le distingue el hecho de ser un caso ejemplar de la megalomanía de la UE. Se denuncian las presiones de Putin para mantener a Ucrania en su esfera, y se supone que la UE debería ser capaz de impedirlo.

Partimos del hecho, desgraciado pero bastante reconocido, de que la credibilidad de la UE y la posibilidad de que desarrolle una política exterior unitaria no atraviesan su mejor momento. Por otro lado existe la percepción, probablemente correcta, de que Putin es una persona más que peligrosa y de que Yanukóvich es un líder débil y sin visión a largo plazo. Sin embargo, se pretende que la UE sea capaz de contrarrestar a Putin para lograr que Yanukóvich vuelva a la senda de la frustrada asociación con la Unión.

El espejismo surge no sólo de la megalomanía sobre lo que la UE puede llegar a hacer, sino sobre todo de la negativa a reconocer la heterogeneidad de los intereses de la propia Ucrania, la contradicción entre el este, el Donbás, la industria y la minería postsoviética, y el oeste, más orientado a la economía de servicios occidental. Vemos a los manifestantes jóvenes de Kiev, proclamando que quieren poder estudiar y viajar libremente por Europa, y nos olvidamos de una gran parte de la población.

Quienes votaron a Yanukóvich temen por sus empleos si la asociación con la UE implica la desaparición de subsidios, la entrada de importaciones o la compra y despiece de las grandes empresas metalúrgicas y mineras. Pero además, aunque los manifestantes prooccidentales parezcan olvidarlo, la sociedad y la economía de Ucrania dependen casi totalmente del gas ruso, lo que implica la necesidad de mantener el suministro a precios razonables.

Con la prolongación del conflicto en la calle se hacen crecientemente visibles los monstruos emboscados en la movilización a favor de Europa, los nacionalistas reaccionarios y antiliberales de los que la UE ya ha tenido y tiene experiencia en otros países del este. Pero sobre todo se hace más difícil pensar en una posible solución política. Los movilizados no aceptarán ninguna propuesta que tenga en cuenta los intereses de la Ucrania oriental, y es difícil imaginar cómo se podría gobernar el país ignorándolos.