El escalofriante elefante en la habitación

José D. Roselló

Los ingleses utilizan la expresión “el elefante en la habitación” para referirse a una verdad obvia que se ignora deliberadamente, y que, sin embargo, es imposible pasar por alto como lo sería la presencia de un hipotético paquidermo compartiendo nuestro salón.

Algo parecido sucede con el recorte de casi un 6,5% del PIB recientemente aprobado por el Gobierno. Una media de tal extensión, profundidad y simbolismo político provoca multitud de debates desde distintos ángulos; desde los que se plantean dudas sobre qué debe suceder con un gobierno que rompe en mil pedazos su discurso vigente hasta hace dos semanas, hasta los que hablan de cómo sería la manera óptima de introducir los cambios impositivos, o los que comentan qué grupos han sido afectados y a quienes se debería afectar. De un extremo a otro, pasando por todos los puntos intermedios, menudean las controversias interesantes y oportunas. Sin embargo, nos podemos atrever a decir que todas ellas son pequeñas comparadas con algo  que, cuando se sabe, señala realmente al colmilludo elefante en la habitación.

Este asunto no es otro que el efecto agregado de todas las medidas contenidas en el recorte. Se ha argumentado hasta la saciedad sobre la inexorabilidad de éstas, se ha esgrimido impenitentemente la razón de la exigencia exterior, incluso se ha aceptado de facto la pérdida de soberanía  nacional (lejos quedan los tiempos en los que aprobar un estatuto de autonomía o pactar con un partido nacionalista suponían, ni más ni menos que romper la unidad de España y cosas así). Incluso puede aceptarse, por qué no, que alguna de estas medidas ayuda a limar ciertas disrupciones del entramado fiscal español, incluso nos podemos creer que serán beneficiosas en el largo plazo. Pero lo que desde luego no debemos olvidar, ni debería hacerse, o consentirse, es tomar una medida de tal calado sin explicar todo el coste a los ciudadanos. Todo el coste no implica solo el importe de las partidas económicas afectadas, sino el severísimo y terrible impacto que una contracción tal tiene para nuestra economía. Estamos hablando de cuánto crecimiento vamos a perder, y de cuántos puestos de trabajo vamos a sacrificar, de cuánto nos estamos dejando en el camino. Les anticipo que una artesanal, pero fiel, estimación de este coste proporciona unos resultados escalofriantes.

No es la primera vez que se habla aquí  de la relación que existe entre la política fiscal del estado y el PIB (expansiones fiscales expanden el PIB), ni entre el crecimiento del PIB y del empleo (se necesita crecer para crear empleo y si el PIB decrece, se pierde). Son asuntos muy obvios desde el punto de vista de la teoría económica y son universalmente aceptados. Es más, hasta tal punto que se han llegado a calcular, por varios métodos, los números que cifran el peso de estas relaciones. De ahí que sea relativamente sencillo aproximar cuánto van a afectar, pongamos en el próximo par de años, esos 65.000 millones de euros entre recortes y subidas de impuestos, a nuestro paro y nuestro crecimiento.

Según datos publicados porla OCDE, la relación existente en la economía española entre el importe de la política fiscal y el crecimiento del PIB está aproximadamente en un 0,4%. Es decir, si subimos el gasto público o recortamos los impuestos un 1% aproximadamente, estamos produciendo un incremento del 0,4% en nuestro crecimiento.

De la misma manera, existe una relación entre la creación o destrucción de empleo y el crecimiento del PIB. En este caso no es una relación tan clara como la otra, sino que depende del intervalo de crecimiento donde nos movamos. Toda economía necesita un crecimiento mínimo para no destruir empleo. En España este crecimiento mínimo se estima entre un 2% y un 3%. Por cada punto que nos alejamos hacia abajo de este umbral la economía destruye entre medio punto y punto y medio de empleo (depende de cómo de pesimistas u optimistas queramos ponernos).

Sabiendo estas magnitudes, es relativamente sencillo hacer números, y con los números crear el siguiente gráfico:

 

En términos de crecimiento, y asumiendo que el multiplicador del 0,4% se mantiene, el recorte supone que España crecerá, aproximadamente  3 puntos menos de lo estimado por el gobierno en los PGE. En lugar de un -1,7% , pasaremos a decrecer, cerca de un 4%, para el año 2013 se utiliza como mejor escenario el -0,6% previsto por el FMI, aunque estas cifras posiblemente se vean empeoradas en futuras estimaciones.

En términos de empleo, un crecimiento del PIB tan bajo, teniendo en cuenta el fuerte impacto que este tiene en la ocupación, nos lleva al terrorífico escenario donde podemos cifrar el coste entre una pérdida de empleo situada entre el 4%  (en el  mejor de los casos) y el 11% (en el peor). Esto supone oscilar entre una pérdida de 700.000 y 1.900.000 empleos al cerrar 2012.

En el año 2013 esta perdida se estaría prolongando en una horquilla cuyo centro está en los 500.000 empleos perdidos. Lo cual supone que en la presentas circunstancias el recorte, con todo lo imprescindible y beneficioso a futuro que pueda ser, nos cuesta, a día de hoy, entre 1,2 y 2,2 (aproximadamenre) millones de empleos perdidos en los próximos dos años.

Este escenario, que parece aceptado tácitamente por las grandes cabezas pensantes europeas y nacionales, parece que debería obligar a tener algún plan de contingencia adicional al esperar que la cosa cambie y el signo económico se invierta por si solo.  Si alguien lo encuentra o sabe de él, por favor sírvase de comentarlo. Mientras tanto, podemos seguir bebiendo té en nuestros salones, esperando que el elefante de la habitación no se rebele y nos pegue un buen trompazo.