Lo que importa es lo que haga “Madrid”

Mimo Titos

Conviene recordar algunas cosas mientras se va calmando el tsunami político provocado por el sorpresivo anuncio de que Imaz no se va a presentar a la reelección como Presidente del PNV. Josu Jon, hoy ensalzado como líder de la faz más pragmática del nacionalismo vasco, político amable y moderno, hombre de principios, bien preparado y de inmaculada trayectoria política, fue hace no tanto tiempo activo portavoz del Gobierno vasco que gestó, propuso y defendió el Plan Ibarretxe. Asimismo, Imaz defendió a capa y espada a su partido y a todos sus dirigentes cuando fueron objeto de repetidos ataques políticos, judiciales y morales durante la Legislatura anterior por ser cómplices activos o pasivos de ETA. Así que ni santo ni demonio. De la misma manera que el recoger nueces hasta la saciedad no impidió a Arzalluz investir a Aznar Presidente del Gobierno, el antaño admirado Atutxa mostró tanto coraje frente a ETA como firmeza frente a los jueces a la hora de negarse a disolver el grupo parlamentario de Batasuna, y el hoy añorado Ardanza dio nombre a un Plan unánimemente repudiado entonces por soberanista.

El PNV es el PNV. No ha sido nunca ETA o Batasuna y tampoco es o será homologable a CiU, que co-redactó y apoyó la Constitución. Con independencia de quién lo dirija. Su apoyo a los presupuestos generales del Estado dependerá casi exclusivamente de las negociaciones sobre el “cupo” vasco y el traspaso de competencias. Seguirá rechazando la ilegalización de las formaciones políticas de la izquierda vasca cómplices de ETA y al mismo tiempo beneficiándose de su incomparecencia electoral. Y tendrá siempre como objetivo una suerte de asociación confederal con España dentro de la Unión Europea, por más transferencias que reciba la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV).

A decir de algunos, su abandono de la política activa es una decisión personal irrenunciable ante una derrota política ya consumada. Otros en cambio sospechan que podría tratarse de una maniobra maquiavélica para garantizar el triunfo de sus tesis en el partido, con Imaz de Lehendakari o en alguna otra posición de prestigio (¿portavoz en Madrid? ¿Presidente del Parlamento vasco?). Alimenta las sospechas el hecho de que Josu Jon vaya a mantenerse como Presidente del PNV hasta diciembre. Además de presionar a Egibar a una renuncia semejante su decisión no le impedirá influenciar el proceso sucesorio, que podría ser tan complicado como su propia elección hace cuatro años, salpicada de encontronazos batzoki por batzoki y continuas impugnaciones por parte de ambos bandos.Considero que, de concretarse tal y como se ha anunciado, el abandono de la política activa de Josu Jon Imaz sería una mala noticia, tanto para el País Vasco como para el resto de España. A mi entender, su trayectoria política en los últimos cuatro años ha sido muy positiva y por ello me gustaría que se concretasen las interpretaciones maquiavélicas sobre su última decisión.

Pero en todo caso, Imaz ha dado el paso después de conseguir que el Euskadi Buru Batzar aprobara por unanimidad la ponencia política que marcará el rumbo político del PNV durante los próximos cuatro años, que si bien admite la posibilidad de consultar a la sociedad vasca en referéndum sobre el “derecho a decidir”, la condiciona al respeto a los Derechos Humanos y a la imposibilidad previa de alcanzar un acuerdo entre los partidos políticos vascos.

Por supuesto dicha ponencia se puede poner en práctica de muy diferentes maneras. Y quién dirija el PNV tendrá mucho que decir al respecto. Pero creo que el factor fundamental que va a determinar el mayor o menor pragmatismo (o soberanismo) del PNV en los próximos años será el estilo y la forma que “Madrid” adopte para relacionarse con la CAPV.

Como todos los nacionalismos, el vasco florece ante un enemigo exterior cuya amenaza sirve como nexo cohesionante. Lo peor del frentismo de Aznar equiparador del PNV con ETA no era tanto la flagrante injusticia subyacente como su nefasto efecto movilizador del electorado nacionalista detrás del partido, adoptara la postura que adoptara, que siempre sería “de aquí” y por tanto menos mala que la de Madrid y las reminiscencias franquistas de sus bigotes.

No se trata de ceder al precio que sea para evitar dar excusas al nacionalismo vasco. Habrá que ver si Ibarretxe y compañía hacen buenos sus propósitos de convocar un referéndum sobre “el derecho a decidir”, y en tal caso, en qué condiciones lo hacen y cuándo. Pero defender la legalidad constitucional tampoco consiste en criminalizar semejante conducta, como proponía el PP, pese a su alegalidad y los peligros que conllevaría semejante consulta popular.

Hasta la fecha, Zapatero ha sido capaz de encontrar la receta más eficaz para desactivar antes que combatir el recurso al victimismo del nacionalismo vasco. Y esa es la razón, a mi juicio, de que en los últimos tiempos el PNV no haya dejado de perder apoyo electoral.

Ojalá Josu Jon Imaz siga dirigiendo al PNV desde su actual posición, o mejor aún, como Lehendakari de un gobierno bi-color con el PSE. Pero aunque no fuera así y su liderazgo pragmático y responsable sea sucedido por un remedo de Lizarra, la clave estará en que “Madrid” siga siendo capaz de distinguir la fina línea que separa la firmeza de la dureza.

Para ello, obviamente, es esencial que el próximo mes de marzo Zapatero revalide su posición como Presidente del Gobierno. Porque es difícil imaginar algo peor tanto para el País Vasco como para el resto de España que un binomio formado por Rajoy y Egibar, ambos encantados de odiarse y prosperar al albur de sus guerritas de banderas y gestos para la galería pese al tremendo impulso que ello daría al moribundo terrorismo etarra.