El enigma de Gallardón

Lobisón

El enigma no es por qué un político que se había cuidado de forjarse una reputación de progresista moderado ante los electores madrileños (y ante El País) lo lanzó todo por la ventana para convertirse en adalid de un proyecto de ley profundamente reaccionario sobre el aborto. Esto podría tener una explicación trivial: se trata de un oportunista que, ahora que ha logrado al fin jugar en la liga nacional, ha decidido hacerse aceptable para los sectores más conservadores del electorado del PP como posible recambio de Mariano Rajoy.

Otra cosa es que esta estrategia tenga posibilidades de éxito. La principal tensión interna dentro del PP pasa hoy por la aceptación o la obstinada negación de la derrota de ETA, no por las cuestiones morales o de libertades sociales. En otro orden de cosas la polémica pasa por la urgencia de la reducción de impuestos, donde Esperanza Aguirre y Aznar lideran la oposición al pragmatismo de Rajoy. La ley del aborto es ajena a estas tensiones, y deja a Gallardón en un terreno de nadie, por el que sólo vagan los cristianos más conservadores.

Para los que tampoco es probable que pueda convertirse en un punto de referencia. Si el proyecto de ley es impresentable, su comunicación ha sido una sucesión de ocurrencias sin ninguna lógica, incluyendo la llamativa idea de que su contenido representa el progresismo del mañana. A un cristiano conservador se le puede atraer alabando su valentía al seguir defendiendo los verdaderos valores, no diciéndole que sus ideas se van poner de moda en un futuro impreciso. No hace falta ser Chesterton para advertir la frivolidad del argumento gallardoniano.

El proyecto de ley ha alborotado a toda la izquierda y a la opinión pública, como pudo comprobarse en la masiva manifestación del pasado sábado en Madrid. Pero además ha causado serio malestar entre los sectores menos atrasados del electorado del PP. El punto que quiero subrayar no es el disgusto entre los barones o en el propio grupo parlamentario, sino la desorientación y el malestar entre los votantes de clase media de centro-derecha, que consideran una ley de plazos como una cuestión de sentido común y ven como una cruel excentricidad la exclusión de la malformación del feto de los supuestos que justificarían la interrupción del embarazo.

El verdadero enigma Gallardón es saber qué va a hacer Rajoy con él. Últimamente todo el mundo da por hecho que Rajoy toma las decisiones y deja a los ministros que soporten el desgaste. Por otra parte, mucha gente en el propio PP apuesta por someter a cirugía radical el proyecto de ley hasta hacerlo más viable, o simplemente por dejarlo dormir el sueño de los justos. Pero inexplicablemente Gallardón insiste, contra cualquier lógica política, en que Rajoy apoya su proyecto y lo respalda plenamente. Con ello está encareciendo cualquier decisión de Rajoy de dejar caer el proyecto en todo o en parte.

La figura se llama autoatamiento, pero lo que está haciendo Gallardón es atarse a los pies de Rajoy, disminuyendo su capacidad de maniobra y ligando su suerte a la de Gallardón. Por lo que hemos ido conociendo a Rajoy estos meses, es muy poco probable que le guste nada de nada semejante estrategia, y así es probable que Gallardón, al pretender reforzarse invocando el apoyo de Rajoy, esté cavando su propia fosa y abriendo ese camino hacia el olvido por el que ya le han antecedido casi todos los miembros de la vieja cúpula.

5 pensamientos en “El enigma de Gallardón

  1. Bien Lobisón, lo veo igual, Gallardón haciendo de acólito de Rouco Varela, Yo vea la situación así bajo mi punto de vista.

    Es sencillamente una falacia lo que nos está ocurriendo con la banca española, mientras reciben 70.000 millones del erario publico, ellos se dedican a coleccionar urbanizaciones fantasma, pisos a diestro siniestro, naves comerciales y lo que es peor cobrando a los desahuciados que se encuentran en la calle y robando con las preferentes, también cuentan con la Justicia a su favor dispuesta siempre a echarles una mano en caso de desahucios.
    Consecuencia de todo esto es miles de pisos, urbanizaciones, locales en manos de los bancos empañando un fantasmagórico paisaje, cada día más deteriorado y patético. Esta mañana he estado escuchando voces expertas a las que me uno. Es hora de dar trabajo a la piqueta y a los trabajadores, hay que destruir todas las construcciones, inviables, fuera de la ley, embargadas, restaurar los centros de las ciudades y dejar de ocupar terreno propio para sembrar patatas.
    Cantidad de apartamentos en toda la costa principalmente andaluza están en terrenos no edificables y de unas calidades que mejor destruir que restaurar, todo eso dará trabajo y se limpiará la tierra después de la herejía inmobiliaria que nos ha llevado a esta situación.
    Para ello faltan gobernantes que sepan distinguir el blanco de negro y se enfrenten abiertamente a esta situación y no sigan cargando contra esta sociedad empobrecida y manipulada por al inconciencia de los políticos, fruto de ello es el empobrecimiento de las familias y la vuelta a las ganancias de los bancos.

    La gran banca ganó 7.674 millones en 2013, cuatro veces más que en 2012
    Mientras los políticos se dedican a tapar esto.
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    El País 4-1-2014 Yo no invento nada, esta foto es el panorama de España
    DESOLACIÓN

  2. Mira que gallardón se está metiendo en mi terreno. Anyway: os doy una clave: a Gallardón lo lanza rajoy para evitar a Vox. Una vez que sale Vox aguan la ley contra el aborto. Y eso que para escribir este post me he auto-limitado sin ver el futuro (ya sabeis yo lo veo todo).

  3. A saber por qué Gallardón hace semejante disparate. Yo he desistido de tratar de entenderles. NI a Gallardón ni a ninguno. Sólo tengo claro que en el PP, y en el gobierno, hay una importante cantidad de delincuentes. Y me pasma cada vez que les veo y les oigo hablar impartiendo lecciones de ética, de amor a España, de eficacia… de lo que sea. Mienten con una frialdad impresionante. Mi duda es si la gente se dejará convencer otra vez por sus mentiras.

  4. Creo simplemente que es un católico tradicional de los que amaban Woitila y Benedicto. Con el nuevo Papa, Francisco, no tiene sentido que un Gobierno de seglares aplique el catecismo católico. Gallardón se ha quedado atrás, aquello de “Quién soy yo para juzgar”, Francisco da una preminencia al individuo frente a la coerción social, máxime si es dogmática.

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