El dilema de Barcelona

David Rodríguez 

Quedan escasos días para que se celebren las investiduras a las alcaldías de toda España. Por lo que hace referencia a la capital catalana, la apuesta de Barcelona en Comú es la de un gobierno tripartito junto con ERC y PSC, y así quedó ratificado por amplia mayoría en el plenario de la organización celebrado el pasado viernes. Sin embargo, y dados los vetos cruzados de esos dos partidos, se acordó también que Ada Colau se presente a la investidura. Esto tiene algunos elementos contradictorios. Primero, porque ERC es la fuerza más votada de las tres progresistas. Segundo, por el posible apoyo de Valls para garantizar la alcaldía. Así como el gobierno tripartito supone una buena síntesis dentro del espacio de los comunes, los votos de Valls representan un problema importante de cara a la cohesión interna de la organización.

Si hemos de realizar un pronóstico, el esfuerzo de Barcelona en Comú por un gobierno a tres tiene visos de quedar en un deseo incumplido. ERC y PSC siguen en posiciones de confrontación. Más allá de algunas declaraciones para arreglar el conflicto de Catalunya mediante el diálogo, cuando llega la hora de la verdad ambos partidos se enrocan en posturas de exclusión mutua, hecho que me parece una muy mala noticia para alcanzar una solución constructiva al problema político que tantos años lleva enquistado. En los últimos días, sin ir más lejos, hemos visto cómo Collboni incluso se ha negado a sentarse con Maragall, aunque sólo fuera por un gesto de cortesía política.

En el caso de fracasar definitivamente la alternativa del tripartito, a Barcelona en Comú le quedarían tres opciones. Primero, gobernar con ERC, con empate a 10 regidores y diversas opciones para el reparto institucional (creación de una vicealcaldía para Ada Colau, reparto de dos años y dos años, u otro tipo de soluciones semejantes). Segundo, permitir a ERC gobernar el solitario como lista más votada, a la espera del desarrollo futuro de los acontecimientos políticos en Catalunya. Tercero, gobernar con el PSC mediante los apoyos de Valls. Si atendemos al plenario del viernes, surge una importante contradicción, y es que se aprueba la presentación de Ada a la investidura, pero en aras a lograr un acuerdo a tres. Además, dado que el PSC afirma que sólo votará a Ada con un acuerdo de gobierno, esto supondría la convocatoria de una consulta interna telemática a todos los miembros de Barcelona en Comú, como señalan los estatutos.

De hecho, más allá del plenario descrito, el debate interno en los comunes se sitúa en qué hacer en el caso de fracaso de la propuesta tripartita. Y aquí aparecen un conjunto de elementos cruzados que hacen de la cuestión algo muy complejo. Concretamente, hay por lo menos cuatro aspectos que se interrelacionan en el debate: las preferencias en cuanto al socio preferente de gobierno, las opciones de mantener la alcaldía, el posible apoyo de Valls y las derivadas de todo esto en cuanto a la situación de Catalunya.  

Pero antes de entrar a describir estos elementos, y para que se vea de sepa de manera transparente cuál es mi posición al respecto, diré que mi opción personal no pasa en ningún caso por gobernar con el apoyo de la derecha que representa Valls. De hecho, hace un año y medio Barcelona en Comú expulsó al PSC del gobierno de la ciudad por su soporte al 155, y sería bastante incoherente sumarles ahora con los votos de una lista avalada por Ciudadanos. Esto no quiere decir que un pacto con ERC deba realizarse a cualquier precio, ya que esta fuerza política ha realizado una oposición muy poco constructiva y se ha situado en posiciones cercanas a la derecha en temas económicos y sociales. Un acuerdo con ERC debe tener un claro contenido programático que permita continuar desarrollando las políticas de cambio, con un gobierno que refleje el idéntico número de regidores con Barcelona en Comú. Curiosamente, durante los últimos días se está hablando muy poco de propuestas concretas.

Volviendo a los elementos de debate interno que antes enumeraba, el primero de ellos es quién debe ser el socio preferente de gobierno: ERC o PSC. Quiénes apuestan por los republicanos se basan sobre todo en la defensa del derecho a decidir y de los derechos democráticos que están quedando tan mermados durante los últimos tiempos, como acabo de mencionar más arriba con la aplicación del 155 y la ruptura con el PSC. Quiénes prefieren al partido de Collboni lo hacen criticando la deriva de un ‘procés’ que, mal gestionado, nos está llevando a un auténtico callejón sin salida. En este sentido, que Maragall ostente la alcaldía de la capital de la ‘República’ podría ser un hecho que vuelva a situar las próximas elecciones catalanas en el marco del infinito bucle del ‘procesisme’.

Un segundo aspecto es el de mantener la alcaldía. No cabe duda de que es más factible hacerlo con el PSC, dado que tienen dos regidores menos, que con ERC, que nos superan en número de votos. El retroceso de los comunes en los últimos comicios deja a Barcelona como el reducto institucional más importante a la hora de impulsar la acción de gobierno. Además, la figura de Ada Colau se considera clave dentro del espacio de los comunes, hecho que algunos critican como un excesivo personalismo que a la larga puede tener efectos negativos para sustentar el proyecto. No cabe duda de que la diferencia entre mantener la alcaldía de Barcelona y no hacerlo no es para nada un tema baladí, pero tampoco es menos importante que ello no debería hacerse a cualquier precio.

El tercer elemento es la aceptación de los votos de Valls en el caso de un acuerdo con el PSC. Desde un punto de vista técnico, estos apoyos no pueden rechazarse, pero desde una perspectiva política pueden tener un coste importante, sobre todo después de decir durante la campaña que Valls es un xenófobo que representa a las elites. Este punto entra en contradicción con el aspecto enumerado anteriormente. Conseguir la alcaldía es algo a todas luces deseable, pero presenta el problema de hacerlo con unos soportes que no generan para nada un gran entusiasmo. Aquí se suman dos problemas adicionales. Primero, ¿cómo se gobierna con esos apoyos? Por un lado, los Ayuntamientos tienen un fuerte componente presidencialista, e incluso ofrecen la opción de presentar una moción de confianza para la aprobación de presupuestos. Pero, ¿y el resto de normativas que hayan de pasar por el pleno? ¿Serían apoyadas por una ERC descabalgada de la alcaldía? ¿O por un Valls cuyo proyecto de ciudad está en las antípodas de Barcelona en Comú? Y segundo, los comunes se definen como ‘punto de encuentro entre independentistas, soberanistas y federalistas’, acaban de presentar a las generales un candidato del ala más independentista y ahora lograrían la alcaldía gracias a votos abiertamente anti independentistas: toda una paradoja difícil de justificar desde un mínimo rigor político.

Finalmente, hay que considerar los efectos que puede tener el pacto de Barcelona sobre el conjunto de la política catalana. Los comunes desean ejercer un papel de puente que ofrezca una solución superadora del conflicto actual. En este sentido, la elección de uno de los bloques les alejaría de esta intención. ¿Sería posible recuperar este papel tras las próximas elecciones autonómicas? ¿Se acercará el PSC a la órbita de Ciudadanos si se gobierna con ERC? ¿Caerá ERC todavía más en la órbita del PdCat si se pacta con el PSC sumando los apoyos de Valls?

No cabe duda de que la decisión final que se adopte tendrá efectos muy importantes sobre el conjunto de la política catalana. Ahora bien, hay otros aspectos que van a tener una fuerte incidencia durante los próximos meses sobre el espacio de los comunes, que ahora simplemente enumero en forma de preguntas: ¿cómo afectará la pérdida de representación de Unidas Podemos en España para la solución del conflicto territorial? ¿Girará el PSOE hacia posiciones más hostiles contra el independentismo? ¿Cuál será la sentencia del juicio del Supremo y cuáles sus efectos? ¿Cuándo serán las próximas autonómicas? ¿Se concretará la operación de Errejón en todo el Estado y qué apoyos tendrá en Catalunya? Como puede comprobarse, el tablero político está lejos de dejar de ser convulso.

 

2 comentarios en “El dilema de Barcelona

  1. Con todo respeto y delicadeza, siendo sucinto, lo cual implica que faltan matices, mi vision es al siguiente.

    ERC tiene que bajarse del monte, porque no se pueden tener las dos cosas. No se puede querer ser una fuerza política que se mueve en los parametros normales, negociando, acordando etcy no se puede al mismo tiempo ser una fuerza politica que dice vivir en un estado opresor, antidemocratico donde hay presos politicos sin ninguna fiabilidad porque en cualqueir momento alegando no se que , te dan la vuelta, condicionada a la extraña narrativa de que deben conculcrse las leyes, la separación de poderes y lo que haga falta para «darte gusto». No se puede.

    Bueno si, si se podria, si fueses neofranquista, te llamases VOX y tuvieras de muleta a C´s, pero quitando eso, los normales, la gente normal, no podemos..

  2. Comprendo que el problema de la alcaldía de Barcelona es serio, pero yo sigo bajo el tremendo impacto producido por lo que ha pasado en el Ayuntamiento y en la Comunidad de Madrid. ¿Cómo es posible que después de haber llegado el PP a la Comunidad violentando el resultado electoral mediante un soborno, de haber tenido como Presidentes a Aguirre, González y Cifuentes, de haber tenido a una banda de forajidos robando durante tantos años, la derecha vuelva a gobernar la Comunidad? No salgo de mi asombro y de mi depresión. Y perder a Carmena como alcaldesa, otro golpe fuerte. No sé si Pablo Iglesias será consciente de su grado de responsabilidad en ambos resultados.
    En cuanto a Barcelona, estoy de acuerdo con Laertes en su opinión sobre ERC.

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