El día del Juicio Final

Senyor_J

Se acerca el día del Juicio Final, que este año cae en 26J. En ese día de este mes, este año y de este siglo, los ciudadanos, las ciudadanas e incluso la ciudadanía en general lanzará su veredicto definitivo, enviando a algunos y algunas a la salvación y a otras y a otros a los abismos infernales.

Entre las condenas que posiblemente se produzcan, sobresale sin lugar a dudas la posibilidad de que por primera vez en la historia de la democracia el PSOE deje de contarse entre las dos principales fuerzas políticas del país, como así ha sido primero junto a UCD, después con Alianza Popular y finalmente con el Partido Popular. En tal caso, sería la coalición Unidos Podemos+Confluencias quien remplazaría al PSOE como, al menos, segunda fuerza más votada. Las encuestas están lanzando un mensaje ambiguo al respecto. Grandes encuestas como la del CIS anuncian con claridad el sorpasso tanto en número de votos, como en número de escaños, pero los barómetros con muestras pequeñas publicados en los últimos días o a lo largo de esta semana en Andorra anuncian que el partido aun está abierto y que no está claro que vaya a producirse.
El lunes saldremos de dudas, pero existen razones sociológicas para pensar que el Juicio Final no va a ser favorable a la permanencia del PSOE en sus posiciones tradicionales y poco puede hacerse al respecto para frenar esas tendencias. Los factores no modificables apuntan con fuerza en esa dirección. Factores como el hecho que desde el 20D, el peso electoral de Podemos ha pasado de ser una hipótesis a convertirse en una realidad incontestable: el votante ya sabe a ciencia cierta que el voto de Podemos no se pierde en el infinito, sino que refuerza una apuesta política de peso y representa una opción que puede tener consecuencias claras en el gobierno del país. O como el hecho de que el voto de Podemos es el único que asegura un gobierno de progreso: el PSOE ha demostrado que su socio preferente es Ciudadanos y que está dispuesto a pactar con ellos antes que con otras fuerzas. Para todos aquellos y aquellas que prefieren un gobierno compuesto por UP y PSOE, que es la combinación que más apoyos recaba en el electorado según las encuestas, la opción más segura es votar a UP.
Contra la hipótesis de la sentencia adversa se han movilizado los argumentarios habituales. En primera instancia el esquema “Venezuela-Maduro-Bolivarismo-Desabastecimiento”, completada con alusiones a Grecia y Syriza. Todo ello con el apoyo nada disimulado de la oposición venezolana, mostrando una vez más sus afinidades y contubernios con ciertas fuerzas políticas españolas que no dudaron un instante en llevar a sus máximos líderes a Venezuela para profundizar los ataques a Podemos desde ese flanco. Después, aunque con menor intensidad, no ha estado ausente de los titulares el tema del referéndum catalán, con atribuciones de idas y venidas en este tema al líder de Podemos. Al menos esta vez nadie podrá decir que Podemos no hizo explícita durante la campaña su apuesta por el mismo: de hecho también la hizo en el 20D, pero eso es lo de menos ahora. Finalmente, unas cuantas píldoras económicas que califican de quiméricas las pretensiones de UP en este ámbito han sido el tercer elemento clave de la artillería pesada lanzada contra la coalición de partidos y sus confluencias, cosa que tampoco puede faltar por parte de los que se sienten como pez en el agua en este escenario de austeridad y devaluación interna.
Pero, como decimos, todo eso se sitúa en el plano del argumentario y en el de la propaganda, y ello de poco sirve para frenar tendencias que son robustas porque vienen determinadas por realidades contantes y sonantes: falta de expectativas para los jóvenes, sueldos de miseria, empobrecimiento generalizado (como se señalaba aquí hace unos días), desinversión en servicios públicos, recortes, etc. Además el cambio en la representatividad de los partidos se inscribe en un panorama general que afecta a toda Europa pero que cada país declina a su manera, aunque apostando siempre claramente por mensajes diferenciados de los que emiten los partidos tradicionales. Pase lo que pase, estos no se mueven ni un ápice de su estilo habitual, aunque se hunda Europa.
Hace algunas semanas, en Austria, le llegó el turno a los Verdes de ocupar la primera posición política de su país. Esta semana le toca a España: batir al PSOE y apretarle tanto las tuercas como sea posible al PP es lo que desean millones de españoles tremendamente cansados del inmovilismo, del gatopardismo y de oír siempre las mismas cosas. No parece aun madura la posibilidad de generar un espacio muy amplio a favor de la opción del cambio: mientras que CC. AA. como Cataluña, Euskadi, Navarra, Baleares, Canarias o la Comunidad Valenciana parecen tener el terreno lo bastante maduro como para que las fuerzas del cambio sean primera fuerza, en zonas de interior como las Castillas, Extremadura o Andalucía UP aun tendrá que demostrar que es capaz de imponerse al PSOE o quedar a una distancia muy corta. Del equilibrio entre los territorios que son la vanguardia del cambio y los que viven aun espiritualmente en los años 1990 saldrá el veredicto final. Y solo faltan cuatro días para el Juicio Final.