El desasosiego moral (4): algunas consideraciones sobre terrorismo

Permafrost

Es mi intención dedicar al menos un par de artículos a exponer ciertas reflexiones sobre el problema del terrorismo, desde una perspectiva general, no necesariamente anclada en nuestra experiencia inmediata del aquí y ahora. Son cuestiones que se inscriben en mi línea de exponer la inquietud moral que me aflige cuando oigo y leo determinados asertos que, lejos de responder a mis preguntas, suscitan nuevas dudas o acrecientan las que albergo. Hoy trataré acerca de un par de formulaciones frecuentes entre los custodios de la claridad moral y que me han desconcertado en los últimos tiempos. Probablemente todos recuerden la machacona insistencia con la que los miembros del anterior Gobierno repetían, y aún repiten, a modo de mantra, aquello de que “todos los terrorismos son iguales”. Les ahorraré la profusión de citas al respecto, por innecesarias y redundantes, de Aznar, Trillo, Rajoy, Pío Cabanillas, entre otros.

Esta primera afirmación se ve muy habitualmente complementada por una segunda, según la cual, “más que las causas, lo que ha de interesarnos del terrorismo son sus efectos. Es necesario desmitificar la idea misma de causa” (Aznar, 22.9.03) o es un “error buscarle una explicación” al terrorismo (Rajoy, 5.4.04). [Como inciso, para mitigar mi posible parcialidad, debo notar que también desde la bancada zurda se oyen estas cosas. La vicepresidenta primera del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, declaró el 19.10.04 a Tele 5 que “el terrorismo no tiene causas ni origen”]. En su día, Ignacio Sánchez-Cuenca dio buena cuenta de este asunto en un artículo aparecido en Claves (2004, nº 144) y no deseo reproducir torpemente su brillante exposición, más que para apuntar algunos detalles.   

Como ya dije hace tiempo, no pretendo ofrecer respuestas para las cuestiones que examino; pero sí tengo objeciones. Creo que el problema de estas afirmaciones tan maximalistas es la manera en que se utilizan. Es decir, a qué conclusiones y, en última instancia, actuaciones, conducen. Considero que ambas formulaciones parten de una confusión esencial entre el plano de las valoraciones morales y el de las actuaciones prácticas. En el primer caso, de la “igualdad” valorativa (“Los terrorismos son todos iguales, no los hay mejores ni peores, ni buenos ni malos, todos son abominables. No caben pues distinciones”, Trillo, 2.2.2003) no es obvio qué conclusión operativa debe extraerse. Y algunas de las que se extraen, me parecen más bien inquietantes: “Todo el mundo debería entender que el terrorismo es igual siempre, en cualquier sitio, y que todos los terrorismos son iguales y deben ser tratados del mismo modo” (Aznar, Ocho años de gobierno, 2004; el subrayado es mío). En el segundo caso, parece efectuarse una simplista asimilación entre explicación y justificación, como si analizar el contexto en que se produce el terrorismo y los factores que inciden en su posible origen o propagación fuera una justificación moral. Esta actitud ha quedado claramente de manifiesto en la presente legislatura observando ciertas reacciones mediáticas y políticas a las palabras de Zapatero en su discurso de 21.9.04 en la ONU: “El terrorismo no tiene justificación. No tiene justificación, como la peste; pero como ocurre con la peste, se puede y se deben conocer sus raíces; se puede y se debe pensar racionalmente cómo se produce, cómo crece, para combatirlo racionalmente”. Esto, unido a otras exposiciones en las que la lucha contra el terrorismo se asociaba a cuestiones de lucha contra la pobreza y demás lacras, dio lugar a un torrente de imputaciones según las cuales Zapatero justificaba el terrorismo por las condiciones socioeconómicas de los terroristas.

Pero, para ilustrar más ampliamente las objeciones que he apuntado, tomo prestadas las declaraciones de dos personajes de las filas socialistas. Lo hago por dos razones. La primera y más frívola, porque hoy estoy vago y no me apetece teclear mucho. La segunda y más enjundiosa es que con frecuencia se lamenta (y no sólo desde la oposición) cierta indefinición o ambigüedad en materia de terrorismo por parte del Gobierno y, en especial, de su presidente. Por eso, encontrar manifestaciones certeras que plantean en sus justos términos estos asuntos y descubrir que hay vida inteligente más allá de Moncloa, resulta gratificante. Cedo, pues la palabra.

Sobre el primer punto, el senador Rafael Estrella Pedrola adujo lo siguiente en sede parlamentaria, el 5.12.01, en el seno de la Comisión Mixta para la Unión Europea: “Sobre el terrorismo, es cierta la afirmación […] de que todos los terrorismos son iguales, y que es lo mismo un tiro en la nuca que un coche bomba o los muertos de Hipercor o los muertos en las Torres Gemelas. Sin embargo, eso no nos debe inhabilitar para saber cómo actúa y qué mueve cada acción terrorista para poderla combatir y, desde luego, para evitar que esa definición de que todos los terrorismos son iguales nos arrastre a la noción de que todas las respuestas al terrorismo son iguales también. A mí no me gusta que a España se la identifique con la manera de combatir el terrorismo en Chechenia o con la manera de combatir el terrorismo en Turquía, en el caso de las organizaciones terroristas kurdas, o con la manera de combatir el terrorismo por parte del Gobierno del señor Sharon. Creo que es importante, incluso para nuestra propia credibilidad en nuestra reivindicación de solidaridad, que mantengamos esa distinción muy clara.” Y, en el mismo sentido, el 5.2.2002: “Desde el Gobierno se ha dicho […] que todos los terrorismos son iguales. Todos estamos de acuerdo en que todos los terrorismos son igualmente abominables, pero cuando el presidente o algún ministro del Gobierno dice eso en Moscú, en Jerusalem o en Ankara, lo que se escucha decir a los gobernantes de esos países es que se está equiparando la manera de combatir el terrorismo desde el Estado de derecho, como se hace en España y en el resto de la Unión Europea, con otros métodos que son incompatibles con nuestro modelo. Quiero llamar la atención sobre ese hecho que me parece importante. Evidentemente también se interpreta de otra manera cuando se dice en Estados Unidos, porque después de escuchar al presidente Bush explicando la manera de combatir el terrorismo por parte del Gobierno de Estados Unidos, parece que ahora la segunda etapa no se llama reconstrucción de Afganistán, sino ataque a Irak. Por tanto, pedimos más claridad, menos retórica vacía y más cuidado al utilizar estos términos”.

Sobre el segundo punto, he aquí la intervención del Secretario de Estado de Asuntos Exteriores y para Iberoamérica, Bernardino León Gross, el 29.9.04: “Las medidas de tipo defensivo destinadas a mejorar nuestra capacidad operativa o reducir nuestras vulnerabilidades, aun siendo fundamentales, no son suficientes. Es necesario ir más allá, abordar los factores estructurales, los conflictos y desigualdades que sirven de alimento al terrorismo, que lo facilitan, que lo potencian. Es ilusorio y falso pensar que del terrorismo sólo deben interesarnos sus efectos y que cualquier análisis de sus causas, de los factores que lo alimentan y propician nos incorpora en la dialéctica de los terroristas de trasladar la atención de la vileza indudable del acto terrorista, de cualquier acto terrorista, a la supuesta nobleza de la causa y a la justificación del autor. Como decía anteriormente, el terrorismo, ningún terrorismo, quienquiera que lo cometa o cualquiera que sea la causa que enarbole como coartada tiene justificación alguna. Sin embargo, los terroristas no nacen, se hacen, se convierten en máquinas de matar en un contexto. Si en esencia el terrorismo es siempre la misma sinrazón política, los grupos terroristas, los terrorismos, surgen y elaboran sus visiones mesiánicas y sus pretendidos discursos legitimadores en contextos culturales, religiosos, sociales y políticos diferentes. Estos contextos proporcionan las categorías con las que definen sus proyectos y modulan e influyen poderosamente en las razones por las que algunos de estos grupos llegan a obtener un apoyo social que les permite reclutar a sus miembros y obtener apoyos logísticos de todo tipo. Es nuestra obligación y nuestro interés conocer el contexto en el que los terroristas surgen y del que se alimentan, cómo funcionan, cómo construyen y difunden sus mensajes, y es nuestra obligación actuar sobre estos contextos con energía y determinación.”

Por hoy, no añadiré más.