El desasosiego moral (2). Algunos apuntes deslavazados sobre Irak

 Permafrost

Sentirse moralmente desasosegado es casi como sentirse desaseado, con un tizne pegajoso que no quita ni el jabón lagarto de la abuela. Por tanto, dispuesto a desembarazarme de semejante incordio, he adquirido el kit de claridad moral neocon y me he abalanzado sobre el manual de instrucciones, deseoso de hallar solución para mis cuitas. Dicho manual de instrucciones, no obstante, pese a prometer una aplicabilidad universal del producto, sigue, ay, sin aclararme algunas dudas. Por estas fechas, en que se celebra (es un decir) el cuarto aniversario de la debacle iraquí, no puedo evitar rumiar el mismo desconcierto que me embarga desde hace tiempo.

Permítanme recordar y ampliar algunas de las principales tesis del kit de claridad moral neocon. El maestro Aznar, en su discurso de presentación del libro “Qué piensan los ‘neocon’ españoles��? (14.3.07) indica las principales líneas del manual de instrucciones: “Sin duda alguna vivimos tiempos de gran confusión intelectual y moral. El trabajo del Grupo de Estudios Estratégicos [GEES] es una luz […] que nos ayudará a realizar los análisis correctos y a tomar las decisiones adecuadas en este difícil contexto. […] Lo que piensan los neocon persigue una meta, que no es otra que la de defender unos valores y principios, como los de la libertad, la seguridad y la dignidad de las personas. Algo que no sólo no pretende llevar al mundo hacia su destrucción, sino que son los valores que lo salvarán de ella. […] Nos enfrentamos […] a un nuevo escenario internacional que es imposible no ver desde el 11 de septiembre de 2001. […] Vivimos una lucha entre la libertad y los enemigos de la libertad. Entre quienes consideran que la persona, su dignidad inalienable y sus derechos fundamentales son un límite absoluto para el poder político y quienes [persiguen] utopías totalitarias. Creo que la acción política tiene que estar basada en principios y valores. […] El relativismo y la falta de creencias en algunos valores básicos se han extendido peligrosamente. Para algunos, da igual una cosa u otra. [No debemos caer] en la dictadura del relativismo moral. […] No es lo mismo pensar que lo mejor es apaciguar a quienes quieren destruir la libertad o pensar que es mejor defenderla con los instrumentos que tienen las naciones democráticas y libres, que se basan en el Estado de Derecho.��?

Son palabras que recuerdan a la Declaración de la denominada “Cumbre de las Azores��?, cuando se preparaba el terreno para la invasión de Irak: “Nuestra Alianza se basa en un compromiso con la democracia, la libertad y el Estado de Derecho��?.  Pero antes de continuar, a efectos de claridad expositiva (que no moral), creo que se impone una distincción básica. El asunto “Irak��? no es un monolito estático, sino una situación dinámica. Existen, por tanto, circunstancias antecedentes, concomitantes y consecuentes que no convendría confundir. En otras palabras, hay un antes, un durante y un después. Por ejemplo, que la ONU amparase la permanencia en Irak de tropas extranjeras y la reconstrucción del país una vez acaecida la intervención militar, no supone necesariamente convalidar a posteriori la decisión inicial de invadir dicha nación. Sería tanto como afirmar que el cirujano que entra en un quirófano para salvar la vida a quien está siendo masacrado por la operación de otro colega que aquél nunca apoyó está reconociendo la necesidad de dicha intervención inicial. Yo eso creía tenerlo claro, pero el manual neocon no parece verlo así. En este sentido, hoy quiero comentar algunos puntos relativos al “antes��? y al “después��? que son fuente continua de inquietud en mi conciencia moral.  Dice el manual neocon (GEES, LD, 19.2.07): “En septiembre de 2001, Estados Unidos identificó fehacientemente a su enemigo, y lanzó contra él toda la fuerza de que era capaz. Identificar a todos los responsables y castigarlos se convirtió en el objetivo norteamericano. Esto por supuesto escandalizó a la izquierda española��?. Y: “Hace cuatro años al presidente español se le presentó una disyuntiva: elegir entre Bush y Sadam. José María Aznar no lo dudó un segundo. Eligió el campo de la razón y asumió la responsabilidad moral de hacer cumplir las resoluciones de la ONU sobre Irak. Cuatro años después, el gobierno nos pide que elijamos. Esta vez entre Aznar y Sadam��? (Rafael L. Bardají, ABC, 23.3.07). Ignoro bajo qué criterios puede afirmarse que invadir una nación que no tuvo nada que ver con el 11-S significaba “identificar fehacientemente al enemigo��?, pero esa es una cuestión de hecho, en la que no voy a entrar. Y tengo, además, un amigo muy listo que me ha dicho que eso de elegir entre Bush y Aznar se llama “falacia del falso dilema��?, como cuando alguien te pregunta “¿Eres del Atleti o del Real?��?. ¿Qué pasa si eres del Betis? ¿Y si no te gusta el fútbol? Pero la cuestión moral que me aflige la expuso en su día perfectamente el senador estadounidense Robert Byrd en un vibrante discurso (12.2.2003): “Plantearse la guerra es pensar en la más horrible de las experiencias humanas. […] Esta nación está a punto de embarcarse en el primer ensayo de un doctrina revolucionaria […]. La doctrina de la anticipación [preemption], la idea de que los Estados Unidos o cualquier otra nación puede atacar legítimamente a una nación que no es una amenaza inminente, sino que puede serlo en el futuro […]. Parece contravenir el Derecho internacional y la Carta de la ONU. […] Y la guerra debe ser siempre un último recurso, no una primera opción. Realmente debo cuestionar el buen juicio de cualquier Presidente que puede afirmar que un ataque militar masivo no provocado contra una nación compuesta en más del 50 % por niños se inscribe ‘en las más altas tradiciones morales de nuestro país’.��?

Yo también creía tener claro que las guerras de agresión estaban prohibidas en el Derecho internacional. De hecho, creía recordar que los Estados Unidos, entre otros, formaron parte de las naciones que sentenciaron y ejecutaron a criminales de guerra en los juicios de Nuremberg y Tokio, tras la Segunda Guerra mundial, basándose principalmente en que los condenados habían sido impulsores de tales acciones. Y creía también que cambiar el sentido de las palabras para que una guerra no provocada pasara a ser un “contraataque��? o una “legítima defensa��? era precisamente un signo de relativismo moral. Pero debo de haberme saltado algún capítulo del manual de instrucciones neocon. Además, caigo ahora en la cuenta de que Robert Byrd es del partido demócrata, que es tanto como decir que es un siervo de la dictadura del relativismo moral, de modo que su autoridad es inservible. Qué lío.

Sin embargo, hay otro aspecto, relacionado esta vez con los resultados y consecuencias del embrollo iraquí donde mi estado de confusión moral se hace insufrible. Veamos. El kit de claridad moral neocon incluye diversos apartados “en defensa de Guantánamo��? (GEES, LD, 20.2.06): “A Guantánamo lo que se le debe exigir es un trato humano para los detenidos, y eso se está cumpliendo��?. “Para sus presos Guantánamo es un balneario caribeño��? (GEES, LD, 19.2.07). No es esto lo que leo en los informes de Amnistía Internacional y Cruz Roja, pero, de nuevo, se trata de una cuestión de hecho y aquí se habla de principios. Aunque fuera cierto que los presos de Guantánamo se alojan en el Hilton, me asaltan las dudas. En la guerra contra el terror se aplica cotidianamente el secuestro extrajudicial, el “outsourcing��? de los interrogatorios en países de dudosa probidad y, caso de Guantánamo, la creación de limbos judiciales donde alguien puede ser detenido indefinidamente sin nada remotamente parecido a los derechos procesales que se reconoce ordinariamente a los ciudadanos de nuestras democracias. Y esto se hace en nombre de la “democracia��?, los “derechos fundamentales��? y el “Estado de Derecho��?. ¿Comprenden mi desesperación? Esos son precisamente los principios que me llevaron y me llevan a oponerme a esas mismas acciones. Cuando se trata, en particular, de la invocación al “Estado de Derecho��?, mi pobre cerebro comienza a aullar como un lunático, porque aquí, además, no me avalan opiniones de yanquis progres y relativistas. No puedo evitar acordarme de una fuente tan profundamente americana, tan patriota, de tanta solera, tan castiza y añeja como los Artículos Federalistas, joya del debate constitucional estadounidense. Allá por 1788, Hamilton, en el número 84 de los referidos artículos, suscribía enteramente las observaciones del insigne Blacksone: “ ‘Privar a un hombre de su vida’, dice, ‘o confiscar violentamente su patrimonio sin acusación o juicio, constituye un acto de despotismo tan burdo y notorio como para hacer que cunda la alarma por toda la nación; pero encerrar a una persona, llevándola secretamente a una prisión donde sus sufrimientos serán desconocidos u olvidados, es menos público, menos aparente y, por ello, constituye un instrumento más peligroso del gobierno arbitrario.’ Y como remedio frente a este nefasto mal, elogia siempre de forma especialmente notable el procedimiento de habeas corpus, al que en alguna ocasión denomina ‘el BALUARTE de la Constitución británica’.��?

 Eso parecía haber estado claro durante más de doscientos años para la patrística yanqui (y para mí). Ahora, en cambio, tanta clarividencia neocon me deja confundido. Y desaseado.