El debate del debate

Aitor Riveiro

Entre hoy y el próximo lunes se decidirá el futuro presidente del Gobierno de España. Los dos debates entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy que se van a celebrar con una semana de separación han tomado una importancia tan grande que pareciera que son el único acto de campaña que se va a celebrar y que PP y PSOE son los únicos partidos que se presentan a las elecciones.

Y los debates son importantes, sí. Pero no sé yo si lo son ‘per se’ o, precisamente, por la expectación que han levantado tanto los medios de comunicación como los dos partidos políticos que han sido invitados a tan magno evento. Supongo que la ‘debatitis’ que nos ha entrado a los españoles es lógica tras 15 años (que se dice pronto) sin que se celebrara uno de similares características.

Y es que no sé si será porque ya he visto muchas (que no) o simplemente porque soy un adicto (que va a ser), pero esta campaña me está pareciendo un poco sosa. Creo que los debates han impregnado hasta tal punto el ambiente que hay miedo a gastar el armamento pesado antes del día D, miedo de descubrir las cartas, de decir algo que pueda ser utilizado por el rival en el cara a cara. El fin de semana ha sido sosegado, suave, calmo. Quizá, hoy empiecen a tirar a dar.

En realidad, lo que vamos a ver esta noche y dentro de siete días dista mucho de ser un debate. Formalmente, todo indicará que nos encontramos ante uno pero, en realidad, asistiremos a una serie de monólogos pautados en tiempo y contenido por una caterva de asesores más preocupados por salvarse de una posible quema en caso de derrota aplastante que de otra cosa. Los turnos serán de dos minutos (¿?), no podrán interrumpirse (¿?), en los discursos inicial y final no está permitido nombrar al otro candidato (¡!¿?), etcétera.

Y creo que es un error por parte de ambos candidatos. En estas circunstancias el ganador no lo decidirán los televidentes, los electores, sino los medios de comunicación que recurrirán a un sinfín de expertos en telegenia, márketing y psicología electoral (un ‘todólogo’ de los de toda la vida) para que expliquen quién se ha equivocado, qué gesto no era correcto, qué corbata era más o menos indicada,… Y casi todos pasarán por alto el contenido, el mensaje, las propuestas.

Sea como fuere, hay debates, que no es poco. A ellos llegan ambos contendientes en circunstancias bastante distintas. Si bien las encuestas dan una pequeña diferencia a favor del PSOE, Zapatero obtiene una valoración personal mucho mejor que la de su rival y la gente no sólo le ve como el ganador de las elecciones, sino que quiere que sea el próximo presidente de Gobierno.

Por otro lado, el líder del PSOE ha contado con la inestimable ayuda del flamante número dos del PP, Manuel Pizarro, que perdió de manera rotunda su debate contra Pedro Solbes. Hasta que se celebró el cara a cara entre ambos, la economía centraba la campaña de los populares, pero el revolcón sufrido por el ex presidente de Endesa ha hecho titubear a los conservadores, que han perdido la iniciativa en un campo en el que habían depositado todas sus esperanzas.

Esta situación, sin embargo, puede convertirse en un arma de doble filo para Zapatero, quien podría confiarse y salir a no perder, a conservar. Y los futboleros sabemos que, salvo los italianos, el que sale a empatar, pierde.

Rajoy, por su parte, tiene que ir a por todas. Visto que su fichaje estrella no ha respondido como quería, el líder del PP debe echarse toda la responsabilidad sobre los hombros y demostrar que vale por él y por todos sus compañeros.

Hoy será un día aburrido hasta las 10 de la noche y, ya mañana, lo importante no será el debate, sino el debate del debate que se establecerá en todos los medios de comunicación… y en Debate Callejero, como no. Así que, debatamos.