El crecimiento en 2012

José D. Roselló

El pronóstico más espectacular para el año que viene hay que atribuírselo, según nos cuentan, a los mayas, que prevén ni más ni menos que la extinción del mundo conocido. Ni que decir tiene que cualquier otro escenario menos drástico, por malo que sea, otorga, al menos, la tranquilidad de que se detectan factores para un moderado optimismo respecto a las expectativas más desfavorables. Excusen el toque de humor negro.

Bromas aparte, el escenario mundial nos muestra que no todo es tan negativo como lo percibimos en Europa últimamente, y dentro de Europa, en España. Aunque en los países tradicionalmente más punteros, lo que podríamos llamar el G-7 o las economías occidentales, parece que el año que viene apunta a no ser precisamente próspero, el resto de zonas económicas de la tierra apunta un tono distinto.

A la vista de lo que entre noviembre y diciembre del año pasado preveían OCDE, CEPAL y Banco Mundial, el panorama es el que se muestra en el gráfico de abajo.

China y la India, así como otras naciones asiáticas como Indonesia, Corea del Sur, Singapur etc. muestran unos crecimientos aparentemente muy vigorosos. Cierto es que parte de ese crecimiento podría verse afectado por un menor crecimiento en EEUU y Europa -mercados muy importantes para sus exportaciones-, pero como mantienen una demanda interna en bastante buena forma, esto basta para mantener economías en senda de expansión.

La excepción dentro de Asia la constituye Japón. No porque Japón no sea Asia, sino porque su economía tiene factores de diferenciación propios desde hace largo tiempo, que la hacen seguir un ciclo y unos parámetros particulares. Si para China o la India crecer un 8% un año puede considerarse una cifra buena, para Japón, como para el resto de las economías avanzadas, este umbral de éxito estaría más bien en torno al 3%. En 2012, se preve que Japón no alcance este 3% y se quede más bien en el entorno del 2, lo cual puede calificarse como año “flojillo”, pero no horrible. El hecho de comparar un año normal con el año del maremoto y Fukushima hacía prever quizás una recuperación más fuerte (lo que se denomina como “efecto base”), pero parece ser que finalmente no ha sido así.

Rusia se muestra desglosada por no ser estrictamente ni Asia, ni Europa y por ser, además, un sistema económico bastante particular. En cualquier caso se pronostica un crecimiento de un 4%, cifra que entra dentro de los buenos desempeños, aun para un país considerado todavía como “en desarrollo”.

Será también un año razonablemente próspero para América del Sur. Aunque Brasil baja un poco el pistón del crecimiento, hasta el 3,6% -cifra que para nosotros la quisiésemos, pero que para ellos es mejorable-, Argentina, Chile, Ecuador, Perú etc. muestran cifras previstas de entre el 4% y el 5%. Parece que para Argentina va a ser un año especialmente prometedor (a pesar de los problemas para controlar la inflación).

A medida de que el examen se desplaza hacia el norte, los pronósticos se hacen más tibios. América del Norte apenas supera el 2% del crecimiento previsto (cifra más bien floja). México superará el 3%, mereciendo un calificativo similar al de Brasil, es decir, no está mal, pero no es un año como para enmarcar según sus parámetros. Estados Unidos se queda en un 2% y Canadá ligeramente por debajo. En estos dos últimos casos puede hablarse de un crecimiento átono, más bien malo, máxime cuando se supone que estamos apenas saliendo de una fase recesiva.

Dejamos para el final al “pelotón de los torpes”, donde tenemos la desgracia de encontrarnos ubicados.  Los países europeos no pertenecientes a la Eurozona alcanzan una media de crecimiento de entre el 1 y el 2% aproximadamente. Dentro de ellos Polonia lo hará un poco mejor (2,6%) y el Reino Unido mucho peor (0,5%), aunque cualitativamente el pronóstico es similar: año malo.

Los países pertenecientes a la Eurozona tienen un pronóstico aún más bajo: se prevé una media de crecimiento del 0,2%. Esto supone bordear la recesión. Ya en noviembre se anticipaba para Portugal, Grecia e Italia un resultado negativo, del -3,2%, -3%( aún siendo contenido con los adjetivos, puede usarse el de “dramático” sin caer en la exageración) y del -0,5%  respectivamente. Para Alemania y Francia la previsión oscila en el entorno del 0,5% de crecimiento, lo cual es francamente malo. Por mucho que se trate de economías avanzadas y más estables, que para crear empleo y mantener sus cuentas públicas en orden precisan tasas de crecimiento menores que otras, cifras tan bajas siempre significan problemas. Problemas que, en una unión económica y monetaria, siempre afectan a los demás, dado el alto grado de interrelación entre los países que la forman. Con un poco de ironía amarga puede decirse que “nosotros nos lo hemos buscado”, porque parece que todas las decisiones económicas a escala europea en los últimos 18 meses hayan ido buscando, precisamente, este jarro de agua fría a la senda de la recuperación.

Por último, y teniendo en cuenta que estas previsiones están hechas en noviembre, sin conocer los últimos datos económicos ni los últimos recortes presupuestarios, España se pasará 2012 en el alambre del crecimiento negativo. Posiblemente caiga por debajo de este varios trimestres, de la misma manera que parece haberlo hecho en el último periodo del año que acabamos de cerrar. A todos nos gustaría decir otra cosa, pero esto es lo que hay, y además, a pesar de que el discurso de política económica esté trufado de referencias al paro, las medidas que se toman no sirven para su reducción, sino para una reducción del déficit, objetivos en este momento incompatibles, por lo que las buenas noticias van a tardar aún en llegar.

No, en nuestra casa vamos a estar un poco menos alejados -eso sí, esperemos que a una   suficiente distancia- del alarmante pronóstico de los mayas.