El controvertido liberado

Senyor_J

El 1 de marzo salía de la cárcel Arnaldo Otegui, tras seis años y medio de condena, según parece por intentar reconstruir Batasuna siguiendo instrucciones de ETA. Con su vuelta a la calle, una etapa que parecía felizmente dejada atrás volvía a presentarse ante nosotros. No me refiero al terrorismo, naturalmente, sino a la reproducción de unos marcos, de unos tonos y de unos mensajes que parecen más propios de un pasado que desearía que hubiera quedado definitivamente atrás.

Nada como escuchar a Otegui en su discurso tras salir de la cárcel o en Anoeta para revivir las especificidades de un cierto tipo de nacionalismo vasco. Veamos:

Lo importante es que hay una marea de fondo en el país que quiere reconstruir el país desde la izquierda y la soberanía. Y ese es el objetivo por el que hemos luchado 40 años“.

Continuismo. Las luchas de ahora siguen siendo las mismas. No existe un antes y un después de ETA, no existe una fase diferente. Sigue existiendo la misma lucha, en los discursos de Otegui no penetran las lógicas de la reparación y la reconciliación.

Pero también tiene que haber un espacio para la autocrítica…Si la cárcel tiene alguna ventaja es que tienes mucho tiempo para pensar, sobre todo para pensar como luchas mejor con el enemigo“.

Extraños senderos son los que recorre Arnaldo cuando empieza a hacer autocrítica. En la cárcel parece que se ha reafirmado en que el mundo se divide entre amigos y enemigos y que hay una lucha que debe afrontar hasta la victoria. Es un mensaje que sigue inmerso en valores profundamente antidemocráticos.

Hay que poner en valor aquí lo que hicieron los que nos precedieron en las direcciones de la unidad popular, con Jon Idigoras, Jokin Gorostidiporque construyeron una estrategia eficaz, porque hicieron un análisis certero de la situación, de lo que significaba la Transición

En sintonía con lo anterior, no ha faltado el reconocimiento también a los dirigentes del pasado, que tanto aportaron para que el País Vasco disfrutara de los años de democracia. Lo gracioso es que acto después Otegui se declaraba inspirado por el ejemplo del Partido Comunista Italiano. ¿Se imagina alguien algo menos parecido a Herri Batasuna, que el viejo PCI?

Abrir el segundo frente al Estado aquí, cuanto antes

Así concluía Arnaldo su apoyo al proceso catalán. Para él es una cuestión de tipo bélico: lo que hay que hacer es abrir varios frentes para debilitar la resistencia del enemigo. No sé el apego que sentirán los catalanes que se sienten ideológicamente más cercanos a Otegui, pero difícilmente habrían utilizado la palabra “frente” para definir la posición que mantienen ante el Estado. Y es que el léxico de nuestro excarcelado deja meridianamente claro que el ámbito nacionalista no es un totum revolutum donde todo es lo mismo. Las sensibilidades democráticas con que se expresa un conflicto nacional pueden presentar grados muy diversos y la inaceptabilidad de unas no ilegitima también al resto.

Ahora bien, la identificación o solidaridad entre corrientes nacionalistas distintas que evocan valores y prácticas dispares no es demasiado lógico ni coherente, pero tampoco es inusual. De ahí que no me sorprenda que a mediados del año pasado, eminentes políticos catalanes como Joan Tardà, David Fernández, Ricard Gomà o Jaume Assens firmaran el manifiesto “Libertad para Arnaldo Otegui. Presos vascos, a casa”, en el cual se hacía el siguiente retrato de este hombre:

“Pedimos la libertad inmediata del hombre que supo arriesgar por la paz y la democracia, de quien apostó por la palabra cuando parecía que nadie lo haría. Su liberación y el final de la política de alejamiento, como paso previo a la excarcelación temprana de los presos vascos, son pasos necesarios para poder alcanzar una paz justa y duradera en la región… Otegi fue el dirigente más destacado entre aquellos que propiciaron en las fuerzas independentistas el debate sobre la necesidad de apostar por la palabra para solucionar todo conflicto”.

Me cuesta reconocer al mismo hombre del que habla. Esa condición de héroe de la democracia que parecen otorgarle encaja poco con las ideas, valores y marcos que transmite. En tiempos podríamos interpretar que se trataba de una manera de liderar un entorno más que complicado, que había que usar ese lenguaje para conducir a todos por caminos democrático, pero hoy en día cuesta creer que todo eso no forme parte estrictamente de su ADN político.

Nada de esto implica, no obstante, que Otegui no haya acabado siendo un preso político, que debía haber abandonado la prisión mucho antes. Precisamente es eso lo que ha propiciado que irrumpa en un contexto como el actual con unos mensajes de hace 20 años. Muchos años son esos para moverse tan poco de un libro de estilo que no ha escrito él, sino muchos otros antes que él y que  estña profundamente manchado por crímenes que han causado un daño inmenso e irreparable en la sociedad española y/o vasca. Nos queda al menos el consuelo de pensar que ahora mismo podemos afrontar este espectáculo poniendo cara de estupor y gestionarlo argumentando, sin tener que preocuparnos de nada más. Y ese sí es un tremendo avance.