El chotis y el Gran Hermano

Julio Embid

Cuentan los historiadores que, en el Madrid del siglo XIX, la clase alta, como siempre, despreció a la clase trabajadora y a sus creaciones culturales. Mientras los primeros acudían al Teatro Real a escuchar ópera a catorce reales, las clases populares de los barrios de Lavapiés y Chueca acudían a la zarzuela, más corta y con música bailable, a tan sólo un real de precio. Los puristas despreciaron a este tipo de teatro, la zarzuela,con el nombre de “género chico”, un entretenimiento vulgar para paletos. La música agarrada que bailaban los madrileños se llamaba schottisch (escocés en alemán) pero terminó pronunciándose como chotis y convirtiéndose en un símbolo regional.

 Este ejemplo no es el único. Mientras los romanos patricios disfrutaban de las obras de teatro Plauto y Livio Andrónico, los romanos plebeyos hacían cola desde la madrugada para encontrar una buena localidad en el Circo Romano y en los Juegos de Gladiadores. Cuanto más cerca, mejor se ve. Mientras en las cortes reales de la Edad Media los nobles se leían los poemas del mester de cortesía, los campesinos se arremolinaban en las ferias de las aldeas para escuchar los cantares de gesta del mester de juglaría. Mientras las familias de clase alta británica disfrutan con los largos partidos de cricket entre merienda y merienda, la clase trabajadora de las industriales ciudades de Londres, Manchester o Liverpool lleva un siglo abarrotando los estadios de fútbol y los pubs aledaños cada vez que salta al césped su equipo, que porta sus colores, mientras ruge su himno. 

Llevo varios años escuchando a gente presuntamente culta y entendida diciendo barbaridades en contra de un canal de televisión llamado Telecinco. Siempre van por el mismo sitio: “Yo he desintonizado (sic) Telecinco”, “Habría que cerrar ese canal”, “Sólo produce contenidos para catetos con el graduado escolar” y barbaridades por el estilo. Yo puedo entender que algo no te guste, (Por ejemplo: a mi no me va el tenis, me parece un tostón), pero en este caso, el de Telecinco, no deja de ser otra forma de desprecio de clase. Yo reivindico el derecho a ver Gran Hermano, Sálvame, Mujeres y Hombres y lo que te dé la gana sin avergonzarse por ello. Yo reivindico el derecho a escuchar Los 40, Cadena 100, Máxima FM o Radiolé. No tiene nada de malo el entretenimiento, sin más aditivos. Bastante dura ya es la vida de por sí. Por otro lado, como me enseñaron en la Facultad, la teoría de la comunicación se compone de tres partes: formar, informar y entretener, y muchos presuntuosos comunicadores se suelen olvidan del tercer componente haciendo productos culturales absolutamente insufribles, que luego no ve, lee o escucha casi nadie. 

En 1960, los jóvenes antimilitaristas opositores a la Guerra de Vietnam pusieron de moda el lema Make Love Not War (Haz el amor y no la guerra). La semana pasada un concursante de Gran Hermano dijo literalmente que: “pudiendo estar follando, no entiendo porque estamos todo el día discutiendo”. Comparto plenamente su opinión. Carpe diem y hakuna matata. Y si no te gusta lo que ponen, simplemente cambia de canal.