El cambio gallego, dieciséis meses después

Millán Gómez

El 2 de agosto de 2005, el socialista Emilio Pérez Touriño fue investido como nuevo Presidente de la Xunta de Galicia en Compostela. Dos días más tarde, el 4 de agosto, el Vicepresidente de la Xunta, el nacionalista Anxo Quintana, y el resto de conselleiros fueron también investidos oficialmente en sus respectivos cargos del nuevo ejecutivo autonómico. El gobierno bipartito de izquierdas y galleguista formado por el PSdeG-PSOE y el BNG suponía un soplo de aire fresco tras 16 años de Fraguismo y un mandato prácticamente interrumpido de la derecha gallega desde la instauración de la democracia, primero Alianza Popular y posteriormente el Partido Popular de Galicia, excepción hecha del breve tripartito que gobernó Galicia durante dos años y medio, desde el 28 de septiembre de 1987 hasta el 2 de febrero de 1990.

Este tripartito gallego presidido por el también socialista Fernando González Laxe se produjo tras una moción de censura al gobierno de Xerardo Fernández Albor (AP) y estaba sustentado por el PSdeG-PSOE, el Partido Nacionalista Galego (actualmente encuadrado dentro del complejo conglomerado que forma el BNG) y Coalición Galega.

Dieciséis meses después del cambio político, está meridianamente claro que en Galicia no se ha implantado el terrorismo ni los gallegos hemos retrocedido a la Galicia “de las corredoiras y los menciñeiros�, tal y como el anterior presidente de la Xunta, Manuel Fraga, se encargaba de aconsejarnos con esa dulzura, amabilidad y talante democrático tan propio del carismático político gallego.

El “cambio tranquilo� que prometía el presidente Touriño se está cumpliendo a rajatabla pues la llegada de la izquierda gallega al poder se ha caracterizado hasta el momento por su poco ruido y una razonable cohesión interna. En definitiva, un cambio sin estridencias pese a los delirios apocalípticos de cierto sector del PP y de la derecha mediática. Este hecho ha permitido que el cambio político en Galicia goza de una saludable estabilidad en la sociedad gallega. Los ciudadanos y medios de comunicación gallegos han establecido una relación de entendimiento mutuo con el nuevo gobierno que ojalá tenga continuidad en el tiempo. Otro factor a tener en cuenta es la escasa crispación que actualmente existe en el arco político gallego, a excepción de la crisis de los incendios que sacudió Galicia entre el 4 y el 12 de agosto del presente año. Esta estabilidad política se debe también, no hay que olvidarlo, al papel moderado y dialogante que está manteniendo el sucesor de Fraga en el PPdeG, Alberto Núñez Feijoo.

Feijoo pertenece al sector más centrista y moderado del Partido Popular, en connivencia con compañeros de partido como Josep Piqué o Alberto Ruiz-Gallardón. Esta renovación en el PPdeG se refleja en una imagen: Núñez Feijoo en la boda de un concejal homosexual del PPdeG de Ourense.

En los escasos dieciséis meses al frente del país, socialistas y nacionalistas han defendido el empleo, la regeneración democrática y el avance en el autogobierno como pilares básicos de su práctica política. Prueba de ello son leyes como la Lei da Trasparencia do Goberno, la regulación de las subvenciones públicas y limitar los puestos de libre designación nombrados por la Xunta.

El momento más crítico de lo que llevamos de legislatura fue sin duda la tragedia que se repite cada verano en nuestra comunidad, los incendios. La Consellería de Medio Rural informó puntualmente del número de incendios actualizando los datos cada media hora y la audiencia de la Televisión de Galicia (TVG) aumentó en contraste el apagón informativo durante la crisis del Prestige. La marea negra supuso el fin de la ya de por sí debilitada credibilidad informativa del canal líder de audiencia en Galicia desde su fundación el 25 de julio de 1985. La TVG está progresivamente aumentado su audiencia, siempre ha sido líder de audiencia en Galicia con una media de telespectadores manifiestamente superior a canales autonómicos como Telemadrid o Canal Sur.

El bipartito también ha cometido errores notables como su negativa a crear una comisión de investigación sobre la oleada de incendios forestales este mes de agosto. Muy pronto se le ha olvidado a socialistas y nacionalistas lo que con tanta razón defendían durante “A longa noite de pedra� de las cuatro mayorías absolutas consecutivas de Fraga. Otro error clamoroso fue la campaña institucional de la Vicepresidencia da Igualdade e do Benestar da Xunta de Galicia al reivindicar el esfuerzo que está realizando por las personas mayores “la Vicepresidencia de Anxo Quintana�. Este último error, así como los fraguianos bailes con los mayores del propio Quintana, han sido criticados enérgicamente por el propio BNG en su última Asemblea Nacional mostrando un autocrítica a cargo de los progresistas gallegos de la que deberían aprender los políticos conservadores.

Las elecciones municipales del próximo mes de mayo evaluarán la disyuntiva que atenaza al nuevo gobierno gallego: las ansias de romper con el pasado o, por el contrario, interiorizar las inercias que han imperado en Galicia desde la Transición.

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