El BNG y su devenir

Millán Gómez

Este fin de semana se celebra en Santiago de Compostela la asamblea del BNG. Esta coalición nacionalista, unificada en 1982 después de años de atomización, llega al cónclave con el riesgo evidente de una fractura en su seno. Así, la Unión do Povo Galego (UPG), formación no mayoritaria pero sí monopolizadora del partido desde sus inicios, cuenta, por vez primera, con una alternativa interna y seria. Ésta viene representada por Máis Galiza y Encontro Irmandiño, liderados respectivamente por Carlos Aymerich, portavoz del BNG en el Parlamento de Galicia, y el histórico y carismático dirigente Xosé Manuel Beiras. En dicha oposición se encuentran también militantes independientes. Así, el porcentaje total de los miembros del partido no adscritos a una formación determinada alcanza el 70 %.

La coalición nacionalista alcanzó entre 1997 y 2005 la condición de segunda fuerza política gallega con un crecimiento exponencial liderados por Xosé Manuel Beiras. Curiosamente fue en una dulce derrota cuando, ya liderados por Anxo Quintana (independiente con el apoyo de la UPG) alcanzó el poder con un PSdeG que siempre ha carecido de un proyecto serio para Galicia. Touriño fue el único dirigente que, con sus errores, fue relativamente capaz de articular un discurso digno. Desde entonces, el más puro desierto. El PSdeG ha sido históricamente una formación con notables alcaldes y deficientes líderes a nivel autonómico. Y, sin duda, la peor federación socialista a nivel español.

La llegada al poder del BNG a la Xunta, con sus aciertos y sus errores, impidió analizar más al detalle su descenso en apoyo social. La llegada a San Caetano limó provisionalmente la caída. La UPG, fuerza hegemónica, no conoce el concepto “autocrítica” en su diccionario. Son los viejos coroneles que consideran que si la sociedad no los apoya, la culpa será del pueblo. Peor para ellos. Tienen esa concepción paternalista del poder. Solo tratan de buscar conservar sus cargos en la dirección y mantener su huida hacia delante. Hacia ningún lado, por supuesto. Ahora, por fin, los disidentes que existen desde hace muchos años se han aliado. No parece ser Beiras, con sus 75 años, el mejor símbolo de renovación, pero sí de acicate para unos militantes y simpatizantes hartos de tanta pasividad. En el mejor de los casos, el ex – líder del BNG aspira a ser, circunstancialmente, Portavoz Nacional del partido en una especie de bicefalia con Aymerich, siendo éste el candidato a la Xunta pues cuenta con la moderación, la oratoria, la preparación y la buena imagen para poder aspirar a serlo.

La UPG tiene hoy y mañana una gran oportunidad para dejar a un lado su trasnochada cerrazón mental. Algún día se tendrán que preguntar por qué el 25 % de los gallegos es nacionalista, por qué un porcentaje importante considera que es el BNG quien más y mejor puede defender los intereses de Galicia, por qué un espectro de votantes del PPdeG –como bien explicó Fermín Bouza-Brey en “El País” y defiendo yo con ahínco en este portal- es nacionalista y ese sector social no se ve reflejado en votos desde que Beiras llevase al BNG a sus mejores resultados históricos. Las oportunidades se van terminando. La escisión es posible. Años después, Beiras sigue teniendo un respeto y un aprecio que ya quisieran muchos otros dirigentes del BNG. Este fin de semana el BNG deberá decidir entre ser un partido de posible gobierno o simplemente aspirar a ser una formación de varias decenas de alcaldes de notable gestión.