El binomio Salario y Vivienda

Carlos Montbau

Como trabajador de la administración pública local y en el ámbito de lo social hace ya unos años que veo con horror la cronificación de la pobreza en colectivos cada vez más amplios, incluidas aquellas personas que se encuentran en una situación laboral activa.

Muchas de estas personas que viven en situaciones de extrema precariedad económica te relatan con enorme angustia coóo su salario no les permite mantener el pago de una vivienda de alquiler y los gastos propios de una vida de adulto. Deben ser socorridas por entidades del tercer sector como pueden ser Caritas o Cruz Roja y/o “bonos variados económicos” de la administración económica: becas comedor; ayuda para el pago del alquiler y alguna otra. Lo que conlleva que confundamos derechos subjetivos (valiente fue la ley de Servicios Sociales de la Generalitat de Catalunya hace ya más de una década), con políticas caritativas y de paliativos.

Desde hace años los Ayuntamientos tienen abiertos programas de Planes de Ocupación que consisten en hacer contrataciones laborales para realizar tareas de carácter comunitario en la ciudad. Durante este año los ciudadanos reaprenden y/o profundizan sus hábitos socio-laborales. En algunos casos son la única opción para que determinados colectivos tengan posibilidades reales de firmar un contrato laboral.

En los últimos años estas contrataciones se alargan a un año en muchos casos y con un salario de 1000 euros brutos. Un esfuerzo notable por la administración pública local, la peor financiada de todos los estamentos públicos. No obstante, estos 1000 euros se me antojan insuficientes si esta persona vive en una gran urbe del Área Metropolitana de Barcelona, dónde encontrar un alquiler por debajo de los 600 euros resulta altamente complicado. Y este frágil equilibrio aún puede empeorar si esta persona no forma parte de la convencionalidad familiar. Es decir, pobre de ella o de él si es familia monoparental o familia numerosa o familia extensa. Esta nómina no le llegará para pagar lo básico. Y lo que encabrona de esta situación es la falta de visibilidad pública de estas situaciones y la aceptación en grandes capas sociales de lo inevitable de la situación. Y aún es más duro comprobar cómo incluso una parte de los damnificados de esta estafa social se resignan a su suerte. Y aceptan recoger las migajas sociales que les concedemos.

Delante de una realidad que golpea en lo más básico de la existencia, este binomio salario/vivienda debe tener un claro control por parte de los estamentos públicos porque si no, lo que estamos provocando es asumir económicamente la dejación del sector privado. Las empresas deben pagar salarios dignos para que la administración pública no deba completar esta falta de ingresos con prestaciones, subsidios o ayudas sociales. Y de una verdadera vez, la administración pública debe de asumir el control de gran parte del parque de vivienda. El resto de medidas sociales, siendo muy importantes, son un brindis al sol.

Los estragos psicológicos que vamos a generar si no ponemos remedio a este binomio van a ser muy altos. Enormes frustraciones ante la imposibilidad de acceder a lo más básico mientras los estímulos que nos perforan continuamente nuestros sentidos van en la dirección de consumir compulsivamente. Y las frustraciones sociales tienen resultados funestos para las sociedades. Creo que los últimos resultados electorales en diversos lugares del planeta así lo confirman. Así que sean valientes nuestros partidos políticos, casi que no diría los de izquierdas, sino partidos con “sentido común” (se permiten risas enlatadas), y pónganse en la labor de repartir más y mejor los recursos porque como sigamos por el camino de la acumulación por desposesión vamos a ver cosas que nunca hubiéramos imaginado en países de nuestro entorno más inmediato, incluido en el que nos encontramos.

2 pensamientos en “El binomio Salario y Vivienda

  1. Muchas gracias por el artículo. El binomio está para todo, empiezan a perfilarse los que tenemos trabajo y los que no lo tienen o lo tienen a ratos.

  2. Una de las consignas más repetidas en los ochenta era « si no hay solución , habrá revolución » .
    Ni lo uno uno ni lo otro . ¿ Cómo es posible ?
    Porque el problema se había planteado mal.
    El problema no tenía solución sino conllevanza. Hay problemas y diversas soluciones en grados diferentes.
    Esto es algo que no termina de entender ni Podemos ni la Leocadia que dirige el frenopáticot ico madrileño .

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