El banco malo

LBNL

Siento no ocuparme de Cataluña, de las manifestaciones anti-política, incluida su represión y los posibles planes para limitarlas, de la subida del paro o de los rumores de que Rajoy estaría ya finalmente decidido a pedir el rescate aunque Merkel sigue presionándole para que lo retrase. Pero es que hoy es el día en que, por fin, el Ministro Guindos va a desvelar en el Congreso las características del “banco malo”, asunto trascendental por varios motivos.

Seguramente habrá quienes no sepan bien en qué consiste esto del banco malo. No es de extrañar. A menudo se menciona pero casi nunca explican en qué consiste, más allá de que va a servir para rescatar a los bancos y así pueda volver a fluir el crédito. Pero entonces, no seria más bien un banco bueno? Especialmente teniendo en cuenta que los demás, los que va a rescatar, son bastante malos?

Lo son: pérfidos y negligentes. En lo único en que son buenos es a la hora de enriquecer a sus ejecutivos y generalmente también a sus accionistas, aunque no siempre. En cambio, no son buenos con sus clientes. Les dejamos nuestro dinero en depósito a cambio de una mínima retribución, muy inferior a lo que nos cobran por servicios de todo tipo (algunos impuestos como los seguros de vida asociados a las hipotecas, no vaya a ser que el banco pierda si nos pasa algo). Y se forran prestándonos el dinero de otros a un tipo de interés mucho mayor. Pero ni siquiera eso: se han arruinado, de ahí lo de negligentes.

En fin, los bancos son necesarios, en efecto, para que fluya el crédito y pueda crecer la economía. Ahora bien, en ocasiones –como esta- sus desmanes a la hora de conceder préstamos, nos arruinan a todos porque, en últimas, el Estado sale a su rescate con el dinero de todos.

En eso consiste el “banco malo”. Guindos explicará hoy los detalles pero el grueso ya se conoce: el nuevo banco, público por supuesto, se quedará con todos los préstamos malos (ya morosos o susceptibles de serlo pronto) asociados al ladrillo. Es importante subrayar que la mayor parte de los préstamos que absorberá el banco malo, tanto en número como en volumen, proviene de operaciones con suelo y/o promotores inmobiliarios. ¿Por qué? Sencillamente porque pese al aumento del paro, las subidas de impuestos y las rebajas salariales, los particulares se dejan la vida y recortan de donde sea para seguir pagando las cuotas hipotecarias; todo con tal de no perder la casa. Aún así, desde 2007 (incluido) los juzgados han tramitado ya casi 400.000 ejecuciones hipotecarias. Afortunadamente el número de desahucios es bastante más bajo. De una parte, la ejecución da oportunidad para pagar la deuda y, como ya se ha dicho, la gente saca de donde no tiene. De otra, las garantías legales (cada vez menores) y la lentitud de los juzgados, retrasa el desahucio si no se paga.

Los particulares no disfrutamos de la posibilidad de recurrir a la dación en pago: aunque perdamos la casa, seguiremos debiéndole la totalidad del préstamo al banco. En principio los promotores tampoco pero, en la práctica, si se les permite recurrir a ella. Como se sabe, si debes mil euros al banco, tienes un problema, pero si le debes cien millones, es el banco quien tiene un problema. Cuando el promotor quiebra el banco prefiere poder disponer del suelo y las casas sin vender por varias razones, incluido evitar tener que sacarlas a subasta inmediatamente y venderlas por una miseria, esperando que amaine el temporal. Así que el promotor, que en ocasiones no arriesgó apenas nada de su capital propio porque toda la operación era a crédito (a veces hasta la compra del suelo), se va de rositas o casi.

Los particulares no. Y sin embargo, con toda probabilidad el banco malo no absorberá los créditos hipotecarios “malos” de los particulares debido a que, se arguye, son demasiados y demasiado pequeños por lo que la gestión del banco malo sería demasiado compleja e ineficiente.

Así que el banco malo absorberá sólo los grandes préstamos hipotecarios que ya sabemos nunca se van a poder cobrar al valor que se preveía cuando se dieron, para limpiar los balances de las entidades financieras que se dejaron llevar por la codicia y la imprudencia y se arruinaron en el intento, ofreciendo hipotecas a tutiplén y trampeando con las normas que les obligaban a limitar los riesgos: elevación artificial de la tasación del inmueble y aceptación de avales cruzados entre prestatarios cuya solvencia no era creíble por sí solos, por poner sólo dos ejemplos. En otras palabras, el banco malo viene a rescatar a los hipotecarios, que no a los hipotecados.

No hay otra opción, argumentará sin duda mañana Guindos. Y además, se recuperará el dinero porque profesionales de primera fila se ocuparán de sacar al mercado el suelo y las promociones traspasadas al banco malo y, en menos de 15 años, el Estado (a través del FROP) habrá recuperado lo “invertido”, quizás con beneficios. Además, el traspaso de los créditos hipotecarios se realizará a un valor inferior al original. Cierto. Los bancos ya fueron obligados por Guindos a provisionar un porcentaje mayor de los créditos “malos” y seguramente ahora serán absorbidos con una quita adicional. Es decir, si el banco X firmó un préstamo con el promotor Y por valor de digamos 1.000 millones, ahora ya figura en su balance con un valor inferior por la provisión impuesta y será absorbido por el banco malo a cambio de una inyección de capital inferior a ese valor.

Menos mal pero no es cierto que no haya otras opciones. La más elemental sería inyectar capital a cambio de participación en el accionariado, es decir, nacionalizar la parte proporcional de la propiedad del banco. Así, el Estado recibiría una parte de lo que los bancos saneados con dinero público ganen en el futuro. Algo parecido se ha hecho en Bankia pero no del todo.

Otra opción: por qué no rescatar en paralelo a los hipotecados? Dado que en vez de absorber los créditos malos y los créditos buenos vamos a dejar que los bancos se queden con estos últimos, por qué no imponerles condiciones a su gestión que repartan algo de justicia y además sirvan para acelerar la recuperación económica? Por ejemplo, cabe pensar en limitar el montante de las cuotas hipotecarias de los particulares durante los tres próximos años a un máximo del 20% de los ingresos de cada hogar que no sobrepase los 3.000 euros. El banco asumiría la rebaja temporal a cambio de ver limpio su balance. Es perfectamente asumible en términos económicos: se estima que la rebaja no supondría más de un 5% del total de la cartera hipotecaria “sana” incluyendo capital e intereses. Se acabarían las ejecuciones hipotecarias y desahucios durante un tiempo y, además, la renta disponible liberada supondría una inyección al consumo bastante sustancial dado que al tratarse de hogares de renta limitada que en general no pueden permitirse ahorrar.

Así que, además de justo, sería eficiente. Como lo habría sido intervenir en Bankia 6 ó 12 meses antes haciendo oídos sordos a las reticencias de Don Rodrigo y Esperanza Aguirre. Pero no, para qué esforzarse en innovar soluciones que sin duda generarían reacciones furibundas de los poderes fácticos financieros. No. Guindos se limitará a explicar que lo que va a hacer es lo que se ha hecho en otros países, a un coste menor y con garantías de éxito superiores.

Afortunadamente ha tenido que negociarlo todo con la Comisión Europea y tendrá que seguir haciéndolo a cada paso que dé de aquí a fin de año, cuando está prevista la puesta en marcha del banco “malo”. No soy yo muy fan de las soluciones impuestas por la Troika en otros países sometidos a su dictado pero oigan, por favor que no les dejen solos ni para ir al baño.